• Sin vibranium ni los millones de Tony Stark, lagunero crea piezas y armaduras épicas de cosplay

  • Para Edmundo Rafael Castro, la mayor recompensa no está solamente en terminar una pieza, sino en lograr convertir en realidad la ilusión de alguien.
Torreón, Coahuila /
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M+.- En el taller de Edmundo Rafael Castro, los superpoderes no llegan por la mordedura de una araña radiactiva, tampoco nacen en Krypton ni necesitan de una fortuna como la de Bruce Wayne.

Aquí todo puede comenzar con algo mucho más sencillo: una lámina de foami, ese material sintético ligero, flexible y fácil de cortar, parecido a una espuma compacta. Se comercializa en láminas de distintos grosores, colores y densidades y, al aplicarle calor, puede moldearse para crear curvas, relieves y volúmenes.

Después aparecen un cúter, pegamento, lijas, un mototool (instrumento eléctrico portátil y compacto que gira a muy alta velocidad para realizar trabajos de precisión, como cortar, lijar, pulir, grabar y desbastar), calor y muchas horas de paciencia.

Poco a poco, aquel material plano comienza a doblarse, adquirir volumen y cubrirse de detalles hasta que deja de parecer una manualidad.

Puede terminar convertido en la máscara de Batman. En una pieza de la armadura de Iron Man. En la protección dorada de Tauro o en la armadura de Pegaso de Los Caballeros del Zodiaco.

Incluso en una enorme espada que parece haber salido directamente de Genshin Impact.

Y entonces ocurre la transformación que busca todo cosplay: durante unas horas, quien se coloca la armadura puede dejar de parecerse a sí mismo y convertirse en el personaje que admira.

Eso es precisamente lo que Edmundo construye en Torreón.

Ha creado piezas inspiradas en anime, cómics, películas y videojuegos. | Cortesía de Edmundo Rafael Castro

El origen de Edmundo en el mundo del cosplay

La historia comenzó lejos de cualquier convención. En una cancha de básquetbol.

Edmundo, originario de Torreón, Coahuila, sufrió una lesión en la rodilla que lo obligó a detenerse durante un tiempo.

Pero ya llevaba años mirando hacia otros universos. Le gustaban el anime, el manga, los cómics y los superhéroes. También frecuentaba convenciones donde observaba los trabajos realizados por cosplayers mexicanos, estadounidenses y europeos.

Veía sus armaduras. Sus cascos. Sus armas. Y comenzó a preguntarse algo: "¿Cómo las hacen?"

“Desde siempre me ha gustado el anime, el manga, los cómics y los superhéroes. Iba a convenciones, pero empecé de lleno cuando me lesioné la rodilla jugando básquetbol. Veía a cosplayers nacionales, americanos y europeos que hacían armaduras y armas, y eso me motivó a investigar y empezar a crear las mías”, relata.

Su primera incursión fue modesta. Muy modesta. Una capucha de Batman hecha con un foami demasiado delgado.

No era todavía el nivel de detalle que conseguiría después, pero aquella pieza abrió la puerta.

Edmundo descubrió posteriormente la goma EVA, mejor conocida como foami.

Entonces comenzó a aprender. Tutorial tras tutorial. Video tras video.

También encontró programas que permiten diseñar y elaborar moldes para después trasladarlos al material.

Lo que inicialmente era una curiosidad comenzó a transformarse en oficio.

Aprendió técnicas mediante tutoriales de YouTube y moldes digitales. | Cortesía de Edmundo Rafael Castro

De una lámina plana a una armadura

La magia del cosplay ocurre en milímetros. Edmundo puede comenzar frente a varios pedazos de goma EVA completamente planos.

Primero coloca los moldes. Después corta cada pieza manualmente con un cúter. Las rebaja. Las lija. Corrige los bordes con el mototool.

Y entonces comienza la parte más complicada: conseguir que aquello que existe en dos dimensiones termine teniendo volumen.

Una curva mal hecha puede romper la ilusión. Una unión desigual puede notarse cuando alguien se coloca la armadura. Un detalle diminuto puede significar horas adicionales de trabajo.

“Está la atención a los detalles. Hay veces que hay detallitos que nada más uno sabe que ahí están y la gente a primera vista no los capta”, explica.

Pero él sabe que están ahí. Y por eso los hace.

“El tiempo está en cortar todo a mano con el cúter, después rebajarlo con el mototool o lija e ir dando forma tridimensional a algo que ves como puros recortes en 2D”.

Hasta que los recortes dejan de ser recortes. Y aparece el personaje.

Las armaduras más complejas pueden tomarle hasta un mes de elaboración. | Cortesía de Edmundo Rafael Castro

Batman fue primero; después llegaron los encargos

Edmundo comenzó haciendo piezas para él. Después empezó a mostrar fotografías de sus trabajos a amigos mediante WhatsApp y Facebook.

Y ocurrió algo. La gente comenzó a pedirle cosas. Entre los primeros encargos estuvieron piezas inspiradas en Iron Man y Capitán América.

Con el tiempo, los pedidos crecieron y hoy muchos llegan mediante mensajes directos en redes sociales o WhatsApp.

Pero fabricar un arma de fantasía no significa simplemente copiar sus dimensiones.

Ahí comienza otro pequeño problema del cosplay: los cuerpos reales no siempre tienen las proporciones de los personajes de videojuegos o anime.

Una espada que dentro de un videojuego mide metro y medio puede resultar absurda si quien la encargó tiene prácticamente esa misma estatura.

Así que Edmundo adapta.

“Cuando se trata de espadas, pistolas o accesorios para armaduras, les digo de qué tamaño vendría siendo en la vida real lo que me están pidiendo y a veces hay que hacerlo acorde a la persona”, explica.

El objetivo es conservar la ilusión. Que cuando el cosplayer tome el arma, la relación entre su cuerpo y la pieza se parezca a la del personaje original.

“Hay veces que me piden espadas que supuestamente en la vida real miden 1.50 metros y, pues, no se la voy a hacer de ese tamaño a una persona que mide eso. Se hace acorde con su estatura para que se vea como en el juego”.

Con algunas armaduras basta recibir las medidas a distancia. Edmundo explica a sus clientes cómo tomarlas y comienza a trabajar.

Pero existen otras que no permiten margen de error. Por ejemplo, las de Los Caballeros del Zodiaco.

“Hay otras más complejas, como las de los Caballeros del Zodiaco, que sí necesito medirlos en persona”.

Fabrica espadas, cascos, armas y accesorios para cosplay. | Cortesía de Edmundo Rafael Castro

36 horas para crear una espada

Hay armas que en un videojuego aparecen durante segundos en pantalla. Construirlas en el mundo real puede tomar días.

Las espadas inspiradas en Genshin Impact, por ejemplo, se encuentran entre los trabajos que más paciencia le exigen.

Por la cantidad de detalles, Edmundo calcula que cada una puede representar alrededor de 36 horas efectivas de trabajo.

No consecutivas. Cinco horas un día. Tres al siguiente. Otras tantas después. Hasta completar cada relieve, curva y ornamento.

“Esas espadas, yo creo que en tiempo laborado, me llevan unas 36 horas. No seguidas, pero de ésas de cinco horas un día, tres otro día y así”, explica.

Por eso los tiempos de entrega dependen del nivel de dificultad. Una pieza relativamente sencilla puede estar terminada en dos o tres días.

Para trabajos más elaborados suele pedir entre 10 y 15. Una armadura completa puede requerir un mes.

“Si es algo que requiere paciencia, más tratándose del momento de pegar todas las piezas para que se vea uniforme y no queden desiguales, especialmente cuando tienen formas curvas, lleva más tiempo”.

Porque en el cosplay una armadura puede ser ficticia. Pero una curva mal pegada es completamente real.

De Batman a los Caballeros del Zodiaco

Entre todas las piezas que han pasado por sus manos, hay algunas que Edmundo recuerda especialmente.

Una fue una armadura de las Hermanas de Batalla, guerreras del universo de Warhammer 40,000, que fabricó para una sobrina. El trabajo requería una gran cantidad de ornamentos y pequeños detalles.

También ha construido armaduras de Pegaso y Tauro, personajes emblemáticos de Los Caballeros del Zodiaco.

Y Batman volvió a aparecer. Sólo que aquella primera capucha hecha con foami delgado quedó muy lejos. Con el tiempo, Edmundo realizó una armadura inspirada en el Batman de Batman vs. Superman.

Era la misma fascinación. Pero otra técnica.

Su prioridad es cuidar los detalles y trabajar cada pieza como si fuera para él. | Cortesía de Edmundo Rafael Castro

El verdadero superpoder está en la reacción

Para Edmundo, terminar una armadura no representa el final del proceso. Falta algo. Entregarla.

Porque entonces ocurre una transformación distinta.

La persona que durante semanas imaginó cómo se vería sosteniendo determinada espada, utilizando un casco o portando la armadura de su personaje favorito, finalmente la tiene enfrente.

Y muchas veces aparece la sorpresa. No sólo por el parecido. También por descubrir de qué está hecha.

“Se siente muy bien. Es satisfactorio ver a las personas que tienen los objetos de sus héroes de anime, de cómics o de películas, ver que les gustó tu trabajo y que te dicen que sí se parece”.

Pero hay una reacción que disfruta especialmente.

“Ver a algunos con cara de sorpresa porque no se imaginan que del foami o goma EVA puedan surgir esos trabajos”.

Ahí está, quizá, el verdadero truco detrás de todo.

Porque Edmundo no tiene una armadura multimillonaria como Iron Man. No posee los poderes de Pegaso. Ni cuenta con la tecnología de Batman.

Tiene algo mucho más terrenal: un cúter, lijas, herramientas, foami y paciencia.

Su regla es trabajar cada encargo como si fuera para él mismo y evitar hacer cualquier pieza “al ahí se va”.

Por eso, cuando alguien observa uno de sus trabajos terminados, resulta difícil imaginar cómo empezó.

Antes de convertirse en Batman, Iron Man, un Caballero del Zodiaco o un guerrero de videojuego, todo aquello fue simplemente un pedazo de foami sobre una mesa.

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  • Antonio Ramírez
  • Editor Web, formado en Comunicación por la UAdeC y forjado en el arte del periodismo. Amante del cine, los libros y las galaxias muy, muy lejanas. Busco historias para narrar con mirada poética.

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