Llegar a La obra que sale mal, montaje cómico que relata las peripecias de una compañía teatral ante una producción de misterio, significó para el actor venezolano Victor Oliveira cumplir un “sueño guajiro”.
Aún recuerda la llamada, a finales de 2025, del productor y actor Jerónimo Best, quien lo invitó a integrarse al montaje, que recientemente celebró más de 700 funciones. Oliveira esbozó una sonrisa ante la propuesta y no dudó: “Le dije inmediatamente que sí”.
Hoy, en la antesala de una gira con la obra por Monterrey, Guadalajara y Querétaro durante mayo, el actor, que interpreta al personaje de Roberto, celebra con MILENIO su rol: “El año empezó con la mejor compañía posible, compañeros de los que aprendo. Eso es lo más bonito que deja la carrera”, y reflexiona sobre el panorama actual de su profesión.
El teatro, una pasión
La primera vez que vio La obra que sale mal, Victor pensó: “Los compañeros son tan buenos que hacen que todo se vea fácil”. Sin embargo, al integrarse a la producción, se dio cuenta de lo “difícil” que es su ejecución: “Requiere precisión casi absoluta: mueves tu pie en una palabra, cruzas al otro lado del escenario en la siguiente, o tiras el agua en una frase específica”.
Por este rigor escénico, elogia a sus colegas y resalta la importancia de lo comunal dentro de las expresiones creativas: “El eje fundamental de la actuación es compartir algo con los demás”.
“Ese proceso de autoconocimiento ayuda a ser más compasivo, no solo con uno mismo sino con el entorno; ser menos volátil, menos impulsivo. Nos lleva a un lugar muy lindo de comprensión y entendimiento”, añade.
Con experiencia teatral en obras como Network, Cabaret, Falsa identidad y El eterno verano de la guerra, asegura que La obra que sale mal reafirma su perspectiva de lo “hermoso” que puede ser que “un fracaso se convierta en risas, en una historia que compartes”.
Con amplia experiencia televisiva en producciones como Bunker, Hernán, Isla Brava, Hotel Cocaine y Cóyotl, dice que prefiere el teatro "por el tiempo que estás metido en la cabeza de un personaje". Aunque reconoce que el cine tiene “su belleza en la sutileza”
“Todo mundo debería tomar una clasecita de teatro”, suelta.
El panorama actoral de Oliveira
Con la comedia como eslabón de su infancia — sobre todo gracias al programa Radio Rochela, donde se volvió fan de los personajes del humorista Emilio Lovera —, Victor entendió desde temprana edad que quería contar historias.
La vida, incierta, lo llevó por otros caminos... hasta reencontrarse con la actuación hace una década. Desde entonces se ha nutrido de mentores de escena como Ignacio Tahhan y Víctor Clavijo; de la filosofía de David Pastor Vico; y de la psicología de Alain de Botton para construir personajes. Pero, sobre todo, ha aprendido a soltar.
“El entretenimiento dejó de ser lo que era antes. Ahora lo más cautivador lo llamamos experiencia”, reflexiona.
Con el acceso a internet y a las plataformas, la competencia es más ardua, pero está convencido de que el espectáculo en vivo volverá a cobrar fuerza: “El teatro está dando la cara con producciones valientes y muy entretenidas. A lo mejor no todas llegan a 700 funciones, pero lo importante es que siempre haya teatro”.
“Se van renovando las metas, y más que ponerme algo enorme (por delante), prefiero sentirme cómodo en escena. Por ejemplo, si hay una escena tensa, trabajarla hasta estar tranquilo. Ese es el verdadero mérito”, confiesa el "ex perfeccionista", que ahora gusta de sentirse "libre" cada vez que pisa un set o escenario.
Apunta que en tiempos donde la inteligencia artificial incide cada vez más en procesos creativos, el gremio actoral está "preocupado". Pero él, que dice no ser negativo sino realista, pugna por mantener la esperanza: "En la medida que podamos hacer comunidad, vamos a hacer que el viaje sea más llevadero".
"Claro que es padre tener un teléfono, es una herramienta necesaria, pero hace mucho con nuestras mentes, con la salud mental. Hay que rescatar lo que podemos sentir".
Y mientras el mundo se vuelve cada vez más digital, el admirador de la obra Personas, lugares y cosas y la serie El caballero de los siete reinos apuesta por lo tangible: porque, al final, mientras haya teatro, habrá "un espacio para encontrarnos".
hc