Entre hilos, memorias y un vestido nuevo, Nxutsi espera por los muertos

En Taxadhó, una pequeña muñeca es cada temporada el maniquí de las artesanas que mantienen vivo el bordado hñähñú, el trabajo con ixtle y una tradición que se cuenta con las manos.

Nxutsi recibirá a las almas con un vestido hecho de hilo, ixtle y llena de memoria. CORTESÍA
Pachuca /
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Cuando se acerca el Día de Muertos, en Taxadhó hay una pequeña habitante de la Casa de la Artesana que también comienza a prepararse. Se llama Nxutsi y, aunque permanece quieta, para contar una historia distinta. Esta vez llevará sobre el cuerpo los colores, bordados y detalles de una de las celebraciones más arraigadas del Valle del Mezquital.

Su vestido no es solamente una prenda. Sobre la muñeca quedan reunidas las horas que las artesanas pasan frente y las fibras del maguey. Cada bordado, cada pieza de ixtle y cada detalle que termina sobre su cuerpo sirve para mostrar lo que las mujeres de Taxadhó han aprendido de otras mujeres de la región.

Nxutsi llegó hace algunos años a la Casa de la Artesana como una donación de Alejandra Leal, quien entonces había presidido el comité del espacio. Con el tiempo dejó de ser simplemente unzó a cumplir otra función: convertirse en el maniquí sobre el que las artesanas muestran sus trabajos artesanales.

Durante el año puede vestir distintos diseños. Sobre ella aparecen bordados tradicionales, prendas, piezas de tes de ixtle. Cuando llega una temporada especial, también cambia de atuendo. Para Día de Muertos, el cambio tiene otro significado.

Mientras en las casas del Valle del Mezquital las familias preparan las ofrendas para recibir a quienes ya partieron, lnas preparan a Nxutsi. La muñeca termina representando, con los textiles que lleva, una parte de la memoria de la comunidad.

Su nombre significa “niña”. A su lado está Metsi, cuyo nombre significa “niño” en ñañú. Ambos representan el trabajo cvo y una forma de organización comunitaria basada en los usos y costumbres de los pueblos originarios del Valle del Mezquital.

Nueva prenda, nueva historia

La Casa de la Artesana está a cargo de un comité presidido por Maurilia Pérez Martín, mientras que la Asociación de Artesos de Taxadhó reúne a 45 integrantes y es encabezada por el profesor en Lengua Indígena Diego Armando Pérez Otero.

Pero la historia de Nxutsi no comienza cuando alguien toma la aguja. Antes hay que trabajar el maguey. Para obtener el ixtle, las pencas son machacadas y talladas hasta retirar la parte exterior y llegar a la fibra. Después viene el lavado, el secado y el cepillado.

Solo entonces ese material puede transformarse en ayates, accesorios, utensilios y piezas textiles. Con el bordado ocurre algo parecido. Una tira decorativa puede requerir entre dos y tres días de trabajo antes de incorporarse a una prenda. En la técnica de pepenado al hilván, los hilos van formando figuras y patrones relacionados con la flora, la fauna y la cosmovisión del Mezquital.

Por eso, cada vez que Nxutsi estrena vestido, también estrena una historia. La celebración que lleva puesta tampoco es ajena a esa memoria. Para el pueblo hñähñú, la muerte ha sido entendida tradicionalmente como un tránsito y existe la creencia de que durante estas fechas los difuntos regresan para visitar a sus familias y volver a compartir.

En las casas aparecen las ofrendas con alimentos y bebidas que gustaban a quienes murieron, junto con veladoras, fotografías, flores y copal. Los pétalos de la flor de cempasúchil pueden convertirse en un camino simbólico para conducir a las ánimas hasta sus hogares.

En Ixmiquilpan, el 2 de noviembre las familias acuden también a los panteones, adornan las tumbas con flores y comparten alimentos. El aroma del copal y el color del cempasúchil terminan mezclándose con los recuerdos.

Nxutsi no puede hacer ese recorrido. No puede caminar entre los pétalos ni sentarse frente a una ofrenda, pero lleva encima algo que también forma parte de esa memoria: las manos de quienes la vistieron. Cada puntada representa tiempo. También concentración, desgaste de la vista y días de trabajo. Por eso, las artesanas de Taxadhó buscan que quienes compran sus piezas entiendan que su valor no está solamente en el hilo, la fibra o el material utilizado, sino en el conocimiento necesario para convertirlos en una pieza terminada.

Uno de sus principales llamados es dejar atrás el regateo. Cada trabajo representa el sustento de numerosas familias, pero también mantiene vigente un conocimiento que ha pasado de generación en generación.

En la Casa de la Artesana se realizan talleres de bordado tradicional, elaboración de ayate y trabajo con ixtle. También hay actividades relacionadas con la preservación de la lengua hñähñú y, los viernes, clases gratuitas de esta lengua para habitantes de las comunidades del Valle del Mezquital.

Porque una tradición no sobrevive solamente dentro de una vitrina, va más allá de eso. Sobrevive cuando alguien vuelve a hablar la lengua de sus abuelos, cuando aprende a extraer el ixtle, cuando una madre enseña un bordado, cuando una artesana reconoce un diseño y cuando una niña aprende que detrás de una prenda hay una historia. Por eso Nxutsi importa.

  • Equipo MILENIO

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