A las 2:10 de la madrugada del 19 de febrero de 2006, una sacudida subterránea marcó para siempre la historia minera de México. En la mina 8 de la Unidad Pasta de Conchos, ubicada en la Región Carbonífera de Coahuila, 65 trabajadores quedaron atrapados tras un siniestro que, dos décadas después, sigue generando dolor, exigencias de justicia y nuevas interrogantes.
Ayer jueves se cumplieron 20 años de la tragedia, y para las viudas, hijos y familiares de los mineros, entrevistados por MILENIO, el paso del tiempo no ha significado olvido, sino perseverancia. La reciente recuperación de restos humanos, en condiciones que consideran reveladoras, ha fortalecido una convicción sostenida durante años: que muchos de los trabajadores permanecieron con vida tras el siniestro.
“No hubo explosión”: la postura de las familias
“Nosotros decimos que muchos quedaron con vida. Entonces, si no hubo una explosión, así como dijo Industrial Minera México y el gobierno, la Secretaría del Trabajo, ¿verdad? Entonces ellos quedaron vivos y se movieron. No estaban trabajando, estaban en otro lugar, ropa intacta”, afirmó Fernando Acosta, asesor técnico de las viudas y familiares.
De acuerdo con la información proporcionada por las familias, hasta ahora han sido rescatados 27 mineros. En todos los casos —aseguran— los restos han sido encontrados como esqueletos completos, con ropa en condiciones que describen como “intactas”, apenas afectadas por el paso del tiempo, así como con objetos personales, entre ellos anillos de matrimonio.
Para los familiares y su asesor técnico, estas características contradicen la versión oficial difundida en 2006, cuando, cinco días después del accidente, las autoridades federales determinaron suspender el rescate bajo el argumento de condiciones de alto riesgo derivadas de una explosión.
“Son las 2:10 de la mañana, hace 20 años, a esta hora sucedió un siniestro donde, en el turno de segunda, quedaron atrapados 65 compañeros mineros que se encontraban laborando para llevar el sustento a sus hogares. Hace 20 años que estos mineros fueron abandonados”, expresó Acosta durante la conmemoración.
La palabra “abandono” ha sido constante en el discurso de las familias, quienes sostienen que la decisión de suspender los trabajos en 2006 cerró la posibilidad de encontrar sobrevivientes en los primeros días, cuando aún existía esperanza.
Vigilia, misa y memoria en la mina
En la zona de la mina, las actividades conmemorativas iniciaron desde la madrugada de este jueves. Familiares pernoctaron en el sitio, encendieron veladoras y guardaron un minuto de silencio a la hora exacta del siniestro. A las 9:00 de la mañana se celebró una misa y se colocaron ofrendas florales en memoria de los trabajadores.
El obispo de la Diócesis de Piedras Negras, Alfonso Miranda, encabezó la ceremonia religiosa y dirigió un mensaje de unidad y esperanza.
“Hoy, a 20 años, seguimos aquí, seguimos unidos, seguimos conectados con Dios, seguimos pidiendo a Dios tantas respuestas que esperamos. Pero seguimos unidos a Dios, seguimos pidiendo por ellos, seguimos viviendo. No nos perdamos”, expresó ante las familias.
Para muchas viudas, el acto religioso no sólo representó consuelo espiritual, sino una reafirmación pública de que la lucha continúa. Actualmente, faltan 38 mineros por ser rescatados. Para las familias, la primera fase es lograr la recuperación total de los restos; la segunda, obtener justicia y verdad plena sobre lo ocurrido.
Memorial y exigencia en la capital del país
En paralelo a los actos realizados en Coahuila, la Organización Familia Pasta de Conchos encabezó un memorial en la capital del país. Frente al antimonumento ubicado en Paseo de la Reforma, recordaron a los 65 mineros y reiteraron su exigencia de que el rescate continúe hasta el último trabajador.
Elvira Martínez Espinosa, viuda de Jorge Vladímir Muñoz Delgado, leyó un posicionamiento colectivo.
“El rescate debe estar ligado a la ineludible implementación de medidas de no repetición y al planteamiento de alternativas laborales que transformen la realidad económica de la zona y de quienes ahí habitamos”, señaló.
Tras dos décadas de movilizaciones, denuncias y acompañamiento de organizaciones civiles, dijo que la esperanza “florece” con los avances recientes.
“Hoy celebramos avances en el rescate y la recuperación de 25 mineros, 23 ya restituidos. Para las familias esto representa un triunfo frente a la indolencia institucional y la impunidad empresarial, y confirma que siempre tuvimos la razón al sostener que el rescate era posible y, por ende, debe continuar hasta que regresen a casa”, manifestó.
La organización subrayó que el rescate no puede entenderse únicamente como un procedimiento técnico, sino como un acto de justicia integral.
“No se trata de un procedimiento técnico, sino de un acto de justicia que debe acompañarse del esclarecimiento de la verdad y de lo que ocurrió en la mina”, agregó Martínez Espinosa.
En el acto conmemorativo en la Ciudad de México también participó el obispo emérito de Saltillo, Raúl Vera López, quien ha acompañado históricamente la causa de las familias y ha denunciado las condiciones laborales en la industria minera.
Veinte años después, la herida abierta
La tragedia de Pasta de Conchos se convirtió en uno de los episodios más emblemáticos de la lucha por la seguridad laboral en México. En 2006, el siniestro expuso las precarias condiciones en las que operaban diversas minas en la Región Carbonífera de Coahuila y abrió un debate nacional sobre la responsabilidad empresarial y la supervisión gubernamental.
Durante años, las familias enfrentaron procesos judiciales, peritajes contradictorios y negativas oficiales para reanudar el rescate. No fue sino hasta la administración federal actual cuando se retomaron formalmente los trabajos de recuperación en el interior de la mina.
Los avances recientes han permitido la localización y restitución de restos, pero también han reavivado la discusión sobre lo ocurrido en las primeras horas tras el siniestro. Para el asesor técnico Fernando Acosta, las condiciones en que han sido encontrados los cuerpos refuerzan la hipótesis de que no hubo una explosión devastadora como se afirmó en su momento.
La expectativa ahora está puesta en los resultados técnicos y en la información que la Presidencia de la República pueda compartir en los próximos días. Las familias insisten en que cualquier conclusión debe sustentarse en evidencia científica actual y hacerse pública con total transparencia.
Mientras tanto, en la Región Carbonífera, la vida sigue marcada por la minería. Las organizaciones de familiares han reiterado que el rescate debe acompañarse de políticas de no repetición y de alternativas económicas que reduzcan la dependencia de una actividad históricamente riesgosa.
A 20 años del siniestro, el reclamo central permanece intacto: recuperar a los 38 mineros que aún permanecen bajo tierra y esclarecer plenamente lo ocurrido aquella madrugada del 19 de febrero de 2006.
Para las familias, la frase que resume su lucha es clara y contundente: “Siempre estuvieron vivos”.