A los 13 años, Sebastián Llosa tuvo una revelación: descubrió una la guitarra eléctrica y, tras ver videos de músicos que le parecían “una especie de dioses” sobre el escenario, quiso vivir algo similar.
Tomó el instrumento, aprendió a tocar y, aunque un tiempo se alejó temporalmente de él, esa experiencia "forjó mucha de mi identidad musical".
“Ese momento típico de adolescente de descubrir la música y que tu mundo cambie por completo. Eso me marcó mucho”, recuerda el cantante peruano en entrevista con MILENIO.
Tiempo después de aquel primer chispazo, el sobrino de Vargas Llosa —es hijo del director de cine Lucho Llosa y de la cantante Roxana Valdivieso— ha convertido esa pulsión adolescente en una carrera exitosa que combina pop, rock, soul y R&B, y donde actualmente atraviesa una nueva etapa tras el lanzamiento de Un último beso.
La canción que esperó más de dos años
Un último beso no nació de una experiencia estrictamente personal, pero sí universal: las rupturas y las despedidas. Y no necesariamente las románticas, sino cualquier momento donde se dice adiós.
“Es autobiográfica solo en el sentido que todos hemos vivido rupturas o despedidas, ya sea románticas o no. O probablemente a todos nos va a pasar. De ahí nace la canción”, explica.
El tema, que salió el pasado 17 de septiembre, permaneció archivado tanto tiempo porque el cantante esperaba "el momento adecuado", pero afortunadamente comprendió que eso podía extenderse indefinidamente.
“No la había sacado porque me daba nervios... me gusta tanto que estaba esperando el momento perfecto, hasta que un día me di cuenta de que no existe tal cosa como un momento perfecto, y no la podía seguir guardando”.
Una decisión que refleja su modo de relacionarse con la música: “Todas las letras tienen un alma un poco trágica y no sé... es algo que tengo adentro cuando hago las canciones. Creo que esa cosa melancólica siempre me persigue”.
Un lado vulnerable que antes le daba vergüenza
Llosa se describe como alguien "bromista y cínico", poco dado a mostrar sus emociones, pero con sus canciones ocurre lo contrario: se vulnera.
Revela que en sus primeros años esa exposición le daba "vergüenza", pero ahora "me divierte que la gente vea ese otro lado mío".
Ese contraste comenzó a ser más visible con Alguien más, canción que tras su salida en 2022 se volvió un fenómeno viral en plataformas y dotó de mucha más exposición al cantante.
Desde entonces, lo que ha cambiado "es que tengo una mejor relación con el proceso de componer; para empezar, como todo en la vida cuando uno lo va haciendo más, uno mejora. Lo disfruto más. Ahora no me torturo tanto, tengo más confianza".
Y lo que se mantiene es que "no es que todos los días me provoque sentarme a componer", de ahí que siente que "debería calentar la voz más seguido para cuidarla, cosas así. Pero lo más importante es no dejar de escribir música; volverlo un hábito, que sea levantarme y agarrar la guitarra”.
“Lo que define mi carrera es eso”, dice sobre la pasión y la persistencia.
México y la libertad de ser independiente
Después de visitar la Ciudad de México durante años y por diversos motivos, Sebastián actualmente vive aquí y se siente "muy ligado" a la cultura local: “Entre peruanos y mexicanos tenemos mucho parecido, así que me siento en casa”.
Cuenta que su primer concierto con venta de boletos ocurrió en la capital, por eso le tiene cariño, más ahora que avanza como artista independiente, lo que le permite controlar su música y sus tiempos.
“Da muchas libertades y las estoy disfrutando; el no pedir permiso ni perdón al sacar canciones, al tiempo que yo quiera”.
Tras la breve gira que realizará por México —9 de octubre, Guadalajara; 11, Tijuana; 15, Puebla; y 16, Monterrey—, Llosa tiene como objetivo acrecentar la comunidad alrededor de su arte respondiendo a su confianza.
“Cuando hago un concierto y me entero que una persona viajó para ir a verme, siento la responsabilidad de un buen show. Esto conlleva ciertas responsabilidades, pero me da mucha alegría tenerlas. Estoy agradecido”, zanja.
hc