En un trayecto de 45 minutos desde la capital poblana se pueden apreciar paisajes, árboles frutales y campos de maíz, los cuales remiten a los pueblos mesoamericanos que se asentaron en la región que conecta a Cholula con San Nicolás de los Ranchos; éste último municipio se mantiene vigilante ante la actividad del volcán Popocatépetl, sin embargo, en esta ocasión, el material incandescente no es lo que inquieta a los pobladores, sino aquellos “demonios” que se liberaron en sus calles previo a la celebración de la Semana Santa.
“El Carnaval de San Nicolás de los Ranchos es una festividad que se celebra antes de la Cuaresma y que permite divertirse. Aquí tenemos al xinacate, el cual se oculta en una máscara y sale con el cuerpo bañado en aceite y carbón (...) En cuanto a esta festividad, a diferencia de las demás de la región, es peculiar y data históricamente de una mezcolanza desde la Conquista. Por ello, las raíces prehispánicas siguen latentes en nuestra comunidad, en la misma cosmogonía de nuestros volcanes, en nuestra cercanía con el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, pues aún se les rinden culto”, dijo Fernando Tlapanco Santuario, director de Desarrollo Social y Cultura municipal.
De esta forma, las cenizas de Don Goyo que llegan a cubrir a la región tienen otro valor en San Nicolás en cuanto a la aparición de cierto personaje. Su estudio forma parte de una labor de rescate y documentación, ya que la tradición oral de sus habitantes más antiguos y su herencia es la principal fuente de conocimiento sobre dicha fiesta y actor.
“El 80 por ciento de la comunidad primero visita al Señor de Chalma, como acto de devoción antes del Carnaval. Los pobladores regresan y, sin lugar a dudas, lo más importante de esta celebración son los huehues, los zacapoaxtlas, turcos, etcétera, los cuales buscan divertirse a través de la máscara. Este elemento lleva un simbolismo, el disfrazarse brinda la emoción de la fiesta. Puedes bailar y festejar con esta máscara, la diversión se da a plenitud. Disfrutar la fiesta a través de la máscara”.
No obstante, en esta temporada de fiesta, el júbilo se desborda y en las calles pueden observarse niños, jóvenes y adultos con el cuerpo color negro, oro, plata, azul, incluso, rojo, ocultos con máscaras de lucha libre, mientras sostienen cadenas o la cuarta, con la cual “llaman al trueno”.
Se trata de los xinacates de San Nicolás de los Ranchos, “o los pintados, donde los jóvenes y niños se disfrazan”, señaló el funcionario, quien expuso que el xinacate original “se lograba raspándole el tizne al comal de barro; eso se impregnaba al cuerpo. De ahí viene el término tiznado. Luego se untaban manteca, pero al paso del tiempo, esto cambió. Antes, la máscara era de tela y solo se perforaban la boca, los ojos, y la nariz. En la cabeza llevaban un bonete. Ahora los xinacates usan otras cosas, cambiaron las máscaras. Ahora se untan el carbón y aceite vegetal”.
Sin embargo, en medio de esta fiesta, donde señaló Tlapanco que imperan los usos y costumbres, las danzas de los xinacates no solo buscan divertir, pues en su algarabía toman la cuarta y la azotan sobre las calles para llamar al trueno, es decir, “piden a la naturaleza por las buenas cosechas, por el maíz, por las lluvias, les piden a las deidades por la abundancia”.
De esta forma, en las calles de San Nicolás, durante los próximos dos fines de semana, los xinacates saldrán y atemorizarán a la gente. En este primer domingo, por la comunidad se apreció a los más pequeños practicando el trueno con la cuarta, otros salieron a danzar bañados en plata y negro, mientras que los más adultos recordaron cuando fueron los demonios sueltos a las faldas del volcán y esperan que la tradición continúe mientras el Popocatépetl lo permita, finalizó Tlapanco.
(Con información de Raquel Toribio)
ARP