Trabajando como periodista cultural, Valentina Vapaux notó que gran parte de los artículos sobre su generación, la Z, elaborados por personas de mayor edad, tendían a construir una narrativa “simplificada y negativa”. Un ejemplo recurrente era el prejuicio de que se trata de una 'generación de cristal'.
Por ello, la escritora mexicoalemana no se sentía “representada”, cuenta a MILENIO. Y de esa inquietud surgió una exploración tanto personal como periodística que dio origen a su libro Generación Z. Entre la autorrealización, la instasoledad y la esperanza de un mundo mejor (Taurus, 2026).
El libro traza un mapa emocional de la Generación Z a partir de crónicas, ensayos y poemas, una variedad que responde a las distintas facetas de Vapaux, quien ha escrito “de muchas maneras”: desde el periodismo riguroso para el periódico alemán Die Zeit, hasta la exploración más íntima y onírica en Internet girl confessions, su blog en la plataforma Substack.
“Algunos años hice periodismo político, así que conozco ese mundo más rígido. Pero mi exploración como escritora también me dio la idea de escribir de diferentes formas. ¿Cómo se puede entender a una generación entera? Nunca se va a capturar algo tan global, pero con un proyecto híbrido uno puede acercarse más a ese modo de vivir, de sentir”, explica.
Entre información, estadísticas y experiencias personales se construye la obra de la autora de 25 años, que divide sus poco más de 200 páginas en cuatro capítulos: Internet, Influencers, Sexo y amor y Libertad y sentido.
El reto de habitar las redes sociales
El reto ante las redes sociales, dice la autora, es “encontrar una manera más sana” de utilizarlas. Recuerda que antes existía un mayor control sobre lo que se veía o seguía, y “podías crear tu propio mundo y meterte a las comunidades”.
Hoy, en cambio, el algoritmo bombardea al usuario con contenido personalizado, lo que limita la exposición a otros panoramas y hace “más difícil salir de algo que te hace daño”.
Pone como ejemplo la tendencia skinny, que exalta la delgadez a partir de recetas o estética: “Es una promoción de la bulimia o la anorexia no obvia, como escondida”.
Ante este escenario, Vapaux propone “entrenar tu propio algoritmo” mediante contenidos más largos, “donde el cerebro se pueda concentrar, inspirar; ese proceso más humano, en lugar de esos momentos donde ves miles de cosas y luego no las recuerdas, pero te impactan de manera subconsciente”.
Como las redes sociales ya no son solo espacios de ocio, sino herramientas vitales para el trabajo, la escuela o la interacción familiar, alejarse de ellas es complicado, por ello insiste en la necesidad de utilizarlas con una mirada autocrítica.
El amor en tiempos de scroll
Hace especial énfasis en las aplicaciones de citas —a las que dedica un capítulo titulado Amor en línea—, que le generan la sensación de “entrar a un catálogo de personas”, donde la elección recae en la punta del dedo índice, que va escroleando con la idea de “encontrar a alguien mejor”.
Algo que, acentúa Vapaux, “no pasa en la vida real”, y se sorprendió al descubrirlo: pensaba que la Generación Z “no se quiere comprometer, que es de relaciones abiertas”, pero los estudios y análisis que consultó arrojaron otra cosa: “Tenemos una idea más tradicional que los millennials”.
“Salimos con menos personas, a menos fiestas. En Berlín (donde radica) decimos algo así como ‘la muerte del antro’, porque muchos están cerrando. Eso también impacta en el amor y el sexo. Somos una generación que desea el amor romántico como una forma de escapar de un mundo tan rápido y confuso”.
Esta visión, sin embargo, se ve comprometida por la exposición temprana a la pornografía, que influye en los estándares de belleza y deseo.
“Es importante aprender que lo que se ve ahí no es la realidad. Pero es difícil, es un proceso de deconstrucción. Lo que he notado entre amigas y amigos es que, de adolescentes, pensábamos que entendíamos las relaciones sexuales, pero al hacernos adultos nos tocó reconstruirlas y llevarlas a una idea más humana”.
Generación Z, valiente y comprometida
A quienes señalan que la Generación Z es débil o 'de cristal', Vapaux responde con firmeza: “Somos muy valientes; querer cambiar algo del mundo me parece algo muy fuerte”.
Argumenta esta idea subrayando el carácter politizado y activo de su generación: “Se interesa por el bienestar, la salud mental, por romper tabús”.
Además, recuerda el impacto de la pandemia y lo que fue sobreponerse a ella; un período en el que “perdimos todas las libertades, y nos decían que a nosotros no nos afectaba tanto el covid, que no lo estábamos padeciendo como las personas mayores, lo que hizo más intenso el conflicto. Pero pusimos pausa a nuestra vida en un momento clave para nuestro desarrollo”.
Entre redes que son refugio y agobio, vínculos emocionales en constante redefinición y señalamientos de los mayores que a menudo parten del desconocimiento, la escritora mexicoalemana insiste en mirar hacia dentro y hacia el arte. “Encuentro esperanza en mí misma, en la escritura, la poesía”.
“El arte es un poder para las personas, que sirve para entender el mundo”, reflexiona Valentina Vapaux, cuya experiencia personal se ha convertido también en una forma de lectura colectiva. “No quedarnos callados, decir lo que pensamos… eso me da esperanza”.
hc