“Toda forma de expresión tiene que ver con política. Puede ser consciente o no. La vida es política. El arte es político”, decía Sarah Minter (Puebla, 1953), fallecida el jueves 7 de abril a quien, por encima de todo y como verdadera artista, le importaban la libertad y el lenguaje. Videoasta pionera de los ochenta, se le conoció por su filme iniciático, Nadie es inocente (1987), donde retrata el Neza de los chavos de la banda Los Mierdas Punk. Ganadora de todos los premios imaginables, Minter comenzó en los setenta haciendo publicidad para migrar luego al audiovisual cultural en los ochenta. Siempre habló de su búsqueda de libertad. Cuando Valentina Montero y Linda Valdés la entrevistaron, hace cuatro años, dijo no tener referencias mexicanas cuando comenzó: “Yo había viajado. Me empezó a meter al video no tanto un formato nuevo sino la libertad. Quería ser independiente. No había infraestructura para pedir fondos y hacer cine”.
A México llegaron curadores extranjeros interesados en el trabajo experimental de Minter. Solo le importaba el lenguaje, que sus personajes se sintieran identificados con lo que ella proponía. No la tecnología, no el relato lineal. Sí entreverar géneros y tiempos. Grabó películas en 16 mm sobre el viaje. En Arcoiris y Video Road todo es movimiento. Vivió el rechazo de los cineastas al video. Nadie imaginaba la importancia que éste tendría. Pionera lo fue, y también artista. Obtuvo el premio del Primer Festival de Video de México, organizado por Rafael Corkidi, con Nadie es inocente (1987). “Luego vinieron los americanos y querían una versión más larga”, contó. Por eso hay dos, de una hora y media la primera, inencontrable, ni ella la había vuelto a ver, y otra de una hora. Fue vista en innumerables festivales underground de México y el extranjero. El interés por el punk renació veinte años después. Allá fue Minter a buscar a sus protagonistas, ya cuarentones, varios fallecidos. Como se lee en los créditos de Nadie es inocente. Veinte años después (2010), los participantes nacieron en Ciudad Neza, pertenecieron a Los Mierdas Punk y protagonizaron la primera Nadie es inocente.
En noviembre de 2013 quise hablar con Sarah Minter. No se pudo pero hablé largamente con Pablo El Podrido Hernández, ex miembro de la banda con quien más contacto mantuvo Minter. Para él, y me asombró oírlo después de haber escuchado meses a la gente de Neza, la mala fama de violencia de Neza es falsa: “La violencia es parte de la vida, ocurre en todas partes”. Los punks son anti–todo y él lo fue toda su juventud. Ahora le parece mal que los Sex Pistols hayan venido a México “con la onda de la autodestrucción”. Ha visto demasiado. Me muestra flyers de los conciertos, fotocopias de portadas de discos hard core, ejemplares de revistas antiguas. Colecciona todo lo que tenga que ver con el Movimiento Punk del que formó parte. Muestra murales grafiteros: los del Panteón Municipal, los suyos. Es un artista. Y muy bueno. La obra de Sarah Minter queda ahí atestiguando la búsqueda artística de Pablo y sus amigos de Neza. Pablo vive en una casa de asbesto que le costó menos de cien pesos. No le afecta, continuará recogiendo la memoria del punk neza de los ochenta. Descanse en paz Sarah Minter.