Sue Aguayo, el ‘ciego con visión’ que convirtió el taekwondo en una forma de mirar la vida

El taekwondo apareció donde menos lo esperaba: en una audición musical.

El taekwondo apareció donde menos lo esperaba: en una audición musical. (Foto: especial)
Angela Molina
Ciudad de México /
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Sue Aguayo entró por primera vez a un examen de taekwondo sin avisarle a nadie. Era sábado 20 de marzo de 2004, llevaba la cinta blanca y debía avanzar al siguiente grado. No invitó a su familia ni a sus amigos porque todavía no sabía si aquello era para él.

“No, no, no, primero voy a ver qué onda, porque qué tal si ni me gusta, o qué tal si hago el ridículo, o qué tal si todo sale mal”, recuerda.

Aquella mañana no salió avergonzado. Salió convencido. Con el tiempo obtuvo la cinta negra, avanzó al segundo y tercer dan, abrió escuelas y se convirtió en entrenador. Durante tres años fue maestro y competidor al mismo tiempo. Ninguno de sus alumnos tenía discapacidad visual.

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Una audición que cambió el rumbo

El taekwondo apareció donde menos lo esperaba: en una audición musical. Sue buscaba cantantes para el grupo versátil con el que tocaba en fiestas y quinceañeras. Dos maestros llegaron a probar suerte como vocalistas, quedaron contratados y, durante la conversación, contaron que también tenían una escuela de artes marciales.

“Y de repente, pues la pregunta fue, 'oye, ¿tú crees que yo podría hacer taekwondo? Y me contestó el maestro: ‘pues mira, la verdad, nunca he entrenado a una persona ciega, pero si tú quieres, lo intentamos’. Y yo dije, ‘pues lo intentamos’", narró Sue en entrevista para MILENIO.

Lo que comenzó como una prueba terminó por ocupar todos sus días. “Vivía, practicaba, comía, soñaba, dormía, taekwondo. Todo era taekwondo”.

Sue Aguayo entró por primera vez a un examen de taekwondo sin avisarle a nadie. (Foto: especial)

La pelea que no tenía categoría

El problema apareció cuando quiso competir. No había una categoría de combate para atletas ciegos, así que se enfrentó a personas sin discapacidad. Su momento más importante llegó en Buenos Aires, en 2007. Ante más de 3 mil asistentes, ganó la medalla de oro con un marcador de seis a uno.

En ese resultado se juntaron varias cosas: era mexicano, ciego, desconocido y participaba en un deporte que no tenía un espacio pensado para él. “Te replanteas y dices: ‘¿qué no puedo lograr entonces?’”, cuenta.

Hasta ese momento, admite, cargaba con muchas dudas. “No creía que lo podía lograr, dudaba mucho de mí, me victimizaba demasiado”. Ganar cambió la forma en que se veía. “Me hizo darme cuenta que no nací para perder, que nací para ganar, que nací para ser feliz”.
La falta de espacios accesibles afecta a una población enorme. (Foto: especial)

No todos le abrieron la puerta. En Alemania no le permitieron competir por una regla que exige que el combate ocurra en igualdad de condiciones físicas, emocionales y mentales, además de altura y peso. Sue ofreció firmar un documento para liberar de responsabilidad a los organizadores, pero la respuesta siguió siendo no. Argentina, España y Brasil sí lo dejaron subir al área de combate.

Los viajes salieron de patrocinios, del apoyo de su familia y de sus propios ahorros. Después de su triunfo en Argentina, una persona le pagó durante un año una beca para entrenar. Otros amigos y entrenadores lo prepararon por periodos cortos. “No fue fácil, pero tenía muy claro lo que quería y no lo iba a dejar”, afirma.

Lo que comenzó como una prueba terminó por ocupar todos sus días. (Foto: especial)

Poomsae sí; combate para ciegos, no

La afirmación de Sue es correcta dentro del sistema oficial de World Taekwondo. Él para taekwondo sí tiene combate, pero no una categoría de combate para personas con discapacidad visual.

La diferencia se entiende así: el kyorugi es el combate frente a un rival; el poomsae es una serie de movimientos que una persona realiza sin enfrentarse físicamente a otra. En la clasificación oficial de World Taekwondo, la discapacidad visual aparece en las clases P10, P11 y P12, todas de poomsae. Las categorías de kyorugi corresponden a discapacidad física (en las extremidades superiores) y auditiva, no visual.

Esa ausencia también se vio en los Juegos Paralímpicos de París 2024. El para taekwondo reunió a 121 atletas de 54 países y entregó medallas en diez pruebas, pero el programa de combate estuvo reservado a la clase K44, para competidores con discapacidad física. No hubo una prueba de kyorugi para atletas ciegos.

Durante tres años fue maestro y competidor al mismo tiempo. (Foto: especial)

Sue comenzó a pedir ese espacio en 2005. También buscó apoyo de la Federación Mexicana de Deportes Ciegos y Baja Visión, pero debía reunir al menos a una persona interesada en cinco estados distintos. A pesar de la difusión, no logró formar el grupo.

Aun así, cree que la categoría puede existir algún día. “A lo mejor en 10 años y eso será maravilloso”, dice. Para él, el reconocimiento personal ya no es lo importante: “Aunque me den o no me den el crédito, es algo que hoy en día no me preocupa. Es algo que más bien me daría mucho gusto y aplaudiría que por fin lo hicieran”.

La falta de espacios accesibles afecta a una población enorme. La Organización Mundial de la Salud calcula que al menos 2 mil 200 millones de personas viven con algún grado de deficiencia visual cercana o distante. La cifra no representa sólo a personas ciegas, pero ayuda a entender el tamaño del reto.

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Aprender a mirar de otra forma

La vida de Sue no se quedó en el tatami. Ha trabajado como panadero, mensajero y músico. En los últimos años consolidó una empresa de consultoría y conferencias, donde ofrece entrenamientos de oratoria, ventas, liderazgo y alta dirección.

De ese camino nació Cena a Oscuras, una experiencia en la que las personas usan un antifaz y realizan distintas actividades guiadas por el oído, el olfato, el gusto y el tacto. La idea es dejar a un lado las apariencias y encontrarse con los demás de una forma distinta.

También hay momentos cotidianos: intentar tomarse una selfie, comer o darle de comer a otra persona sin ver. Al principio aparecen el miedo y la torpeza; después, la atención y el cuidado. “Una pérdida no tiene por qué ser sufrimiento; puede ser dolorosa y complicada, pero también puede ser divertida y muy inspiradora”, sostiene.

En Alemania no le permitieron competir por una regla que exige que el combate ocurra en igualdad. (Foto: especial)

La fundación que lleva su nombre

La historia que Sue comparte en sus conferencias y en Cena a Oscuras también se convirtió en ayuda para otras personas. De acuerdo con su sitio oficial, la Fundación Sue Aguayo A.C. lleva 16 años apoyando a niñas y niños, personas con discapacidad, orfanatos y comunidades rurales en situación vulnerable.

La organización reporta más de 60 mil personas beneficiadas. Su trabajo incluye festivales, cenas navideñas, entrega de alimentos, acompañamiento, brigadas de ayuda y programas de inspiración.

Sue dice que su libro autobiográfico y la experiencia de vivir un rato sin ver forman parte del legado que quiere dejar. Su manera de explicarlo cabe en una frase: “Soy un ciego con visión, porque a lo mejor no veo con mis ojos, pero veo más allá de mis ojos”.

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HCM

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