Halloween 2026 ha vuelto a poner sobre la mesa algunas de las leyendas urbanas más aterradoras. Entre ellas destaca una historia que, con el paso de los años, ha sido relacionada con Coraline y la puerta secreta, la famosa película animada del estudio LAIKA.
Desde MILENIO te compartimos qué hay detrás de esta inquietante historia y cuál es el supuesto caso real que habría inspirado al escritor Neil Gaiman para crear a una de las protagonistas más recordadas del cine de terror fantástico.
¿De qué trata la película Coraline y la puerta secreta?
Coraline y la puerta secreta cuenta la historia de una niña que se muda con sus padres a una nueva casa. Al sentirse sola y poco atendida por ellos, descubre una pequeña puerta que la conduce a una realidad alterna: un mundo aparentemente perfecto en el que tiene unos padres atentos, cariñosos y dispuestos a cumplir todos sus deseos.
Sin embargo, lo que al principio parece un refugio encantador pronto se transforma en una pesadilla cuando sus otros padres le revelan que, para quedarse con ellos, tendrá que aceptar una aterradora condición.
¿Cuál es la leyenda que inspira Coraline y La Puerta Secreta?
Aunque la historia nació de la imaginación de Neil Gaiman, con el paso del tiempo comenzó a circular una leyenda urbana que intentaba relacionar sus elementos más perturbadores con el supuesto caso de una niña desaparecida.
Esta versión fue modificándose conforme se compartía, hasta convertirse en el relato de unos niños que acudieron a un bosque para espiar una cabaña en la que, según los rumores, vivía una bruja junto a una pequeña que habría sobrevivido a un incendio en el que sus padres perdieron la vida.
Desde entonces, la menor habría quedado al cuidado de su abuela, quien supuestamente nunca le permitía salir de la casa. La curiosidad de un grupo de niños los llevó a escapar de sus hogares una noche y dirigirse a la misteriosa cabaña.
Al asomarse por una de las ventanas, aseguraban haber visto dentro de una cuna el cadáver de una bebé con botones cosidos en lugar de ojos. Los gritos de terror alertaron a los habitantes del pueblo, quienes dieron aviso a las autoridades sobre lo que los menores habían presenciado.
De acuerdo con la leyenda, cuando las autoridades ingresaron al inmueble y comenzaron a investigar, descubrieron que la niña realmente había muerto durante el incendio. Incapaz de aceptar la pérdida de su nieta, la abuela habría recurrido a supuestos rituales de brujería para intentar devolverle la vida.
El relato añade que estos rituales requerían sacrificios humanos, por lo que la anciana habría secuestrado a otros niños del pueblo para utilizar sus cuerpos como recipientes del alma de su nieta. Para conseguirlo, les cosía botones en los ojos e intentaba que el espíritu de la pequeña regresara a través de un nuevo cuerpo.