En las sombras de la Ciudad de México de inicios del siglo XX, emerge Catalina Guzmán como si fuera un destello fotográfico: una mujer que pintó sobre imágenes y capturó el alma moderna de un México en ebullición. Con brocha y lente, iluminó rostros de las mujeres modernas y audaces, así como las fantasías de los niños, conjuntando fotografía y pintura en un legado que hasta ahora no se había mostrado.
La exhibición Catalina Guzmán. Photo Chic abrió este 22 de marzo en el Museo Nacional de San Carlos, curada por César González-Aguirre, y presenta el trabajo de esta mujer pionera de la fotografía mexicana con la intención de situarla dentro de la historia del arte mexicano y reconocer su legado.
María Amparo Catalina, nacida en Tecamachalco, Puebla, en 1892, heredó a los 22 años el estudio de fotografía familiar Photo Chic y con su hermano Jerónimo Guzmán empezó su aventura tras dedicarse a la fotografía de forma constante.
El curador comenta que esta es la primera exposición que se le dedica de forma individual a Catalina Guzmán para “que la empiecen a reconocer, que le pongan un rostro, porque tenemos un retrato maravilloso de ella, precisamente a los 22 años. Es una figura relevante, que busca estar informada de los aconteceres políticos de la época a nivel internacional y local”.
Por medio de su cámara, Catalina le dio cara a las personalidades del momento, en particular a las mujeres que se estaban abriendo paso en la vida pública de ese México: mujeres que llevan el corte de cabello arriba de la oreja al modo bob, que trabajaban en el mundo legal y las que estaban en los escenarios como bailarinas y actrices.
Guzmán también comenzó a hacer retratos de la clase política y de niños, su trabajo es bastante amplio. “Una de sus características es que, además de hacer fotografía, era iluminadora, es decir, pintaba a mano algunos de los retratos para darles un toque mucho más personal y artístico. Ella misma firmaba de su puño y letra estas fotografías que conjugaba con la pintura, lo cual nos habla de que ella se asumía como artista, diferenciándose de la labor de muchos estudios fotográficos de la época”.
La exposición está estructurada en núcleos que el curador resume en las siguientes preguntas ¿cómo era un estudio fotográfico?, ¿cuál era la voz de Catalina y cuál era el trabajo que sucedía entre ambos?
El discurso chic es otro núcleo, que habla sobre el corpus del discurso latente en el estudio de Catalina Guzmán. Uno más es sobre retratos masculinos, que se refiere al trabajo que desempeñaba su hermano. El último núcleo está enfocado en el universo infantil, dedicado a esa parte humana llena de fantasía.
¿Catalina intervenía las fotos?
Es una intervención artística. Ella fue formada por dos figuras fundamentales en su vida: sus papás, Luis G. Guzmán, fotógrafo, y María de Jesús Flores, su madre, quien también era fotógrafa y posiblemente de ella aprendió el oficio de iluminadora.
En esa época, la educación fotográfica tenía prácticamente tres posibilidades: la aprendías por linaje familiar, viajando a Europa y aplicando lo aprendido en México, o quizá en las academias de artes y oficios. Aunque había otros iluminadores de fotografía en el momento, es en el estudio de los Guzmán donde vemos que el color juega un papel fundamental y esto es parte de su identidad.
¿Por qué hasta ahora se le reconoce?
Yo conocí el trabajo de Catalina Guzmán en 2015, en una exposición dedicada a los estudios fotográficos de Ciudad de México que hicimos en el Palacio de Bellas Artes, curada por el historiador José Antonio Rodríguez. En esa exposición me involucré como investigador y coordinador, buscaba poner sobre la mesa algunos de los estudios que conformaron este capítulo de la historia mexicana de la fotografía.
"Uno de ellos era Photo Chic, del cual incluimos tres fotos, pero no sabíamos a profundidad lo que había pasado, quiénes eran los fotógrafos. Resulta que Photo Chic fue un negocio familiar donde estaban involucrados Luis G. Guzmán, María de Jesús Flores, Catalina Guzmán y Jerónimo Guzmán. En este caso decidimos enfocarnos en la voz de Catalina porque la prensa de la época la define como “el alma de Photo Chic”. Ella heredó el fotoestudio a los 22 años, y pese a que son historias difíciles de reconstruir, recurrí a las fuentes primarias de investigación, a tocar puertas con los coleccionistas privados, con las fundaciones. Esa es la parte entretenida de una labor de investigación, y este es un primer paso certero para que la historia de Catalina Guzmán se quede en la historia de la fotografía, y su cara y su nombre se conozcan".
¿Qué líneas has descubierto de su mirada como fotógrafa?
Podemos ver dos casos particulares. Uno de los rasgos distintivos fotográficos de cualquier estudio de esa época era el uso de los telones pintados a mano como fondos para crear atmósferas para los retratos. Sin embargo, encontramos dos fotografías en las que Catalina decidió que el fondo fuera neutro. ¿Por qué? Porque lo que buscaba como protagonista de la imagen era la psicología de las retratadas, y esto la coloca un paso adelante de otras creadoras y creadores que se centraron más en otros aspectos. Esto es un rasgo bastante moderno para la época y en él vemos que es un sello de la autora.
BSMM