Escultura y pintura, el ornamento de Villa del Carbón

Entre la hojarasca y el viento se vislumbran las piezas del maestro Mario Domínguez, las cuales esmaltan armoniosamente el panorama.

Son 120 trabajos expuestos, de los cuales la mitad son del maestro. (Alicia Rivera)

Alicia Rivera

Para que el arte no se quedara en bodegas, Mario Domínguez sacó sus obras de acero esmaltado y las de 20 pintores que han colaborado con él para colgar las pinturas en árboles y en ese suelo lleno de hojarasca colocó esculturas -también de acero- las cuales expresan la vida y el alma de los artistas, “es una exhibición de 120 trabajos, casi la mitad son míos”.

El artista narró que decidió sacar las obras y exhibirlas en este espacio natural, porque el trabajo de artista es ingrato, no se vende o pocos lo compran. “Tenía trabajos embodegados y dije: mejor los coloco para que la gente los vea y fue cómo surgió la idea”.

Expuso que el “Museo Porcelanizado Delta” fue abierto hace tres años y medio, aunque pese a su corta vida ha atraído a extranjeros. “La semana pasada vinieron unas alemanas y hace como seis meses vino un holandés que me dijo: “¡Me han llevado a todos los museos de México, pero éste es el más chingón!, lo cual me hizo sentir muy halagado”.

Mario -quien estudió la carrera de Contaduría en el Instituto Politécnico Nacional- relató que tiene dos hijos, “el menor decidió estudiar Artes Visuales y con el objeto de apoyarlo e impulsarlo, me metí a este mundo, y me di cuenta que es muy interesante, me convertí en un apasionado del arte”.

El material que usa es acero esmaltado, comúnmente conocido como peltre, y para poder producir la materia, instaló una fábrica en el municipio de Polotitlán, y ahí es el taller donde los artistas capitalinos y oaxaqueños producen sus obras que se exhiben en el Museo Porcelanizado Delta, ubicado en la comunidad La Cañada, muy cerca de la cabecera municipal del Pueblo Mágico y municipio, Villa del Carbón.

A pocos pasos de la entrada al museo se exhibe un Cristo que Mario realizó geométricamente con figuras cuadradas, porque “dicen que los contadores somos cuadrados, así que cuadre todo”. Además de acero, el escultor utilizó durmientes de ferrocarriles antiguos para su obra.

“Lo había donado a la iglesia de mi pueblo ‘La Cañada’, pero me lo arrumbaron. Estuvo aproximadamente 2 años y me arrepentí, dije: ¡híjole, me hubiera quedado con mi Cristo!, pero no me atrevía a pedírselos, fue entonces que el encargado de la iglesia me dijo un día: Mario la gente no quiere tu Cristo”.

Me sorprendí. “¿Por qué? Pregunté y me respondió: porque no tiene rostro y me quedé pensando ¿la fe tiene rostro?, pero Dios es tan grande que me lo regresaron. Lejos de ser algo malo para mí, fue bueno y hoy está en un lugar preferido”.

Otra de sus obras es una escenografía del concepto de la muerte que tenían los antiguos mexicanos que se compone de Tzompantli, (altar de cráneos en fila), un camino con pies en el piso que termina con una escultura de Mictlantecuhtli, el señor del lugar de los muertos en la cultura prehispánica.

“Los antiguos mexicas consideraban que morir era un regreso de donde se había nacido, por eso está este caminito, con las marcas de los pies al centro, es el camino de la vida y nos lleva a la muerte, pero también está representado a su vez con un sol, que es la vida y la creación. Son 20 cráneos porque el mes prehispánico era de 20 días y un año eran 18 meses y 5 días adicionales para llegar a los 365”, explicó el artista.

Informó que parte de las obras están expuestas en la galería del Banco de México, la Casa de Cultura de Juchitán, Oaxaca y en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas.

También hace dos años hizo un dragón de 5.5 metros de largo por 3.5 alto, por encargo de un colegio privado del estado de Nayarit. “Además tenemos tres murales: uno en la Universidad de Fredericton, Canadá, otro en un museo en Benham, Kentucky, EU, y el último en una Clínica del Seguro Social, en Toluca”.

Mario Domínguez señaló que en el año 2011 participaron en la exposición “Esmalte Vítreo. Esencia del Color”, organizada por el Banco de México.

Comentó que necesita más difusión para que los visitantes al Pueblo Mágico de Villa del Carbón pasen a visitar este museo, donde no se cobra el acceso, “dentro de lo que ofrecemos al público es que, si traen niños, pueden escoger una lámina y realizar un trabajo y se queda en la exhibición”.

Pueblo Mágico

Desde el año 2015 Villa del Carbón es considerado un Pueblo Mágico, además de que se respira un ambiente tranquilo y apacible. El pueblo es conocido por sus artesanos en piel que diseñan chamarras, bolsas, cinturones, botas, carteras y zapatos. También producen coloridos textiles tejidos en lana como gabanes, gorros, guantes y suéteres.

Está rodeado de paisajes boscosos y presas. Muy cerca se ubica el Cerro de la Bufa con una altura de 3 mil 600 metros sobre el nivel del mar, donde puede practicarse senderismo.

La Presa Taxhimay es otra buena opción para los que gustan de disfrutar la naturaleza. Para su construcción, en 1934, fue inundado el poblado de San Luis de las Peras, quedando en el fondo la iglesia y la parroquia, de la que sobresale la torre del campanario. Actualmente ofrece paseos en velero, esquí, bananas playeras y lanchas, un espacio para acampar y también ofrecen un área de comida típica.

MMCF

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