En las profundidades silenciosas de los cenotes de Yucatán, donde la luz apenas logra filtrarse y el tiempo parece detenerse, la apneísta mexicana Camila Jaber volvió a escribir su nombre en la historia del deporte nacional.
Con una inmersión impecable, la atleta alcanzó los 91 metros de profundidad, superando su propio récord de 90 metros, que obtuvo el año pasado y consolidándose así como la mujer que más profundo ha descendido en el país.
La marca fue lograda durante la Xibalbá Freediving Competition, un evento internacional organizado por especialistas de Lemus Underwater School, que reunió a exponentes de élite en uno de los escenarios más desafiantes del planeta: los cenotes de Cenotillo.
En este entorno de agua dulce, donde la flotabilidad es menor que en el océano, Jaber ejecutó un descenso y ascenso total de dos minutos con 43 segundos, manteniendo el control absoluto en cada fase de la inmersión.
Al emerger, cumplió rigurosamente con los protocolos de validación de organismos internacionales, lo que le valió la tarjeta blanca que oficializa su nuevo récord nacional. Más allá de la cifra, la ejecución reflejó precisión técnica, fortaleza mental y una conexión profunda con el entorno.
Más que un récord: conexión y conciencia ambiental
Para Jaber, cada inmersión tiene un significado que trasciende lo deportivo. Su descenso en el llamado “inframundo maya” no solo representó un reto físico, sino también una declaración de principios sobre la relación entre el ser humano y el agua.
Su récord se convierte también en una plataforma para visibilizar la urgencia de conservar estos ecosistemas. La apneísta ha insistido en que su carrera deportiva está intrínsecamente ligada a la defensa del medio ambiente, particularmente en una región donde el crecimiento urbano y turístico representa riesgos constantes para el equilibrio natural.
CIG