S. Ale Vázquez cuestiona las imposiciones sociales en 'Hesperia': "Cada uno es dueño de su propio destino"

La autora explica a MILENIO cómo construyó un universo fantástico que entrelaza creencias, disputas de poder y la búsqueda de identidad.

La escritora S. Ale Vázquez. | Foto: Instagram @effipeonia/@harmonypicsmx
Ciudad de México /
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"Cada uno es dueño de su propio destino", dice S. Ale Vázquez sobre la esencia que buscó impregnar en Hesperia: Balada de flores y dioses, novela en la que construye un universo de dioses, ceremonias, disputas políticas, relaciones amorosas y ofrendas de piedra. 

Detrás de la fantasía, la escritora e ilustradora mexicana plantea hasta qué punto las personas pueden decidir sobre sí mismas cuando la sociedad, familia o religión establecen los "sistemas de valores que nos dicta qué está bien y qué está mal".

"Muchas veces vemos mermadas nuestras metas, nuestros gustos por influencia de la sociedad, de nuestros padres", explica en entrevista con MILENIO. Y añade que, en el caso de nuestro país, la influencia religiosa puede convertirse en un freno para quienes pertenecen a la comunidad LGBT o desean dedicarse a actividades que distan de lo convencional.
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Estas tensiones aparecen en la obra, publicada por Alfaguara, mediante Jaspe, príncipe que llega a la ciudad costera de Hesperia tras perder su reino: "¿Qué es él si no tiene su reino, si no tiene una corona, si nadie realmente le hace caso para considerarse alguien importante?".

La fe, entre la necesidad y el poder

En Hesperia, la religión ocupa un lugar central, pues determina las relaciones entre habitantes y estructuras de autoridad. Para construir esta mitología, Vázquez, además de observar el comportamiento de personas religiosas, investigó la cosmovisión prehispánica, particularmente a dioses como Xipe Tótec.

"Me interesa mucho más el lado de cómo viven la fe las personas, por qué creen en los dioses, qué es lo que les mueve a creer en Dios", señala.

Considera la fe como una necesidad humana que no necesariamente implica seguir una religión, pues puede surgir ante una enfermedad, una pérdida o cualquier otra situación difícil.

"Incluso las personas que a lo mejor no somos creyentes o son agnósticos siempre creen en algo. No necesariamente en un dios, puede ser en una persona, en sí mismo o en una esperanza", reflexiona.

La Iglesia aparece como una autoridad con que dicta los designios de la metrópoli, lo que permite explorar cómo las instituciones pueden utilizar su influencia sin procurar el bienestar.

"Muchas veces el poder no vela por el bien de la sociedad", advierte la autora, quien no se considera una creyente.

La portada del libro. |Especial

Encontrar un camino

Antes de establecer el enramado de Hesperia, Vázquez imaginó a los personajes: sus apariencias, personalidades y relaciones. Después, les permitió adquirir  cierta independencia.

"Muchas veces tengo pensado un diálogo para cierto personaje, pero de repente ya no suena como él", cuenta; en esos casos, modifica el rumbo para respetar la personalidad que ha desarrollado.

Compara su proceso con conducir por una carretera durante la noche, mientras suena Florence and the Machine de fondo: "Vas viendo el camino poco a poco". 

En ese camino también aparece el amor, a través de un romance LGBTQ+. Y ante la duda de cómo define este sentimiento, Vázquez responde: desinteresado.

"Cuando tú quieres a una persona, independientemente de si es una relación romántica o amistosa, siempre vas a hacer actos desinteresados para ayudar a esta persona", detalla.

El arte como una forma de crítica

Escribir, para Vázquez, implica enfrentar sus propias inseguridades, porque no siempre logra trasladar al papel lo que imagina y prefiere detenerse antes que forzarse. 

"Muchas veces me obligo a escribir y otras veces simplemente lo dejo por la paz", admite.

De sus lectores, le interesa recibir sus distintas interpretaciones, tanto las favorables como las críticas: "Incluso si no les gustó algo, siempre estoy tomando esas opiniones para continuar creciendo".

Ante el avance actual de posiciones políticas que cuestionan derechos de las mujeres y de la comunidad LGBT, considera que el arte conserva una función crítica.

"Creo que es bastante complicado que todo el mundo, toda la sociedad, cambie tan de repente, pero con que una persona haga la diferencia o se cuestione cosas, ahí está lo que me da esperanza. Saber que después puede haber más".

Ale finaliza revelando que ya trabaja en otra novela LGBT, protagonizada por dos jóvenes y ambientada en Chiapas. 


  • Yair Hernández
  • juan.hernandez@milenio.com
  • Es periodista especializado en temas de cultura y entretenimiento. Actualmente trabaja como reportero para Milenio.

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