“Lo que no se atiende se revive”: Las Azules abordan el Halconazo en su segunda temporada

La segunda temporada llega a Apple TV como reflejo de lo ocurrido en los años 70 con la represión estudiantil como fondo.

Las actrices regresan en la segunda temporada. | Especial
Ciudad de México /
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Hay heridas que no desaparecen con el paso del tiempo; cambian de forma, se incorporan a la memoria colectiva y reaparecen cuando alguien se atreve a mirar hacia atrás. Ese es el territorio al que entra Fernando Rovzar con la segunda temporada de Las Azules, una serie que comenzó contando la historia de cuatro mujeres que se abrieron paso en la policía mexicana de los años 70 y que ahora utiliza su investigación para volver a una de las heridas más profundas de aquel momento: el Halconazo.

La temporada arranca después de la represión estudiantil del 10 de junio de 1971 (la matanza del jueves de Corpus), cuando Los Halcones atacaron una manifestación en la Ciudad de México. Para Rovzar, el reto no estaba en reconstruir el acontecimiento desde la perspectiva que hoy permite conocer sus consecuencias, sino en regresar a un momento en el que la información estaba marcada por el silencio y la incertidumbre, porque “eso es evidencia de que lo que no se atiende se repite, lo que no se atiende se revive”.

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Durante una charla con MILENIO, Rovzar, creador de la serie, explicó que se trata “de una temporada 2 que empieza el día después del Halconazo, y no de un Halconazo como lo conocemos hoy, que tenemos la información, sino de un Halconazo como lo vivieron ellos, que fue bajo unos medios de comunicación silenciados” y en esta ocasión con un grupo de mujeres policía que se abren paso a través de la investigación para resolver situaciones alrededor de aquel hecho que marcó la historia del país.

La investigación de las protagonistas las lleva entonces más atrás, hasta Tlatelolco. Porque, en la ficción, el caso que enfrentan conecta con los estudiantes y con la violencia que marcó a toda una generación, haciendo que la investigación criminal se convierta también en una búsqueda de aquello que permaneció oculto. Para Rovzar, hablar de 1971 sin mirar hacia 1968 habría significado dejar incompleta la historia y por ello la ficción nos reconecta con lo acontecido también en la Plaza de las Tres Culturas.

“Hablar del 71, del Halconazo, es hablar de lo que hubo antes, es imposible no seguir la conversación y empezar a hablar de Tlatelolco”, dijo el showrunner. Por eso la serie incorpora nuevos personajes relacionados con aquel episodio, interpretados por Luis Curiel, Elena del Río, Renata Vaca y Alejandro de Hoyos, a quienes Rovzar identifica como sobrevivientes de Tlatelolco. Y es que, la intención es devolverles una dimensión humana a quienes con frecuencia quedan reducidos a una fecha o a una cifra.
“Y yo creo que a través de estos cuatro personajes nos damos cuenta de realmente la edad que tenían los jóvenes en ese momento, realmente quiénes eran las personas que el gobierno consideraba tan grande amenaza como para masacrarlos en una plaza, la Plaza de las Tres Culturas”, señaló Rovzar sobre el contexto histórico y sobre aquellos estudiantes que fueron catalogados como peligrosos, “cuando lo ves en la serie, te cae el 20 de que eran niños, esa era la gran amenaza del gobierno, eran jóvenes queriendo exigir un mejor país”.
Foto: Especial

La mirada sobre esos jóvenes también dialoga con la historia de las protagonistas. Las Azules nació de mujeres reales que decidieron entrar a una institución dominada por hombres, y Rovzar reconoce que la construcción de sus personajes estuvo atravesada por las mujeres que han formado parte de su propia vida, “en cada uno a lo mejor hay un poquito de mí”, explicó, antes de hablar de sus abuelas, su madre, sus hijas y Bárbara Mori, además de Tala y Araceli, las dos hermanas policías que inspiraron la historia.

Ese origen explica que la serie no utilice a sus protagonistas únicamente para resolver crímenes. Cada una enfrenta también una estructura que intenta definirla, limitarla o decirle cuál debería ser su lugar en la institución policiaca y en el mundo. En la segunda temporada, esa lucha toma formas diferentes, pero encuentra un punto de contacto en María, interpretada por Mori, quien ya no está intentando únicamente escapar de la vida que otros eligieron para ella, sino descubriendo qué quiere hacer con la libertad que consiguió.

Para la actriz, esa evolución encontró un vínculo personal con su propia experiencia “y ha sido muy interesante el paralelismo, reflejarme en María. Y que de pronto ella esté atravesando algo que yo también estoy atravesando y fue como agarrarnos, como para atravesar juntas y yo compartirle un poco de mi experiencia, de lo que estoy atravesando justo en mi vida”. Ese acercamiento le permitió interpretar a una mujer que atraviesa una transformación menos evidente, pero más profunda: aprender a pensar en sí misma.

“Me parece muy hermoso el arco de María, sobre todo en estos tiempos, en donde es una mujer que vivía para los demás y ahora está dándose cuenta de que quiere vivir para ella y de que quiere encontrar y saber qué la hace feliz y qué le gusta”, afirmó Mori. Por ello, la nueva posición de María como teniente y posible líder de Las Azules convive con las decisiones que todavía tiene pendientes sobre su matrimonio y con su deseo de permanecer presente para sus hijos, dilema constante en el que surge la culpa y el deseo de crecer.

“Ni siquiera había tenido tiempo para pensar qué le gusta y ahorita está tratando de encontrar ese tiempo, porque también está debatiéndose entre esta nueva oportunidad de ser teniente y de ser líder de Las Azules, y por otro lado, huyendo un poco a la decisión de qué va a hacer con su marido, pero tratando de estar ahí presente para sus hijos. Siento que su más grande experiencia la ha sacado de la vida, de debatirse entre todos estos roles que ella ha tratado de jugar siempre y ahorita habitándose, y eso es hermoso”, dijo.

Si María intenta recuperar el derecho a decidir sobre su propia vida, Ángeles enfrenta el desafío de que los demás aprendan a reconocerla por lo que es y no por aquello que consideran diferente. Interpretada por Ximena Sariñana, la especialista en huellas dactilares representa otra dimensión de la inclusión dentro de una historia que constantemente cuestiona las reglas impuestas a sus protagonistas. Para Sariñana, el conflicto de Ángeles está precisamente en la mirada de quienes la rodean.

Foto: Especial
“Definitivamente creo que los obstáculos a los que se enfrenta Ángeles justo tienen que ver con eso, con que la gente, la policía y la sociedad termine por apreciarla por quien es y aceptarla por quien es. Cuáles son sus fortalezas y cuáles son más que debilidades. Hay que entenderla de una forma distinta. Y eso lo vemos muy claramente en esta temporada, y creo que me gusta mucho el lugar al que la llevó Fer con su escritura. Me encanta”, explicó Sariñana sobre el tratamiento del personaje para esta nueva entrega.

María y Ángeles atraviesan conflictos diferentes, pero ambas forman parte de una misma conversación. Una cuestiona los roles que durante años aceptó como propios; la otra, la manera en que una sociedad decide qué características pueden convertirse en fortalezas y cuáles deben ser corregidas. Las dos, desde lugares distintos, desafían una estructura que pretende definirlas antes de conocerlas. Ese cuestionamiento adquiere otra dimensión cuando sus historias se encuentran con el México del Halconazo.

Para Sariñana, acercarse a ese episodio no significa únicamente interpretar un momento histórico, sino enfrentarse a una memoria que todavía pertenece a la ciudad y a quienes crecieron escuchando hablar de ella, “es un trauma colectivo con el cual uno puede perfectamente empatizar, porque es algo que sucedió justo en el centro de la ciudad en donde crecimos y que siempre es parte de la conversación y de la historia. A través de la empatía es que uno puede regresar a contar la historia”, dijo.

Ahí se encuentra el vínculo entre la historia que Las Azules cuenta y la historia que México todavía intenta comprender: El Halconazo habla de una sociedad en la que el poder intentó silenciar a una generación que exigía un cambio; mientras Las azules intentan modificar las reglas de un sistema que no las acepta. La segunda temporada no utiliza el pasado para ambientar una nueva investigación, lo convierte en una pregunta sobre la memoria, el poder y lo que ocurre cuando una sociedad no atiende sus propias heridas.

hc

  • Ivett Salgado Méndez
  • ivett.salgado.mendez@gmail.com
  • Periodista y conductora de entretenimiento, con más de 15 años de experiencia. Durante la última década mi especialidad ha sido el cine, en combinación con la producción de televisión.

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