En los últimos años, el discurso de la guerra contra el narco no solo ha dejado de ser cuestionado, sino que se ha radicalizado, afirma el periodista Oswaldo Zavala (Ciudad Juárez, 1975), quien advierte que “nos está llevando a una nueva era de militarismo”.
El fenómeno se ha acentuado con el segundo gobierno de Donald Trump en Estados Unidos, pues el mandatario ha impulsado el combate al “narcoterrorismo”, concepto con el que busca acelerar su intervencionismo en países como México.
En entrevista con MILENIO, Zavala habla sobre el panorama actual en América a partir de una nueva edición de su libro Los cárteles no existen, en el que describe el avance de políticas de seguridad que califica como “fascistas”.
Casos recientes en Venezuela y Ecuador
México, advierte Zavala, enfrenta "un asedio" de políticas de seguridad "fascistas y muy peligrosas" impulsadas por Trump, que podrían derivar en escenarios "violentos" como los registrados en Venezuela o Ecuador.
Sobre Venezuela, señala la “simulación” del llamado Cártel de los Soles, organización que el Departamento de Estado de Estados Unidos primero incluyó en su lista de grupos terroristas, calificando a Nicolás Maduro como su cabecilla, y luego rebajó a un sistema de clientelismo.
Durante su designación como organización terrorista se generó, además de la captura del presidente venezolano a principios de enero en Caracas, y su posterior traslado a una prisión en Nueva York —donde enfrenta cargos por narcotráfico y armas—, "una política de exterminio en contra de gente anónima".
"Hace unas semanas hubo otro ataque con misil a una embarcación en el Pacífico", recuerda el periodista, aludiendo a la Operación Lanza del Sur, que Estados Unidos desarrolla con un fuerte despliegue militar cerca de las costas venezolanas.
Otro ejemplo es Ecuador, donde en marzo el gobierno local, con apoyo de Estados Unidos, atacó un presunto campamento de narcos en la provincia de Sucumbíos, pero "resultó ser una granja".
“Esto corre el riesgo de traducirse en ataques más violentos contra poblaciones vulnerables", advierte el escritor.
México, ¿en la mira?
Los casos anteriores muestran que, "de un modo descarado", la política de seguridad de Estados Unidos ha incorporado elementos de intervención, militarización y control sobre recursos naturales, señala Zavala.
Este enfoque ha "acelerado su intervencionismo en México y su presión sobre el gobierno de Claudia Sheinbaum".
La acusación del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y nueve funcionarios más, por presuntos vínculos con el narcotráfico —ocurrida después de la entrevista con Zavala— se suma al contexto reciente de tensiones bilaterales.
Ante esto, la presidenta Claudia Sheinbaum se pronunció: señaló que se requieren “pruebas contundentes e irrefutables” y afirmó que, de no existir, podría interpretarse que las imputaciones tienen un “objetivo político”.
Según algunas "voces" del debate político en Estados Unidos, indica Zavala, los recientes acontecimientos en Medio Oriente podrían estar impulsando un mayor énfasis en la hegemonía regional y en "intervenir de modo más decisivo en Latinoamérica".
En ese contexto, el autor menciona la iniciativa de cooperación militar Escudo de las Américas, impulsada por el gobierno de Trump junto a gobiernos "igualmente fascistas y delictivos" como los de Nayib Bukele (El Salvador), Javier Milei (Argentina) y Daniel Noboa (Ecuador).
Una alianza que “simula una aparente aceptación en América Latina”, aunque los países que la conforman no representan ni la mitad de la población en la región.
México, Colombia y Brasil —que no forman parte del Escudo— concentran en conjunto "más del 60 por ciento" de la población latinoamericana.
El investigador añade que estas políticas de seguridad están incorporando tecnologías como software de vigilancia tipo Pegasus y drones, que pueden ser utilizados "contra de activistas, periodistas y defensores de derechos humanos".
Cuestionar las narrativas
El discurso de la guerra contra el narcotráfico no solo se reproduce en las instituciones y los medios, sino que también ha permeado el terreno cultural: series de televisión, cine y música contribuyen a consolidar una narrativa en la que los delincuentes aparecen como figuras de poder.
“Cuando uno escucha a Peso Pluma decir que trae su pistola dorada, se crea un consenso en el que la narrativa básica es que los traficantes son poderosos; que, como dice Donald Trump, controlan al gobierno de México. Esa repetición en todos los sectores construye una hegemonía”.
Ante esto, considera fundamental cuestionar cómo se construye y se difunden las narrativas entre instituciones, medios y productos culturales; lo que hace en su libro La guerra de las palabras.
“¿Cómo es que posible que sigamos creyendo que en nuestro país totalmente militarizado, con agentes de la Guardia Nacional en todos lados, un grupo de traficantes de Sinaloa o Jalisco van a plantar un desafío a esa estructura?”.
Este ejercicio crítico podría abrir la puerta a debates más amplios sobre políticas públicas y la relación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad. “Si empezamos a identificar esos momentos en los que se nos persuade con ese discurso, ya hay un avance”.
“No es un proceso inmediato, pero hay razones para el optimismo”, zanja.
hc