Albergues modifican dinámicas para integrar al migrante a la comunidad en La Laguna

Para los espacios de apoyo, el reto ahora es doble: seguir brindando ayuda humanitaria a quienes siguen su camino hacia el norte y construir puentes para quienes se quedan en la región.

La migración cambió de manera radical con la llegada al poder de Donald Trump en Estados Unidos hace un año. | Verónica Rivera
Torreón, Coahuila /

La migración cambió de manera radical con la llegada al poder de Donald Trump en Estados Unidos hace un año. Esto significó que albergues y espacios que atienden a migrantes modificaran sus dinámicas. Desde Torreón, Coahuila, los comedores y refugios dejaron de recibir por día a cientos de personas. Ahora atienden cantidades más pequeñas y acompañan a quienes decidieron hacer una pausa en el sueño americano o bien optaron por establecerse en esta ciudad norteña. 

Es el caso del Centro para Migrantes “Jesús Torres” que redujo de manera considerable sus atenciones entre 2024 y 2025. De 15 mil personas albergadas pasó a menos de una tercera parte de eso. En contraste, el acompañamiento para que los migrantes buscaran asilo subió. 

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Durante el año que recién terminó su área legal acompañó a 24 familias para establecerse de manera legal con el trámite ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) que tarda en promedio entre 6 meses y un año. 

“Hemos identificado que hay mayores casos de familias. Anteriormente eran casos individuales, ahora son familiares y pues también muchos de ellos optan por una regularización migratoria”, explica Carolina Hernández, encargada del Programa de Asuntos Migratorios de la Ibero Torreón y asesora legal del centro.

 Puntualiza que algunos de estos casos corresponden a migrantes que intentaron cruzar en años anteriores a Estados Unidos y no pudieron porque estaban en la espera de las citas CBP One o de algún salvoconducto como para poder cruzar de manera legal, sin embargo, se quedaron aquí en espera y muchos de ellos han tenido hijos nacidos en México. 

“Anteriormente era más que nada un error, ellos decían que querían llegar a Monterrey y que llegaron aquí y pues aquí se quedaron. Pero este año nos comentaron que porque aquí hay trabajo, estamos hablando que ven a Torreón, Monterrey e incluso Saltillo como ciudades destino por una cuestión económica, pero también refieren el tema de seguridad”. 

Según cifras del Centro para Migrantes “Jesús Torres”, las solicitudes de refugio eran escasas antes de la pandemia, después hubo un promedio de 15 por año hasta 2025 que hubo 24. El 70 por ciento de esas solicitudes corresponden a venezolanos y el resto está desglosado entre hondureños, colombianos, entre otros. 

“Parece ser un número no tan grande, pero las dinámicas han cambiado bastante, ya que no todas las personas que están aquí solicitan el refugio. Eso también es importante resaltarlo”, explica Hernández. 

Sobre el tema de seguridad, la asesora refiere que la percepción hacia la policía municipal mejoró pero persisten reportes de hostilidad por parte de la autoridad estatal. 

Aunque el cambio no fue gratuito, pues entre 2021 y 2024 múltiples quejas ante la Comisión de Derechos Humanos del Estado orillaron a un diálogo entre las autoridades locales y el albergue para cambiar dinámicas de trato hacia los migrantes. 

“La relación que hemos tratado de ir construyendo con el gobierno municipal ha funcionado para darles mayor tranquilidad a ellos (los migrantes), pero cuando hablamos a nivel estatal siguen apelando al desconocimiento en su actuar y son más duros”, dice la abogada.

Atención de mayor calidad

Para Irma Leticia Valles, coordinadora del Comedor “Santa Cecilia”, ubicado en la colonia Las Julietas, al suroriente de Torreón, el cambio de dinámicas migratorias les ha permitido ofrecer un servicio de mayor calidad. 

“Antes no podíamos tener un menú fijo porque había bastante gente. Servíamos lo básico: frijol, arroz y huevo, pero ahora ya podemos dar un platillo en específico cada día, incluso hay quienes nos dicen que es el primer lugar en México donde les ofrecen un pedacito de carne y sopa”. 

Recuerda que en 2024 la atención récord de un día fue de 495 personas y el año pasado a lo máximo que llegaron fueron 60 personas, pero con un promedio de entre 20 y 25 migrantes. La activista destaca que, además de apoyar a quienes van en tránsito por La Laguna, también brindan alimento y vestido a quienes decidieron establecerse en la región. 

“Aquí les proporcionamos comida mientras ellos consiguen un trabajo y pueden establecerse, en ocasiones también hasta medicamentos o consulta médica”. 

Sin embargo, aclara que muchos de los que están en pausa en la región le comentaron la intención de continuar con su búsqueda del sueño americano. Por lo pronto al menos cinco familias de venezolanos, hondureños y guatemaltecos acuden de manera frecuente al espacio para recibir alimento.

Leticia Valles es directa al decir que la labor humanitaria que realizan no sería posible sin la colaboración de la ciudadanía e instituciones educativas que donan alimentos, ropa y medicamentos para el funcionamiento del comedor. 

Aunque también lanza un llamado para que la comunidad aporte un soporte emocional. 

“Si la gente mira por ahí a un migrante se puede acercar y escucharlo, pues tienen muchas necesidades de ser escuchados más que el alimento. No los vean como malas personas”.

Integrar al migrante

“Buscamos tanto acogernos como integrarlos a la comunidad y en eso trabajamos muy estrechamente. Uno de los principales retos que tenemos tiene que ver con lo laboral, pues nos ha tocado que en algunos trabajos no les aceptan la residencia permanente”, dijo Carolina Hernández, abogada del Centro “Jesús Torres”. 

Indica que por medio de distintos organismos empresariales como la Canaco y la Canacintra permear con esa información. 

“Su residencia permanente tiene validez, o sea como a lo mejor no en los derechos civiles y políticos, pero sí como para el ejercicio de otros derechos para que puedan tener su número de seguro social”. 

La asesora legal refiere que en el caso de los más pequeños de las familias han estado al pendiente de poder insertarlos en planteles educativos para que puedan seguir con su proceso de formación básico. 

“Todas las personas, independientemente de su estatus migratorio, tienen el derecho de ir a la escuela, pero en ocasiones nos topamos que hay directores o maestros que dan el no, pero en estos casos la SEP puede emitir una CURP provisional”. 

Detalla que en el último año consiguieron que 9 infantes ingresaran a escuelas torreonenses para seguir con su educación. 

María Concepción Martínez, coordinadora operativa del Centro “Jesús Torres”, compartió también que para acompañar a las familias en su proceso de refugio en la ciudad crearon desde la Parroquia de San Judas Tadeo un programa de “despensa solidaria” para brindar insumos a algunos migrantes mientras consiguen trabajo. 

“Como es todo en el centro hay un registro de todo lo que se hace, un control de los programas o de los proyectos que tenemos. Aquí las familias vienen a recibir esa despensa y a comer”. 
“Ahora ellos buscan adaptarse aquí. Las necesidades del migrante han cambiado y ahora ya no ven la ciudad como un lugar de paso, sino de destino. Como centro tenemos la obligación de buscar la integración local”. 

Sin embargo, dentro de este objetivo principal hay matices que las personas activistas ven necesario priorizar, entre ellos una mayor atención emocional. 

“Si bien es cierto llegan personas en menor número, lo hacen con particularidades muy especiales. Todas tienen una necesidad de atención psicosocial muy importante por todas las violaciones a los derechos de los que han sufrido”, concluye Carolina Hernández.

cale

  • Luis Alberto López
  • Reportero lagunero con más de 15 años de experiencia. Labora en MILENIO desde 2011, además fue becario Hub de Periodismo de Investigación de la Frontera Norte y de la Séptima Generación de la Red LATAM de Jóvenes Periodistas. Ganador en dos ocasiones del Premio de Periodismo Cultural de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC) en la categoría de reportaje.

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