• Del Centro Citibanamex al asfalto de la Cuauhtémoc: Zona Maco deja el VIP y pisa la Guerrero en Semana del Arte

  • Arte contemporáneo, danzón, box y hip hop tomaron una calle de la colonia Guerrero en una muestra popular que llevó el espíritu de Zona Maco al espacio público como una contrapropuesta a la Semana del Arte.
Ciudad de México /

En la pared, un graffiti: La Warrior. Es de letras grandes, intensas, impactantes. Y tiene un dibujo de dos macahuitles, los bastones con obsidiana incrustada que los guerreros aztecas portaban como arma para la pelea. 

Debajo, la ilustración de coloridas plumas de aves ─verdes, moradas, amarillas, azules─, como las que usan los pachucos en sus sombreros. El letrero da la bienvenida a la calle de Arteaga, colonia Guerrero, Ciudad de México. Aquí es la fiesta. Es el barrio.

En las bocinas, suena danzón, cortesía del salón Los Ángeles, espacio icónico de la Guerrero. En la pista improvisada en plena calle, tres parejas bailan. El público los rodea y mueve los pies con la música, disfrutando de este ritmo que regresa el alma y la mente a las plazas populares de las décadas de 1930 y 1950, cuando la Ciudad de México… el DF era otro.

Estos pachucos contemporáneos, hombres mayores y felices, usan sus elegantes trajes. Rojo, azul, negro. Sacos largos, zapatos lustrosos mezclados con el blanco obligado. Uno se pintó la cara como calavera, como todo un catrín. Y sobre sus sombreros de ala ancha, las plumas bailan con el vaivén del cuerpo y del viento de las siete de la noche que ya se siente en esta esquina del corazón capitalino. Ellas, combinando perfecto, en color y ritmo, con sus hombres. Danzón dedicado… a la colonia Guerrero.

El bailongo forma parte de las actividades de esta Barrial Artística Colectiva, iniciativa de un grupo de artistas urbanos que decidió contraponerse a los estándares de la Semana del Arte en la Ciudad de México, días en que la capital del país hierve de coleccionistas y admiradores de arte contemporáneo en galerías y museos considerados VIP. La más famosa, la Zona Maco, allá, en el centro Citibanamex, lejos del barrio.

La contrapropuesta es esto, una suerte de Zona Maco popular, de Zona Maco para el pueblo. De ahí su nombre: “Entrada Libre”.

Pachucos contemporáneos bailan danzón al ritmo del Salón Los Ángeles, uno de los símbolos culturales de la colonia Guerrero. | Jesús Quintanar

Por eso, esta calle de Arteaga, entre Lerdo y Vesta, en el mero corazón de la Guerrero, otrora parte de la prehispánica Tlatelolco, se ha convertido este sábado en una galería alternativa y no sólo vibra el danzón, sino que antes hubo un performance de box y más tarde habrá espectáculo prehispánico de fuego.

Desde temprano, hubo talleres de pintura y de serigrafía y se lucieron algunas piezas de arte contemporáneo, esculturas y pinturas, de colección, pero no sobre los suelos lustrosos de un museo, sino sobre el áspero y oscuro asfalto de la capital del país; entre edificios vecinales populares y paredes descarapeladas que fueron tapizadas con imágenes subversivas y combativas de la gráfica popular del colectivo Subterráneo, que vino directo de Oaxaca.

La idea de transformar esta calle por un día fue de Cristóbal Robles. Es artista plástico y productor originario de la colonia. En su taller, el Taller Robles, en Arteaga 27, convierte las ideas de artistas reconocidos como Vladimir Cora, Carlos Zerpa, Demián Flores, Boris Viskin, Eduardo Choco, en realidad.

Con sus impresoras 3D, manufactura las piezas de arte que ellos diseñan y que luego van a lucirse a galerías de todo el mundo.

Por eso, ahora decidió exhibirlas en la calle, para que cualquiera tenga la oportunidad de admirarlas. Y las combina con obras suyas o de sus hijos y sobrinos que también emprendieron el camino del arte contemporáneo.

Así, en plena vía pública brilla la colección del Garfield boxeador, del maestro Zerpa, o esculturas metálicas como un Mickey Mouse y su Pluto embozados, una pantera rosa boxeadora o un Pato Donald de cabello rubio alborotado, contando dólares, que hace burla de su tocayo, el presidente estadunidense.

Además, impone a la vista el Cuauhtémoc de la Guerrero, de Luis Ochoa. Una figura que posa pisando la cabeza de Hernán Cortés debajo de su bota militar y cuya réplica en miniatura se exhibió esta semana en la auténtica Zona Maco, en el espacio del gobierno de la Ciudad de México.

Calaveras monumentales flanquearon el recorrido del performance, evocando el Mictlán y la iconografía prehispánica. | Jesús Quintanar

La secretaria de Cultura de la capital, Ana Francis Mor, es la madrina de este acto. Junto con Cristóbal Ochoa y la coordinadora de la muestra, Valentina Olmedo, recorre la instalación y sonríe con la propuesta de llevar el arte contemporáneo a las calles.

“Hay un montón de manifestaciones artísticas de las artes visuales, de las artes plásticas, regadas por toda la ciudad. Y en colonias como ésta, la Guerrero, hay un montón de talleres en donde se producen las obras que luego están en Zona Maco”, explica a MILENIO.

Frente a la funcionaria y caída la noche, inició la segunda parte del festival callejero. Decenas de personas admiraron los espectáculos visuales.

Un performance de box abrió la segunda parte del festival callejero ante decenas de asistentes. | Jesús Quintanar

Un performance de box, a cargo del amateur Víctor Tadeo, dio paso al danzón salido del Salón Los Ángeles y después, vino uno de los actos más llamativos: la actuación de Daniel Ochoa, de 25 años, junto con su escultura “No me extingo”.

Llamaron al silencio y Daniel se alejó lo más que pudo sobre la calle de Artega y desde la esquina con Vesta, ataviado con la máscara de un luchador y un par de guantes rojos de boxeador colgando del cuello, jaló con su propio cuerpo, usando toda la fuerza que pudo, un automóvil grafiteado, encima del cual venía su obra, un luchador aparentemente derrotado, frustrado.

Con un gran esfuerzo, avanzó unos cien metros jalando el vehículo a lo largo de un camino flanqueado por una hilera de calaveras monumentales, que emularon la entrada al Mictlán, el inframundo azteca.

Al mismo tiempo, dos jóvenes, Las Princesas del Ghetto, venían entonando un rap que acompañaba la puesta en escena.

Al final del recorrido, Daniel, hijo de Cristóbal Ochoa, brincó sobre el coche en señal de triunfo. Luego, comenzó a bailar al ritmo de la Santanera. La arena estaba de bote en bote… el Santo, el Cavernario, Blue Demon y el Bulldog…

“Se trata de cómo uno puede salir del barrio. Combiné los dos deportes que creo son más del barrio, que es la lucha libre y el boxeo, entonces se trata de que no importa lo difícil que sea tu camino, tú debes de seguir luchando y luchando y vas a llegar”, explicó Ochoa sobre su pieza y su acto, minutos después.

La escultura estaba inscrita para ser exhibida en Zona Maco, pero a los organizadores les pareció muy sangrienta, pues luce con chorros de pintura roja sobre el cuerpo. Pero eso no le importó al joven artista: “es mejor porque así la gente de mi barrio y la gente lo disfruta gratuitamente, sin prejuicios, ni nada”.

Las Princesas del Ghetto subieron al escenario y cantaron tres de sus melodías de rap, con sus mensajes sociales y de protesta. Una de ellas decía: “La gente quiere creer, no desaparecer, la gente quiere crear, la huella quedará”.

Una de las cantantes, Alien La Mina Fina abundó después en la letra: 

“La gente no quiere desaparecer en cuestión de regresar a casa, en cuestión de la seguridad, del momento que está viviendo en la sociedad, donde muchos desaparecidos nunca encuentran como a sus familias y sus familias no los encuentran”. De eso va el hip hop y el rap que ellas hacen en la Guerrero.
Las Princesas del Ghetto acompañaron el performance con rap y mensajes de protesta desde el escenario. | Jesús Quintanar

La fiesta terminó con un espectáculo de fuego y una emulación del juego de pelota prehispánico, con un balón prendido en llamas, a los pies de esas calaveras monumentales. Un show a cargo del maestro Iván Juárez.

Luego, llegaron los tacos de canasta y el agua de limón para todos los asistentes.

La Zona Maco popular, la exhibición de artes urbanas visuales que por primera vez ocupa un espacio público en una colonia popular, resultó un éxito. 

Hubo box, hubo danzón, hubo hip hop, cuadros, esculturas, serigrafía, gráfica popular, historia prehispánica. Hubo identidad, hubo barrio. Mucho barrio.

El cierre del festival incluyó un espectáculo de fuego y una emulación del juego de pelota prehispánico. | Jesús Quintanar

  • Rafael Montes
  • Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Reportero desde 2008. En 2016 se incorporó al equipo de Grupo MILENIO para cubrir Política y asuntos especiales para diario, web y televisión. Aunque sus temas favoritos actuales son transparencia y rendición de cuentas, también le gustan las historias de la gran ciudad.

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