¿Por qué era importante que Lady Di tuviera un hijo y no una hija?

La maternidad de Lady Di estuvo atravesada por las reglas de sucesión de la monarquía británica, que privilegiaban a los hombres. Te contamos cómo influyó esto en su papel como madre.

Diana y Carlos, entonces Princesa y Príncipe de Gales, y sus hijos, William y Harry │ Foto: Lord Snowdon
Ciudad de México /
Únete al canal de Milenio

El 31 de agosto de 1997, Diana, princesa de Gales, murió en un accidente automovilístico en París. A 29 años de su fallecimiento, su figura continúa siendo objeto de investigaciones, documentales y análisis sobre su vida dentro de la familia real británica, su trabajo humanitario y las tensiones que marcaron su matrimonio con Carlos.

Pero antes de convertirse en una de las mujeres más reconocidas del mundo, Diana también tuvo que cumplir con una de las funciones históricas más importantes de las mujeres que ingresaban a la monarquía: tener descendencia.

En su caso, el nacimiento de sus hijos tenía además una dimensión que iba mucho más allá de la vida familiar. Cuando Diana quedó embarazada de su primer hijo, la sucesión al trono británico todavía estaba regida por una norma que privilegiaba a los hombres. 

Por ello, aunque no existe evidencia pública de que la Corona le hubiera ordenado explícitamente tener un niño, la propia estructura de la institución hacía que el sexo de su primer hijo tuviera consecuencias dinásticas.

Te recomendamos...
¿Quién era Lady Di en lo personal? Su hermano Charles Spencer revela su historia en un nuevo libro

¿La familia real esperaba un heredero varón?

Cuando Diana y Carlos contrajeron matrimonio en 1981, él era el primero en la línea de sucesión al trono de su madre, la reina Isabel II. Por lo tanto, la llegada de sus hijos no solo significaba ampliar la familia: representaba la continuidad de la Casa de Windsor.

Diana quedó embarazada poco después de la boda y el 21 de junio de 1982 nació William. El bebé se convirtió en el segundo en la línea de sucesión, detrás de su padre. Pero que William fuera niño sí importaba bajo las reglas de aquel momento.

La sucesión británica se regía entonces por la llamada primogenitura con preferencia masculina. El principio establecía que, entre los descendientes de un mismo monarca, un hijo varón podía tener prioridad sobre una hija mayor.

En términos prácticos, si el primer bebé de Carlos y Diana hubiera sido una niña y posteriormente hubiera nacido un niño, ese hermano menor habría podido ocupar una posición superior a la de su hermana.

La propia legislación británica que posteriormente modificó esta norma explicó el antiguo sistema de manera directa: un hijo menor podía desplazar a una hija mayor en la línea de sucesión.

Por eso, hablar de una expectativa por un heredero varón no significa necesariamente afirmar que alguien dentro de Palacio le exigiera a Diana tener un niño. La presión podía existir incluso sin una orden explícita: estaba incorporada en las reglas de la institución, en las expectativas sobre la familia real y en el significado que tenía producir al futuro heredero.

Princesa Diana y sus hijos William y Harry │ Foto: Especial

Diana habló sobre el nacimiento de sus hijos

Años después, Diana contó su propia experiencia. Durante su entrevista con Martin Bashir para el programa Panorama de la BBC, transmitida en 1995, la princesa recordó el momento en que supo que su primer bebé era un niño. Dijo que había sentido un “enorme alivio” y explicó que la expectativa alrededor del nacimiento había sido enorme.

Diana también habló sobre el papel que sus dos hijos tenían dentro de la sucesión. William, por su posición, tenía un futuro determinado dentro de la institución, mientras que Harry representaba una especie de respaldo para su hermano.

La declaración resulta especialmente reveladora porque muestra que Diana era consciente de que sus hijos no ocupaban únicamente un lugar dentro de su familia: también tenían una función dentro de la continuidad de la monarquía.

En ese sentido, el cuerpo de Diana se encontraba en medio de una estructura política y familiar al mismo tiempo. Su embarazo, el nacimiento de sus hijos y hasta el sexo de los bebés tenían una importancia que trascendía su experiencia personal como madre.

Aquí es donde la historia de Diana adquiere otra dimensión. Durante siglos, las monarquías europeas estuvieron organizadas alrededor de estructuras de poder predominantemente masculinas. La sucesión al trono es uno de los ejemplos más claros: durante generaciones, las mujeres podían heredar únicamente en determinadas circunstancias o eran desplazadas por hermanos varones.

En ese contexto, las mujeres de las familias reales también fueron asociadas con una función reproductiva. El matrimonio de una princesa o de una futura reina no solo podía responder a cuestiones personales o afectivas; también estaba relacionado con alianzas, descendencia y continuidad dinástica.

Diana llegó a la familia real en ese contexto. Su posición como esposa de Carlos estaba ligada a su papel como futura madre de los hijos del heredero. Pero al mismo tiempo, Diana fue construyendo una imagen pública que se alejaba de la representación tradicional de una mujer de la realeza.

La investigadora Colleen Denney ha estudiado precisamente la construcción de Diana como madre y la manera en que su imagen quedó relacionada con las expectativas de género y maternidad dentro de la monarquía.

Diana convirtió además su visibilidad en una herramienta para causas sociales y humanitarias. Con ello, su identidad pública comenzó a abarcar mucho más que la de esposa del heredero.

La institución podía necesitar una madre de futuros reyes; Diana intentó construir también su propia identidad como mujer, madre y figura pública.

¿Cómo era la relación de Diana con William y Harry?

La relación de Diana con sus hijos también fue presentada como una ruptura con algunas convenciones de la familia real. A diferencia de la imagen distante y protocolaria que durante décadas había rodeado a la maternidad dentro de la realeza, Diana procuró participar activamente en la vida cotidiana de William y Harry.

Los llevó a espacios públicos, participó en actividades escolares y buscó que conocieran experiencias alejadas del mundo protegido de Palacio. Esa faceta contribuyó enormemente a la construcción de su imagen como una madre cercana y afectuosa.

Pero también revela una contradicción: sus hijos eran al mismo tiempo sus hijos y parte de una institución que los había colocado desde su nacimiento dentro de una jerarquía de poder. 

William no podía ser simplemente William. Desde que nació, era también el segundo en la línea al trono. Harry tampoco podía ser únicamente el hermano menor. Su lugar tenía un significado dentro de la sucesión. Y Diana no podía ser solamente una madre. Era la madre de los futuros herederos de la Corona.

Lady Di y sus hijos, los príncipes William y Harry│ Foto: Especial

Charlotte: la princesa que nació bajo otras reglas

La situación que rodeó los embarazos de Diana cambió años después de su muerte. En 2013, el Parlamento británico aprobó la Ley de Sucesión a la Corona que eliminó la preferencia masculina para las personas nacidas después del 28 de octubre de 2011.

La reforma significó que un hijo varón ya no podía desplazar a una hermana mayor simplemente por ser hombre. En otras palabras, el orden de nacimiento pasó a importar por encima del sexo. El cambio se aplicó por primera vez a una generación que Diana nunca llegó a conocer.

El 2 de mayo de 2015 nació la princesa Charlotte, hija de William y Catherine. Su nacimiento ocurrió después de la entrada en vigor de las nuevas reglas de sucesión. Charlotte tenía un hermano mayor, George, nacido en 2013, y posteriormente nació su hermano Louis, en 2018. Sin embargo, cuando Louis llegó al mundo, no desplazó a Charlotte en la línea sucesoria por ser varón.

Charlotte permaneció delante de él. Ese detalle representa uno de los cambios más claros entre la generación de Diana y la de sus nietos. Si una hija de Carlos y Diana hubiera nacido antes que un hijo varón bajo las reglas vigentes en 1982, ese hermano menor habría podido adelantarla.

Charlotte, en cambio, nació en una monarquía en la que eso ya no era posible. La princesa se convirtió así en un símbolo involuntario de una transformación que ocurrió casi dos décadas después de la muerte de Diana: una niña nacida dentro de la familia real ya no tendría que ceder su lugar a un hermano simplemente por ser mujer.

Princesa Charlotte, hija del Príncipe William y Kate Middleton, príncipes de Gales │ Foto: Especial

Diana murió en 1997, cuando la sucesión británica todavía privilegiaba a los hombres. En 1982, cuando nació William, el sexo de un bebé podía determinar su posición frente a sus propios hermanos. Treinta y tres años después, Charlotte nació bajo un sistema diferente.

La diferencia permite entender mejor la presión que rodeó la maternidad de Diana.  No hace falta afirmar que alguien dentro de la Corona le dijo que debía tener un niño para reconocer que Diana estaba inmersa en una institución que otorgaba un valor dinástico distinto al nacimiento de un varón y al de una mujer.

La presión podía encontrarse en las reglas, en las expectativas familiares, en la prensa y en la propia conciencia de que estaba dando a luz a los futuros integrantes de la línea sucesoria.

Diana no llegó a ver la transformación. Pero su historia permite observarla con claridad: la monarquía británica pasó de un sistema en el que el sexo podía determinar el derecho sucesorio a otro en el que el orden de nacimiento tiene prioridad.

Y detrás de ese cambio jurídico también queda una pregunta sobre género que atraviesa la historia de Diana: ¿Qué ocurre cuando la maternidad de una mujer deja de ser solamente una experiencia personal y se convierte en una cuestión de continuidad, poder y futuro para toda una institución?

M.R.

  • Martha Romo
  • martha.romo@milenio.com
  • Periodista enfocada en entretenimiento con interés en perspectiva de género, salud mental y temas sociales. También escribo sobre música alternativa, cine, literatura escrita por mujeres, anime e historias que exploran la relación entre cultura y sociedad.

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite