Un día antes

Cuento

Un día antes.
Ángel Morales
Ciudad de México /

Cuando me dejan solo, como ahora, no encuentro la sal, las servilletas o el jabón. Cuando tengo mucho trabajo, como ahora, espero hasta el último momento para hacerlo. Cuando me entero de la boda de alguna mujer del pasado, como ahora, me siento aliviado porque sé que si no encuentro ni la sal ni el jabón, menos voy a encontrar el amor; y está bien, eso es algo de mi vida que quiero dejar para el último momento.

Estas vacaciones decidí no acompañar a mi madre, mi hermano y mi sobrino. Generalmente pierdo el ánimo en estas fechas y, como prometieron volver para Navidad, preferí adelantar mi trabajo. Mientras estaba en la computadora, vi las fotos de la boda de Jazibe en Internet. Un año atrás aún solía deshacer dos cápsulas de antidepresivos en mi helado para superarla. Me quedaba viendo alguna película hasta que la sertralina hacía su efecto. Eso me daba fuerzas para soportar unos días más encerrado en mi cuarto y no tener que ver a nadie. Pero al final lo abandoné. El helado me estaba engordando mucho.

Nuestra relación inició un día antes de Navidad. Era de noche, estábamos en medio del parque recordando nuestros años en la universidad y atrás de nosotros pasó un hombre gordo vestido de rojo. Se colocó junto a las estatuas y de una bolsa negra sustrajo su barba blanca. En una cartulina que llevaba estaba dibujado algo semejante a un trineo. Lo dejamos colocando su escenario y caminamos un rato alrededor del parque. Nos sentamos al lado de la fuente mientras caían las hojas. El viento se empecinaba en erizarnos el cabello. Niños encendían fósforos e inmediatamente después insectos de luz volaban sobre nosotros. Mis dedos enturbiaban el agua para atrapar las hojas que flotaban sobre la fuente. De mis manos escurrían gotas y con ellas acomodé mi cabello. Iba a besarla pero me distraje porque apareció otro Santa Claus. Le jaló la barba al primer Santa y después de ver su rostro le tiró un golpe. Entonces se abrazaron y comenzaron a rodar mientras una mujer vestida de reno intentaba separarlos. Hacía un poco de viento y, mientras las hojas caían sobre la fuente, un Santa ahorcaba al otro. Ella y yo estábamos en silencio, ella no hablaba para que yo la besara, y yo la besé para que me mordiera, y ella me mordió como a un caramelo y un Santa ahorcaba a otro en el parque. Aunque no supe cómo se resolvió la pelea porque cerré los ojos, cuando volví a abrirlos alcancé a ver un cometa en el cielo y creí que era un buen augurio, pero no fue así. Bajo el velo de su vestido de novia me hubiera gustado decirle a Jazibe que, si es cierto que me olvidó, que reconozca por lo menos que esa noche fue una noche buena, que en Navidad por instantes me recuerda y que aquella pelea entre santas seguramente la provocó la mujer vestida de reno.

Después de ver fotografías de la boda, cerré un rato la computadora y decidí destapar una botella de vino. Imaginé a mi familia viajando de regreso y me di cuenta que me ha pesado mucho la ausencia de mi sobrino. Por lo regular, cuando estamos juntos me encierro en la biblioteca para no lidiar con él, pero el ruido de su música sobrepasa las puertas. Hojeo dos o tres libros y “bum bum el acordeón”. Tomo café para que pasen más rápido las palabras y “tara tara la guitarra, bum bum el acordeón”. Acaricio a mi gato como la portada de una novela y “tu tu la trompeta, tara tara la guitarra, bum bum el acordeón”. Tomo notas en mi libreta y “trata trata la batería, tu tu la trompeta, tara tara la guitarra, bum bum el acordeón”. Llevo a mi sobrino a jugar basquetbol y mientras manejo pongo otra vez su disco y “pin pin el lindo piano, trata trata la batería, tu tu la trompeta, tara tara la guitarra, bum bum el acordeón”. Entonces, por pura nostalgia, decidí mandar al diablo a Jazibe para siempre y escuchar “La feria de Cepillín”. Traté de concentrarme en mi trabajo e hice como si mi sobrino estuviera cantando en la sala, pero cerré la puerta para no tener que lidiar con él.


*Ángel Morales, oriundo de Oaxaca, es autor de El último que muere apaga la tele.

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