LIV Golf ya no tendrá más etapas y entrará en proceso de cierre de operaciones, luego de quedarse si respaldo financiero. Este proyecto ambicioso que llegó al golf con miles de millones de dólares, contratos millonarios y la promesa de cambiar las reglas del deporte ya no tendrá más futuro.
La decisión fue comunicada este jueves durante una audiencia de bancarrota en Nueva Jersey. Matthew Williams, abogado de la organización, confirmó que LIV no continuará con el proyecto conocido como LIV 2.0, que pretendía darle continuidad al circuito a partir de 2027.
“Los deudores no están procediendo actualmente con el plan LIV 2.0”, señaló Williams ante el tribunal, donde explicó que la organización cambiará de rumbo hacia un proceso de cierre que permita maximizar el valor de sus activos.
El anuncio representa un giro definitivo para una liga que desde su lanzamiento, en 2022, desafió el dominio del PGA Tour y alteró el mercado del golf con ofertas económicas que convencieron a figuras de primer nivel para abandonar los circuitos tradicionales.
Arabia Saudita, a través de su Fondo de Inversión Pública (PIF), destinó más de cinco mil millones de dólares al proyecto. Sin embargo, en abril pasado comunicó que dejaría de financiarlo después de la temporada 2026, al modificar sus prioridades de inversión.
LIV intentó encontrar una salida. En septiembre inició un proceso de reestructuración bajo el Capítulo 11 de la legislación estadounidense y presentó un acuerdo con BC Partners Credit, que contemplaba una inversión de 300 millones de dólares para construir una nueva versión de la liga, con participación accionaria de los propios jugadores.
La propuesta no prosperó. La falta de compromisos suficientes por parte de los golfistas y la imposibilidad de concretar los acuerdos dentro de los plazos establecidos terminaron por derrumbar el plan. Aunque alrededor de 30 jugadores habrían mostrado interés en participar en LIV 2.0, la firma financiera decidió retirar su respaldo.
La crisis también tuvo un costo deportivo. Jon Rahm, Tyrrell Hatton, Sergio García, Louis Oosthuizen y jóvenes talentos como David Puig y Tom McKibbin se apartaron del proyecto. Brooks Koepka ya había conseguido una vía para regresar al PGA Tour, mientras Patrick Reed encaminó su retorno mediante sus resultados en el circuito europeo.
La última competencia de LIV se disputó en agosto, en Indianápolis, donde Michael La Sasso se quedó con el título. Aquella jornada podría terminar convertida en el último torneo de una liga que nació con la intención de competir de tú a tú con las estructuras más poderosas del golf.
Pero el cierre de sus operaciones no significa que todas las consecuencias estén resueltas. Quedan por definirse el destino de los contratos, las obligaciones económicas, las franquicias y las marcas de los equipos, así como el futuro de los jugadores que todavía tenían compromisos con la organización.
También está por verse cómo responderán el PGA Tour y el DP World Tour ante un eventual regreso de más figuras. El circuito europeo había advertido que los golfistas que se comprometieran con LIV 2.0 no podrían mantener su membresía para 2027, una condición que podía comprometer incluso sus posibilidades de participar en la Ryder Cup.
LIV Golf consiguió modificar el equilibrio económico del deporte, elevar las ofertas para los jugadores y obligar a sus competidores a reaccionar. Sin embargo, no logró consolidar un modelo capaz de sostenerse sin la aportación de su principal financiador.
La pregunta ahora es qué quedará de aquel proyecto que prometió revolucionar el golf: ¿los jugadores encontrarán espacio para regresar a los circuitos tradicionales?, ¿qué sucederá con los equipos y sus inversiones?, ¿quién ocupará los mercados y las fechas que LIV deja disponibles? Y, sobre todo, ¿el PGA Tour recuperará el control que perdió o el golf profesional ya cambió de manera irreversible?
ERC