Hay artistas que hacen canciones. Juan Manuel Torreblanca hace preguntas.
Su nuevo sencillo Lo más importante, segundo acto de Protocolo de Caídas, su EP concebido en tres partes, no llega con respuestas sino con una plegaria colectiva que él mismo admite que no sabe si alguien puede cumplir.
Cantautor, teatrero y ganador del Grammy Latino, Torreblanca es el tipo de artista que se incomoda con las preguntas fáciles y florece con las difíciles.
¿Quién es Juan Manuel Torreblanca?
Juan Manuel Torreblanca es cantautor, teatrero y ganador del Grammy Latino mexicano conocido por fusionar la música con la narrativa teatral.
Forma parte del proyecto Torreblanca, banda con la que ha lanzado álbumes como Bella Época y Todo el Mundo Está Roto, y ha colaborado con artistas como Carla Morrison, cuyo disco Déjenme llorar le valió el Grammy Latino.
Ahora presenta Protocolo de Caídas, un EP dividido en tres actos que lleva casi una década gestándose y que explora el duelo, las despedidas y la pregunta que da título a su más reciente sencillo: ¿puede una canción salvarnos?
¿Puede una canción salvarnos? La pregunta que no tiene respuesta
La pregunta que abre Lo más importante es también la que abre esta conversación: ¿puede el arte, ya sea música o teatro, realmente sanar? Torreblanca no esquiva la pregunta, pero tampoco la responde de manera sencilla; así lo platicó a MILENIO.
"Es una pregunta que no tengo una respuesta absoluta contundente y no sé quién pueda tenerla." Y sin embargo, la pregunta está ahí, en el centro de su canción. "El coro final pide una canción que nos salve, pero es como una plegaria, es como algo que no está ahí todavía y que quizás nunca llegue. Pero en la vida, como Sísifo, es seguir empujando esa gran roca cuesta arriba, aunque siempre vuelva a caer. De ahí nace esa plegaria colectiva."
Lo que sí cree es que el arte puede acompañar, aunque no salvar. Y lo dice desde una experiencia muy personal:
"Mi abuela murió hace poco y lo que pudimos hacer para acompañarla cuando estaba en terapia intensiva fue grabarle USBs llenos de música que le poníamos en la tele del hospital."
"Cuando todavía estaba consciente, lo agradecía mucho y decía que le ayudaba mucho eso. Entonces, no estando ahí en presencia, podíamos estar en algo parecido a la presencia a través de una curaduría de canciones que sabíamos que le iban a traer recuerdos o a acompañar o a hacer más tolerable esa distancia horrible en un cuarto solitario y frío de un hospital."
Y agrega: "Desde luego yo no creo que ninguna de esas piezas salvó a mi abuela, porque mi abuela murió eventualmente. Pero le acompañó y le hizo tal vez más agradable un momento difícil. Eso sí lo creo y eso también es valioso."
¿La música y el teatro pueden consistir? Dos formas de estar presente
Para alguien que vive entre la música y el teatro, la comparación entre ambos es inevitable. Torreblanca lo piensa con cuidado y llega a una conclusión que pocos dirían.
"El teatro es una obra de arte comunitaria. Cuando cobra vida es como una familia temporal que se une para hacer un trabajo de mesa, para desentrañar los secretos, los personajes, las revelaciones sobre la naturaleza humana que ojalá estén en ese texto. Que lo aprenden, lo repiten, lo vuelven lo más natural posible para poder darle vida como si fuera la primera vez, todas las veces que se haga."
Pero la música tiene algo que el teatro no puede replicar.
"La música tiene una posibilidad de vivir en la intimidad y en la soledad y de acompañarnos ahí. Ya sea escuchando una grabación en los audífonos o como le pasó a mi abuela en ese hospital. No estando ahí en presencia, que es esta gran diferencia del teatro contra la música, podíamos estar en algo parecido a la presencia."
Y hay algo que le fascina del teatro desde un ángulo completamente inesperado: su parecido con el juego infantil.
"Actuar creo que es algo tan parecido a jugar como cuando en el kinder una bola de niños dicen: 'bueno, ahora tú vas a ser un perro y yo voy a ser el veterinario'. Esa convicción de 'ok, ahora soy el perro' se me hace demasiado parecida a lo que pasa con un actor haciendo Shakespeare o con una actriz haciendo tragedia griega. Qué chistoso que algo tan cercano al juego genere esa ilusión donde hay personas que se dedican al arte que se vuelven famosas en todo el mundo."
Protocolo de Caídas en tres actos: ¿por qué en formato de una obra?
La estructura de Protocolo de Caídas en tres actos no fue un capricho artístico sino una solución práctica que terminó siendo también una declaración de principios.
"Surgió como una estrategia espontánea a la hora de platicar con OneRPM, que es la agregadora digital con la que trabajamos. Estábamos platicando de cómo publicar esta música, dado que en los últimos años lo más común ha sido publicar canciones sueltas, publicar solo sencillos. Entiendo la lógica detrás de eso porque es muy frustrante publicar un disco que tomó años aterrizar y que en dos días ya a nadie le importa."
Pero ninguna de las opciones convencionales le convencía del todo.
"A la hora que surgió la idea de hacer tres EPs, inmediatamente me vino a la mente este formato de construcción en tres actos, que es un guiño a este amor que tengo por el teatro y que parte de la gente que me rodea también tiene. Y combinado también con un guiño a los discos de vinilo, donde tenías el lado A y el lado B y efectivamente podías experimentar cada uno por separado."
La división no es arbitraria. Cada acto tiene su propia lógica interna.
"En el primer acto, el lado A tiene canciones más pop, más sentimentales, que hablan más de los afectos y de ese anhelo. Y el lado B habla más de reflexiones introspectivas y de relaciones con el arte, es un poco más experimental, más retadora, menos pop." El segundo acto, donde vive "Lo más importante", va adentrándose más en el territorio de las despedidas. "El lado B de este segundo acto es el lado de la música más vulnerable, más frágil. Donde la muerte ya apareció y ya se llevó lo que se iba a llevar."
Y todo esto viene de un proyecto que tiene casi una década gestándose.
"Ha sido casi 10 años la creación del Protocolo de Caídas. Había suficiente material para más de 12 canciones. Y si no lo hubiéramos hecho como actos y fueran canciones sueltas, quizás no surgirían estos diálogos entre un momento y otro del EP."
El Grammy, Carla Morrison y la honestidad sobre el éxito
Torreblanca ganó el Grammy Latino como parte de la producción de Déjenme llorar de Carla Morrison, un reconocimiento que recibe con una honestidad desarmante.
"En mi vida cotidiana no le doy mucha atención a los premios, no creo que sean la meta a la que le apunta uno cuando crea algo. Pero habiendo tenido ya la fortuna de haber estado en algunas entregas de premios y haber vivido tanto la experiencia de no ganar muchas veces como de ganar algunas, pues me voy a negar, sí es muy bonito ganar. Se siente como una palmada en el hombro, como un reconocimiento del esfuerzo."
Sin embargo, no se apropia del mérito de manera total.
"Yo sí le aporté algo valioso a ese disco, no me quiero minimizar. Pero pienso que el que ese disco se haya ganado Grammys principalmente es por Carla, porque tiene ese compendio de virtudes que son al mismo tiempo especiales, sinceras, bellísimas y con el potencial de atraer mucha gente y muchas escuchas. Eso le gusta mucho a la academia."
Y se pregunta a sí mismo con honestidad:
"Yo no sé si yo tengo la capacidad de ser favorito de las academias de la industria. Quizás lo que yo le agrego a la música puede ayudar a que algo mejore. Sin embargo, no sé si yo soy ese tipo de artista."
¿Qué espera de las personas que escuchan por primera vez su música?
Antes de terminar, una pregunta sobre lo que quiere que sienta el público con su música lo incomoda de una manera que él mismo reconoce como reveladora.
"Me resulta como imposible pensar en tener una expectativa o hacer una estrategia para manipular a un público para que sientan algo que yo quiero que sientan, porque yo no sé para nada cómo funciona la mente de otra persona y no sé qué va a sentir."
Lo que sí sabe es lo que busca cuando compone.
"A la hora de hacer música, yo estoy buscando sentir yo algo que me aclare algo, que me alivie o que se parezca a la belleza. Y una vez que ya lo terminé y lo solté, a lo mucho que creo que puede aspirar una canción como obra de arte es hacer una cosa de espejo donde con suerte alguien más va a reflejar sus propias vivencias. No lo sé, pero me interesa mucho más que alguien llegue y me diga lo que esa canción le hizo sentir, algo que a mí jamás se me habría ocurrido. Ahí es donde para mí está la magia."
El tercer acto de Protocolo de Caídas todavía está por llegar. Y después, el disco completo como un solo ente.
"Habrá más oportunidades de golpe", dice Torreblanca con la calma de alguien que lleva casi una década construyendo algo en lo que confía completamente.