De 'La Odisea' a 'Star Wars' : cómo el viaje del héroe relegó a las mujeres en la ficción y por qué “la aventura de las mujeres es el feminismo”

La aventura no siempre consistió en explorar nuevos mundos. Para las mujeres, también ha significado conquistar derechos y romper estereotipos. En entrevista, Hortensia Moreno explica cómo la representación en la ficción influye en la construcción de

Historias de Aventura en literatura, cine y series | Foto: Especial
Ciudad de México /
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En 1949, el antropólogo Joseph Campbell planteó lo que hoy conocemos como el viaje del héroe o el ‘monomito’, pero aquello solo fue un término para darle nombre a un patrón ampliamente documentado desde la literatura hasta el cine y las series de televisión. Sin embargo, a menudo, cuando se piensa en cualquier contenido relacionado a la aventura, suele imaginarse protagonizado por un hombre, lo que no es raro, porque en su mayoría así es.

El propio término acuñe al varón, pero no refiere a la mujer. Esta propia forma de evitar nombrar, puede, tal vez, repercutir en la forma en que las infancias y las adolescencias femeninas se ven reflejadas a sí mismas en figuras de poder, autoridad, heroísmo, valentía y fuerza.

Hortensia Moreno Esparza, directora de la revista Debate Feminista del Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la Universidad Nacional Autónoma de México (CIEG-UNAM), doctora en Ciencias Sociales con especialidad en Mujer y relaciones de género, platica con MILENIO para hablar respecto, los orígenes del problema y las repercusiones.

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¿La aventura siempre fue un territorio masculino?

La historia de la aventura, explica Hortensia Moreno, comenzó mucho antes de que existiera el cine o la televisión. En la tradición occidental, el modelo del héroe quedó definido desde La Odisea, el poema épico de Homero. Ulises parte hacia la guerra, atraviesa mares, enfrenta monstruos y vive incontables peripecias, mientras Penélope permanece en casa esperando su regreso.

“Yo creo que ha empezado a haber, por lo menos, un cuestionamiento de esta división sexual del trabajo que nos pone a las mujeres en el espacio del hogar, en el espacio doméstico, y a los hombres como los dueños absolutos de todo y como quienes tienen esta prerrogativa de salir y de arriesgar la vida en la guerra y en la aventura”, comenta Moreno, quien añade además que, bajo la mirada de este molde, las mujeres no tenemos esta capacidad.
Esta división terminó convirtiéndose en la norma de prácticamente todas las historias de aventura que llegaron después. "La vida de las mujeres se supondría que tiene esa característica: son las que esperan, las que no viajan, las que no se mueven", señala Moreno.

Con el paso de los siglos, esta regla se trasladó a las novelas de aventuras y posteriormente al cine y las series que hoy, tanto adultos como jóvenes y niños consumen con frecuencia. Los héroes siguieron explorando el mundo; las mujeres continuaron siendo aquello que debía protegerse o esperarlos al final del camino.

Ulises y Penélope (1802) de Johann Heinrich Wilhelm Tischbein | Foto: Especial

Este fenómeno está reflejado en múltiples cintas, como es el caso de la franquicia de Star Wars, famosa por sí misma, pero también por ser el referente perfecto del viaje del héroe. Luke Skywalker emprende un viaje para salvar a la galaxia del Imperio Galáctico, luego de enterarse de que es hijo de un antiguo ‘jedi’ de quien heredó su sensibilidad a la fuerza; uniéndose a la Alianza Rebelde y enfrentando al temido Darth Vader. En el camino, Luke conoce a la Princesa Leia Organa, su gemela de quien fue separado al nacer.

La historia nos explica que, Leia debería de poseer la misma capacidad de acceder al poder que Luke heredó de Anakin, su padre, a pesar de ello, no es así; la trilogía principal nunca explica por qué ella no puede ser una guerrera jedi, como Luke sí lo es. Y aunque los fanáticos de la saga han dado mil explicaciones al vacío que George Lucas, el creador, no pudo llenar, la realidad es más cercana a un estigma de género.

Leia era una princesa de carácter aguerrido, una rebelde y a pesar de ello, es sexualizada, reducida a un papel secundario y el interés amoroso de Han Solo, quien tiene incluso, mayor protagonismo en batalla que la propia Leia. El tiempo se encargó de darle todo eso que la época le arrebató, no sin críticas, ni muchas décadas de por medio.

Star Wars Episodio IV: Una nueva Esperanza 1977, Luke y Leia | Foto: Especial

¿Qué pasa cuando las mujeres son protagonistas?

La representación importa porque las historias también enseñan qué lugares parecen indicados o alcanzables para cada persona. Si durante la infancia la mayoría de los personajes que descubren mundos, resuelven conflictos y lideran expediciones son hombres, las niñas crecen viendo que la aventura pertenece a otros y no a ellas.

Moreno explica que esa diferencia nace de una división histórica entre el espacio público y el privado. Mientras a los hombres se les asignó el riesgo, la exploración y la fuerza, a las mujeres se les reservó el hogar, el matrimonio y el cuidado de los demás.

“La historia del sometimiento de las mujeres a este papel de cuidadoras, de madres, de esposa, es un proceso de siglos o de milenios. Llevamos mucho, mucho tiempo de la humanidad produciendo esta cultura y esta forma de significación. Entonces es muy difícil que en las poquitas décadas que llevamos de estar en un terreno mucho más equitativo, se enfrenten estos papeles que ya están en la tradición, la cultura y hasta el lenguaje”.

Aunque en la actualidad existen muchas más protagonistas femeninas, en muchas ocasiones, éstas ocupan todavía un papel distinto al de los héroes masculinos: son personajes importantes, pero no necesariamente quienes protagonizan el viaje. Heroínas, sí... pero bajo otras reglas. Cuando una mujer logra convertirse en protagonista, tampoco lo hace en las mismas condiciones que un hombre.

Moreno retoma la teoría de la crítica de cine Laura Mulvey para explicar que el cine ha construido históricamente a las mujeres como objetos de contemplación antes que como sujetos de acción. "Las mujeres en el cine son objetos para ser vistos". Y de aquí nace el término de ‘male gaze’ o ‘mirada masculina’, donde Mulvey señala que las mujeres en el séptimo arte están puestas allí para complacer la mirada de los varones.

Mientras a los hombres se les valora por su habilidad actoral, su inteligencia y cualidades, no importa cuántas de ellas reúna una mujer, si no es agradable a la vista, se lleva el disgusto de los espectadores.

“Una de las características del cine, sobre todo del cine de Hollywood, del cine que tiene el mayor éxito en el siglo XX, es la sobresexualización de las figuras femeninas. Por un lado estaría esta idea de que para ser una heroína en el cine convencional, tienes que ser una mujer muy hermosa, tienes que tener características de belleza estereotipada, que se va a ir modificando a lo largo del siglo. El cine va a inventar el sex symbol, el símbolo sexual, que siempre está encarnado en un cuerpo de mujer”, señala Moreno.

La investigadora considera que esa exigencia limita el tipo de personajes femeninos que llegan a protagonizar las grandes producciones.

La actriz estadounidense Theda Bara, considerada una de las primeras 'sex symbol' del cine | Foto: Especial

¿El romance sigue marcando el destino de muchas protagonistas?

Otra diferencia aparece en la forma en que concluyen las historias. Para Moreno, incluso cuando una mujer demuestra liderazgo, inteligencia o valentía, muchas narrativas terminan conduciéndola hacia el amor romántico. Sin importar el género del libro, película o serie, el desenlace de la mujer dentro del contenido para encontrar una relativa felicidad es el amor, y además, el amor de un hombre.

“En el amor romántico no hay una repartición equitativa de papeles. Los papeles de las mujeres siempre van a ser papeles de desventaja respecto de los hombres en muchos sentidos. Un sentido muy importante es el sentido de la agencia”, comenta Moreno.
“En el amor romántico las mujeres nunca son agentes, las mujeres siempre son pacientes, las mujeres siempre están esperando ser conquistadas. Pero además de eso, su única razón de ser es llegar a eso, a que alguien las conquiste, a que alguien se case con ellas y a que alguien las vuelva madres. Entonces, digamos, la narrativa del amor romántico más la sobresexualización de los cuerpos de las mujeres imponen límites muy estrictos a la narrativa, a las historias que se pueden contar”, concluye la doctora.

Y es que ejemplos como estos podemos verlos representados en muchos contenidos de aventura y ciencia ficción contemporáneos. Tenemos el caso de Wonder Woman (Mujer Maravilla) de 2017. En la historia seguimos a Diana, una amazona criada en la isla secreta de Themyscira que conoce al piloto estadounidense Steve Trevor que se estrella en su isla, Steve le habla del desarrollo de la Primera Guerra Mundial y Diana, convencida de que el responsable es Ares, el dios de la guerra, abandona su hogar para detenerlo.

La película en sí no se centra solamente en el romance que eventualmente transcurre entre Diana y Steve, sin embargo, el desarrollo de la heroína sí se articula alrededor del interés romántico masculino, cuyo sacrificio al final de la cinta funciona como detonante de su transformación.

Si bien en la actualidad algunas historias de aventura son más flexibles respecto al al papel de las mujeres en las historias de ciencia ficción, incluso en un material centrado en la historia de una superheroína, se introduce una narrativa romántica como eje central, o al menos, fundamental para el desarrollo del largometraje, sin molestarse en profundizar en la propia historia de Diana, de quien existe material extenso dentro de los cómics originales.

Wonder Woman (2017) Diana y Steve | Foto: Especial
“Entonces, por eso sí tienen éxito los personajes de mujeres que son muy inteligentes, hasta que son valientes y que son arrojadas. Pero al final del cuento, lo que está buscando la mercadotecnia de la narrativa visual, de la narrativa de las series, de las películas, es que el personaje femenino sea visto como un paradigma de venganza. Y que además cumpla con esta misión suya, que va a ser como su única aventura posible, que es lograr que alguien se enamore tanto de ella, que vaya y se le declare y puedan casarse”, explica Moreno.

¿La aventura de las mujeres es el feminismo?

Aunque durante siglos las mujeres fueron relegadas al ámbito doméstico y excluidas de espacios como la política, la ciencia o la producción cultural, Hortensia Moreno sostiene que esa realidad ha cambiado gracias a un proceso de lucha colectiva. Desde su perspectiva, el feminismo representa la mayor aventura que han protagonizado las mujeres, pues les ha permitido cuestionar un orden social que les impedía acceder a los mismos derechos y oportunidades que los hombres.

La aventura de las mujeres es el feminismo. Es decir, la aventura de las mujeres ha sido esta conquista de todos los territorios de la masculinidad. Ha sido este enfrentamiento con el statu quo, este enfrentamiento con el orden establecido, donde las mujeres hemos tenido que ir ganando de uno en uno todos los espacios que nos habían negado, todos los lugares a donde nos habían prohibido entrar”.

Desde esa perspectiva, explica, las mujeres no buscan reproducir el modelo tradicional del héroe masculino, sino construir nuevas formas de protagonizar sus propias historias. El cambio no solo se refleja en la vida cotidiana, sino también en la ficción, donde cada vez más escritoras, directoras y guionistas apuestan por personajes femeninos complejos, con deseos, conflictos y objetivos que van más allá del romance o de los roles tradicionalmente asignados.

Hay un auge de personajes femeninos en este momento. Y hay un auge de personajes raros, de narrativas extrañísimas. Y quizá no vamos ganando, pero hemos ganado un enorme territorio. O sea, ya vamos muy, muy cerca. Quizá no de la paridad, pero sí de la posibilidad de presentar personajes femeninos que son vigorosos, inteligentes, interesantes, bien desarrollados. Los que tienen virtudes y defectos tremendos”.
“Esas mujeres, las escritoras, pero no solamente las escritoras de novelas, las guionistas, las directoras, las productoras, las camarógrafas, las editoras, todas las mujeres que participan en esta industria, están allí y están empezando a hablar y que están empezando a sacar a la luz esas historias que sí queremos ver y que sí nos interesan y que sí nos parece que son relevantes y que son reivindicaciones”.

En ese sentido, la aventura de las mujeres no termina con la conquista de nuevos espacios sociales; también continúa en la imaginación. Cada historia protagonizada por una mujer, escrita desde una perspectiva distinta o que rompe con los moldes tradicionales representa, para Moreno, una forma más de disputar el lugar que históricamente les fue negado dentro y fuera de la ficción.

Lara Croft de Tom Rider, Katniss Everdeen de Hunger Games y Alice Abernathy deResident Evil | Foto: Especial
"...si eres feminista, escribes novelas feministas. Pregúntale a Margaret Atwood o pregúntame a mí".

La referencia a Margaret Atwood no es casual. En El cuento de la criada, la autora canadiense convierte la pérdida de derechos de las mujeres en el eje de una historia donde la supervivencia y la resistencia sustituyen a la aventura tradicional. 

Este tipo de obras ejemplifica cómo las narrativas contemporáneas han comenzado a trasladar el heroísmo femenino del campo de batalla al terreno de la lucha por la libertad y la autonomía.

'El cuento de la Criada' serie basada en la novela Margaret Atwood

¿Estamos viendo un cambio en la ficción?Aunque durante décadas las historias de aventura privilegiaron un tipo específico de protagonista, Moreno considera que la ficción contemporánea atraviesa un momento de transformación. A su juicio, el cambio no se limita a la incorporación de más personajes femeninos, sino a una mayor diversidad de historias y perspectivas que antes difícilmente encontraban espacio dentro de la pantalla.

"Lo que veo es una enorme diversidad de series. Hay historias sobre personas homosexuales, sobre la vida de amigas, sobre mujeres que se desarrollan en la policía, en la medicina o en la ciencia. Hay una impresionante oferta de narrativas que antes simplemente no existía".

Uno de los ejemplos que destaca es Domina, serie histórica que reconstruye la vida de Livia Drusila, esposa de Octavio Augusto, y la convierte en el eje político de la consolidación del Imperio romano. Para la académica, producciones como esta muestran que hoy es posible imaginar mujeres que ocupan lugares de poder sin quedar limitadas a los papeles tradicionales.

Livia Drusila en la serie de 2021 'Domina' | Foto: Especial
"Podemos desarrollar personajes de mujeres que vayan más allá de los rumbos tradicionales, inventar un personaje fuerte, un personaje poderoso que resulta que es una mujer. Eso está pasando ahora en las narrativas; hace 50 años era muy difícil recuperar personajes así".

Moreno considera que uno de los cambios más interesantes es que las mujeres ya no están obligadas a representar únicamente figuras virtuosas o moralmente intachables. La ficción también comienza a dar espacio a personajes femeninos ambiciosos, contradictorios e incluso antagonistas, con la misma complejidad que durante años tuvieron los hombres.

"Siempre ha habido personajes de mujeres malas, pero siempre viene la mano de la justicia y las aplasta. Ahora aparecen personajes que siguen ganando, que se salen con la suya. Eso también es una forma distinta de representar a las mujeres".

La investigadora también encuentra esta evolución en series como La maravillosa Sra. Maisel y Hacks, donde las protagonistas construyen su historia alrededor de sus aspiraciones profesionales y no únicamente del romance.

"Son personajes femeninos diferentes, con narrativas diferentes, que no se tratan de 'a ver si me enamoro y a qué horas me caso', sino de la vida de mujeres que son las estrellas del espectáculo, algo que durante mucho tiempo no se les permitió ser".

'La maravillosa Sra. Maisel' y 'Hacks' | Foto: Especial

Otras producciones como La leyenda de Korra, Arcane o Furiosa: De la saga Mad Max son otros ejemplos destacados de representación de personajes femeninos complejos que no se adecuan a un molde en específico, ni a un solo sector, cultura o mundo. 

Más allá de la ficción

Para Hortensia Moreno, la representación en la ficción es importante, pero no basta para transformar las condiciones en las que viven las mujeres. A pesar de los avances impulsados por el movimiento feminista, persisten desigualdades que demuestran que la igualdad legal o política no siempre se traduce en una transformación de la vida cotidiana.

"Las conquistas del feminismo, las conquistas de las mujeres a lo largo de dos siglos, siempre estuvieron acompañadas de la promesa de que, una vez conseguido el voto, la paridad o el acceso a los espacios de poder, todo iba a funcionar bien. Y lo cierto es que eso no está pasando, precisamente porque no hemos logrado abolir los roles tradicionales."

La investigadora explica que uno de los principales pendientes es la permanencia de la llamada doble jornada, donde las mujeres se incorporan al trabajo remunerado sin que desaparezca la responsabilidad casi exclusiva de las tareas de cuidado y del hogar.

"Las mujeres no solamente tenemos que desarrollarnos en el espacio público, en la academia, en la cultura o en los deportes, sino que además llegamos a casa a lavar los trastes, cuidar a los hijos y hacer todo lo mismo que hacíamos antes. Yo creo que hay una enorme insatisfacción porque el feminismo no ha logrado cumplir esa promesa imaginaria de que un día la vida de las mujeres iba a ser perfecta. La vida humana nunca va a ser perfecta; la vida es complicada."

Para Moreno, el cambio tampoco depende únicamente de las mujeres. La transformación de los roles de género exige que los hombres participen de manera activa en las labores de cuidado y en la vida doméstica, tareas que históricamente han permanecido invisibilizadas.

"Todavía nos falta mucho por hacer. Nos falta verdaderamente modificar las reglas del juego; nos falta que los hombres cumplan su parte del trato. No se trata solamente de que las mujeres salgamos a trabajar, sino de que los hombres también cuiden a los bebés, a las personas mayores, participen en el trabajo doméstico y asuman esa labor de cuidado, que es un trabajo invisible, poco reconocido, pero profundamente humano."

Aunque reconoce que existen voces que cuestionan los avances del feminismo o añoran los llamados roles tradicionales, la académica considera que el verdadero logro ha sido ampliar las posibilidades de elección para las mujeres.

"Antes las mujeres no podían decidir volverse científicas; ahorita sí. También pueden decidir ser esposas. Antes no podían decidir nada. Hoy existen más posibilidades y eso significa más libertad."

Como contraste, Moreno invita a mirar países donde esos derechos continúan siendo negados.

"Vean los ejemplos de países donde las mujeres de verdad no tienen oportunidad de elegir. Afganistán, por ejemplo: está prohibido que las niñas vayan a la escuela y que las mujeres trabajen. Eso es un atentado contra la humanidad entendida como un espacio de libertad."

En ese sentido, concluye que las historias de aventura también pueden convertirse en una herramienta para imaginar otros futuros. No porque por sí solas cambien la realidad, sino porque amplían las posibilidades de quienes durante siglos quedaron fuera del centro del relato.

Si las niñas y adolescentes crecen viendo mujeres que descubren mundos, lideran expediciones, gobiernan imperios o escriben su propio destino, también crecen sabiendo que esos caminos existen para ellas.

M.R.

  • Martha Romo
  • martha.romo@milenio.com
  • Periodista enfocada en entretenimiento con interés en perspectiva de género, salud mental y temas sociales. También escribo sobre música alternativa, cine, literatura escrita por mujeres, anime e historias que exploran la relación entre cultura y sociedad.

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