Pocas series tienen el estatus de casi intocables como The Office. Durante más de dos décadas, su humor incómodo —hecho de silencios, miradas a la cámara y un jefe torpe convencido de su propio carisma— definió una forma de entender la comedia televisiva. Por eso, intentar una versión en español no era simplemente hacer un remake, era entrar en un territorio prácticamente sagrado para sus fans y hacerlo perfecto.
El equipo detrás de La oficina lo entendió desde el primer momento: el reto exigía respeto por el original, pero también la valentía de encontrar una voz propia. El legado de las series de 2001 y 2005 fue el punto de partida para el showrunner Marcos Bucay y su equipo.
“Nuestra versión es una fusión de ambas, pero con nuestros ingredientes —explicó Bucay, en entrevista con MILENIO—. Sabíamos que es un producto muy amado y también lo queremos mucho, así que buscamos honrarlo. Respetábamos el formato, pero también había que hacerlo nuestro, sin miedo”. Entre ambas versiones, la serie redefinió el humor laboral.
La serie original fue creada en 2001 para la BBC por Ricky Gervais y Stephen Merchant, quienes retrataron la vida en una oficina británica mediante un falso documental liderado por el incómodo jefe David Brent. El éxito fue tal que en 2005 cruzó el Atlántico: Greg Daniels desarrolló la adaptación para NBC con Steve Carell, quien hizo de Michael Scott uno de los personajes más memorables.
“Cuando nos llegaron los derechos, David Kirwan vino y nos preguntó si queríamos hacerla. Y el primer requisito de la BBC fue muy claro: ‘Hagan un cover, no una adaptación’ —recordó
Gaz Alazraki—, y eso buscamos”. El peso del proyecto es evidente.
Encontrar esa identidad propia implicó cambiar el punto de partida de la historia, “y para nosotros fue que nos habíamos clavado mucho en historias de daddy issues, en problemas de sucesión —explicó Alazraki—. Le pusimos esa impronta al trabajo”, y así surgió una oficina distinta: una empresa de jabones en Aguascalientes donde “la jerarquía no depende del talento, sino de la herencia”.
Ese detalle define al personaje central de la serie: Jerónimo Ponce III, interpretado por Fernando Bonilla.
El jefe, Jero
“Al principio vemos a un tipo torpe, inoportuno e inconsciente, pero fuimos encontrando más y más capas para explorar quién es realmente Jero”, explicó el actor sobre cómo crearon su personaje.
Para construirlo, Bonilla decidió tomar distancia de los referentes originales: “Lo más inteligente era olvidarme de ellos —dijo el actor sobre David Brent y Michael Scott—. El humor de Ricky Gervais está interiorizado en mí, pero no pensaba ni en David Brent ni en Michael Scott. Pensaba en cómo construir a Jero” y el objetivo era reproducir la incomodidad que convirtió a la serie en un fenómeno global.
“El hecho de que sea el hijo del dueño y que por eso no lo puedan correr nos dio un campo enorme para explorar. Podía ser de la verga y nadie lo iba a echar. Eso permitió complejizarlo y explorar sus antecedentes, sus traumas y por qué es una persona tan desagradable. Quería provocar cringe y que aún así quisieran verlo, empezamos a trabajar desde la lástima. A pesar de ejercer el poder, es un ser humano diminuto”, agregó Bonilla.
La oficina a la mexicana
La adaptación de The Office conserva uno de los elementos formales más reconocibles de la franquicia: el falso documental o mockumentary, que permite a los personajes interactuar con la cámara.
“El mockumentary es un formato que siempre me ha encantado —dijo Marcos Bucay—. Te da libertad para hacer cosas que en otros formatos no puedes: romper la cuarta pared y manejar distintos niveles de conflicto”.
Alazraki tuvo que aprender ese lenguaje durante la producción, “hablamos con el director de la versión polaca (Maciej Bochniak) y dijo algo que me gustó mucho: que los camarógrafos también son actores. Ellos no pueden anticiparse a lo que va a pasar, tienen que descubrirlo todo el tiempo”. Y fue así como ese juego técnico entre el equipo de producción se trasladó también al trabajo actoral.
“Los actores tenían distintos motivos para voltear a ver la cámara —explicó el director—, algunos lo hacían para presumir cuando sentían que estaban ganando algo; otros como diciendo: ‘Por favor, que la cámara no me esté viendo en este momento’. Toda esa magia se arma en la edición y creemos que funcionó como esperábamos”.
Más allá de la técnica o de los guiños a la serie original, La oficina apuesta por algo que hizo grande al formato desde el inicio: retratar el espacio de trabajo como un espejo social.
“La oficina es un microcosmos de cómo está conformada la sociedad —afirmó Fernando Bonilla—, a través de la comedia estamos exponiendo muchos de nuestros vicios: el clasismo, el racismo, la homofobia, la misoginia. No los validamos, los exponemos”.
En ese entorno surge también la dimensión más emocional de la serie, “en la oficina se crean amistades que poco a poco se convierten en familia”, explicó Bucay. Es claro que intentar una nueva versión de The Office sería un riesgo, pero precisamente ahí residía su apuesta: demostrar que incluso un clásico mundial puede encontrar otra oficina, otra forma de ver el mundo. Y sí, otra forma de incomodarnos.
La adaptación mexicana de The Office se estrena este 13 de marzo por Prime Video.