Son los años de la esperanza radical: con el fervor de la época, la joven canadiense afincada en Estados Unidos Shulamith Firestone (1945–2012) se adhiere a las causas de género y, en 1970, apenas a los 25, publica su desconcertante The Dialectic of Sex. Ella, por cierto, tiene los ojos tristes de una gacela, pero su prosa ruge vehemente y persuasiva. En su indignación hay un hartazgo de milenios y, sin duda, no pocos dramas personales. Delirante, enfática, Firestone plantea una revolución, más que social, humana, que aspira a eliminar nada menos que el capitalismo, el Estado, el trabajo, la familia nuclear y la reproducción, tal como se le conoce. Según Firestone, los roles sexuales tradicionales no solo son inequitativos para la mujer, sino que pervierten a toda la especie al sacralizar una asociación egoísta, como la familia, que reproduce las rigideces que conducen a la desdicha colectiva. La autora propone que se eliminen las distinciones de sexo, se dispense a la mujer de la carga del embarazo (por medio de la reproducción artificial) y se extermine la noción de matrimonio y monogamia. En este nuevo entorno, los individuos se reunirían de acuerdo a sus afinidades, tendrían una vida sexual totalmente libre y las nuevas generaciones serían criadas comunalmente, suprimiendo la noción de infancia y tratando a los niños como iguales lo más temprano posible. Así, aunque se permitirían diversas formas de convivencia (incluso parejas convencionales), la comunidad ideal sería de alrededor de una decena de personas, con relaciones sexuales polimorfas, igualdad económica y un estilo de vida sustentable y hedonista a la vez.
Mientras esta etapa idílica pudiera alcanzarse, la autora aconsejaba a las mujeres mantenerse célibes y ajenas al viciado sistema. Parecería que este libro es una fábula que, mediante la exageración, pretende denunciar y hacer conciencia de la opresión femenina. No obstante, la autora tomaba muy en serio sus propias propuestas. Pronto, asediada por sus adversarios y sus propios fantasmas, dejó la militancia feminista y la escritura (solo publicó un atormentado libro de relatos al final de su vida) y se apartó del mundo. Su carácter, y lo inaceptable de algunas de sus ideas, la proscribieron; sin embargo, aparte de su claridad incendiaria, su obra contiene aspectos visionarios que la emparientan con discusiones muy actuales, y controvertidas, sobre los discursos de género, la nueva sociabilidad o la bioética.
@Sobreperdonar