M+.- “El camino del arte (o de cualquier profesión) se sostiene sobre tres pilares: pasión, paciencia y disciplina”. Con esta frase, Patricia Reyes Spíndola resume la filosofía que ha guiado más de cinco décadas de carrera como actriz y maestra de actuación. Sin esos tres elementos, advierte, el crecimiento se detiene y la madurez profesional corre el riesgo de convertirse en frustración.
Actriz, directora, docente y formadora de generaciones enteras de intérpretes, se define a sí misma como disléxica, hiperquinética, chambeadora, incansable y, sobre todo, profundamente enamorada de su oficio.
“Un actor sin disciplina es un actor sin talento, y la disciplina empieza por la puntualidad”, sentencia.
Nacida para actuar
Patricia nació para actuar. Desde niña, la televisión ejercía sobre ella una atracción irresistible. Se colocaba frente a la pantalla y repetía cada comercial que veía, como si ya estuviera ensayando para el escenario.
Su debut no oficial llegó a los cinco años y estuvo impulsado por una mezcla de iniciativa, carisma y un dulce incentivo.
“Vivía frente al Parque de los Venados, junto a una heladería. Me hice amiga de las empleadas; ellas ponían música y yo les pedía permiso para bailar sobre las mesas. La gente se acercaba, compraba más helados y a mí me pagaban con un helado o con 20 centavos. Bailaba cha-cha-chá, imagínate. Un día llegó mi mamá, me cachó en plena función y me prohibió regresar”, recuerda entre risas en el podcast Pioneras MILENIO, conducido por las periodistas Claudia Solera, Janis Mérida y Cinthya Sánchez.
A los 15 años comenzó a trabajar como asistente en un consultorio dental para costear sus estudios de actuación. Durante seis años combinó el trabajo con las clases, demostrando desde muy joven que el talento, por sí solo, nunca es suficiente.
Aunque su familia insistía en que estudiara una carrera universitaria tradicional, ella tenía claro que la actuación también era una profesión que exigía preparación, disciplina y resistencia.
Más de 50 años formando actores
A los 21 años, en 1972, descubrió otra vocación que la acompañaría toda la vida: la enseñanza.
Su gran mentor fue el director y promotor teatral Virgilio Mariel, cuya influencia marcó profundamente su visión artística. La muerte de Mariel, apenas cinco años después de conocerlo, dejó una huella imborrable en la joven actriz.
En homenaje a quien considera uno de sus grandes maestros, Patricia bautizó con su nombre uno de los salones de M&M Studio, la escuela de actuación que fundó hace 35 años —y su gran proyecto personal—.
Su filosofía pedagógica es abierta y plural. Está inspirada en el sistema de talleres con el que ella misma se formó y parte de una convicción fundamental, y es que ningún maestro posee la verdad absoluta.
“Siempre les digo a los alumnos que no nos hagan caso ciegamente. Aprendan todas las técnicas (Stanislavski, Adler y las que encuentren). Pregunten, cuestionen, exploten a sus maestros, pero al final construyan su propio método. Ninguno de nosotros tiene la verdad absoluta”.
También observa con preocupación la inmediatez con la que muchas nuevas generaciones buscan el éxito.
“Creen que por estudiar seis meses ya los van a llamar. Hay que tocar puertas, insistir y aprender a lidiar con el rechazo”, insiste.
Le sorprende que muchos jóvenes estudien cine o televisión mexicana sin consumir el producto nacional. Por ello, una de sus tareas consiste en analizar programas locales, identificar quién los produce, quién los dirige y quién realiza los castings, en lugar de limitarse a seguir la trama.
A la vez, anima a sus estudiantes a aprovechar las herramientas tecnológicas que tienen al alcance.
“Hoy pueden grabar con un teléfono celular. No importa si no son escritores; tengan iniciativa, desarrollen ideas y grábense. En la escuela les prestamos las instalaciones y el material necesario”.
Bendito encasillamiento
Con cerca de 150 producciones entre cine, teatro y televisión, la propia fisonomía de Patricia Reyes Spíndola terminó definiendo buena parte de los personajes que interpretó.
Lejos de considerarlo una limitación, lo ve como una bendición.
Durante décadas, la televisión mexicana estuvo marcada por estereotipos donde los personajes adinerados eran representados por actores “blancos o güeros”. A Patricia le ofrecían con frecuencia papeles de amas de llaves o mujeres de origen popular.
“Todo el mundo me dice: ‘Es que te encasillaron’. ¡Pues yo lo agradezco! Si no me hubieran encasillado, tal vez no habría hecho personajes tan maravillosos como los que interpreté. Nunca me sentí afectada; al contrario, qué padre que siempre tengo trabajo”.
Su perfil también le abrió puertas impensables. Gracias a él pudo trabajar con Emilio El Indio Fernández en Pueblerina.
Pero si la televisión la encasilló, asegura que el cine la liberó.
“Yo soy un producto del cine”.
Ha participado en más de 70 películas bajo la dirección de figuras fundamentales de la cinematografía mexicana como Arturo Ripstein y Felipe Cazals. Entre sus trabajos destacan producciones como Los motivos de Luz, Pedro Páramo y El coronel no tiene quien le escriba.
Incluso su llegada a Hollywood estuvo relacionada con su decisión de mantenerse alejada de las cirugías estéticas.
Cuando los productores de la famosa serie Fear The Walking Dead buscaban a una actriz latina de su rango de edad, encontraron que la mayoría de las aspirantes estaban "jaladas" (operadas). El director buscaba realismo absoluto y el físico de Patricia la llevó directo al universo de los zombis.
Entre la austeridad y el Ariel de Oro
A pesar de ser una de las actrices más respetadas de México, el glamour nunca ha formado parte de su estilo de vida.
Conduce una miniván familiar —a la que llama cariñosamente “Mamá Van”— para pasear a sus perros. Prefiere los aretes de fantasía de 18 pesos antes que las joyas costosas con brillantes.
Esa sencillez, explica, nació de sus años recorriendo plazas públicas, cárceles, escenarios callejeros y espacios de televisión educativa como Telesecundaria y Canal Once.
De los cinco Premios Ariel que ha recibido a lo largo de su trayectoria, hay uno que ocupa un lugar especial.
En septiembre de 2025 recibió el Ariel de Oro por Trayectoria, reconocimiento que celebra más de medio siglo de aportaciones al cine mexicano desde su debut cinematográfico en 1972.
Entre las frases que mejor resumen su carrera hay una que suele repetir en entrevistas con humor.
“Siempre he dicho que la televisión es mi marido, el cine, mi amante y el teatro, el gigoló”.
Una optimista disfuncional
A más de cinco décadas de haber iniciado su carrera, Patricia Reyes Spíndola continúa activa, adaptándose a los cambios de la industria y participando tanto como actriz como directora en proyectos masivos como La Rosa de Guadalupe, producción en la que dirigió y protagonizó los dos primeros capítulos hace 18 años.
Ahora, de vez en cuando, les pide “de buena onda” a los productores de La Rosa de Guadalupe que le den la oportunidad de interpretar a una “abuela rica”.
Cuando se le pregunta cómo le gustaría ser recordada, responde sin titubear.
“Quiero que me recuerden como alguien que tuvo mucha pasión por su trabajo y como una persona muy alegre. Una amiga dice que soy una ‘optimista disfuncional’, porque siempre encuentro algo bueno incluso en las peores situaciones.
“La vida tiene muchos caminos y a veces nos clavamos en la parte negativa. Todo lo malo tiene algo bueno, como las pilas. A mí me gusta inyectarle esa pasión por la vida a la gente”.
Quizá esa sea la enseñanza más importante que Patricia Reyes Spíndola ha dejado a miles de alumnos y colegas después de más de medio siglo de carrera: el talento abre puertas; el espíritu positivo ayuda a resistir los tropiezos; pero son la pasión, la paciencia y la disciplina las que sostienen una carrera a lo largo del tiempo.
ksh