• El Cerro de las Noas ya no tiene noas: desapareció la planta que dio nombre al símbolo de Torreón

Especialistas advierten que su recuperación natural es poco probable debido a su lento ciclo biológico, mientras esfuerzos de reproducción y conservación buscan evitar que la especie desaparezca de la memoria de La Laguna.

Kirk Castillo
Torreón, Coahuila. /
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M+.- El perfil del Cerro de las Noas es, por derecho propio, el óleo más nítido de la identidad lagunera. Al levantar la mirada desde cualquier punto de Torreón, su silueta recortada contra el cielo azul evoca fe, turismo, tradición e industria.

Sin embargo, en la cima de este coloso geográfico se esconde una paradoja ecológica desgarradora: el cerro más famoso de La Laguna ha quedado completamente despojado de la planta que le dio su nombre, como pudo comprobar MILENIO.

La Agave victoriae-reginae, conocida popularmente por los habitantes de la Comarca como la noa, ha sido borrada de forma absoluta de sus laderas naturales.

La mano del hombre, guiada por un crecimiento urbano desordenado que comenzó en los años sesenta, la deforestación y un mercado negro de extracción ilegal, terminó por extinguir la flora nativa de este ecosistema, transformando el nombre del sitio en el epitafio de un paisaje que ya no existe.

Hoy en día, las faldas del monte albergan concreto, escalinatas, complejos religiosos y desarrollos turísticos de gran calado, pero ni una sola noa silvestre crece entre sus rocas.

Lo que alguna vez fue un manto verde y geométrico de suculentas que maravilló a los fundadores de la ciudad, hoy es solo memoria árida.

La desaparición de esta especie endémica no es un hecho aislado, sino una alerta roja sobre la fragilidad de nuestro patrimonio biológico.

Recuperar lo que la inconsciencia colectiva destruyó en unas cuantas décadas representa uno de los retos ambientales más complejos para la región, pues la naturaleza opera con un reloj de paciencia infinita que choca de frente con la urgencia humana.


El diagnóstico del desierto: la pérdida del hábitat natural

La certeza de la extinción local de la especie en el cerro no proviene de especulaciones, sino del trabajo de campo diario. Jesús Orozco, director del Puerto Noas —el complejo turístico y teleférico que corona la cima—, confirma el desolador panorama tras múltiples inspecciones en las zonas escarpadas que antes servían de nicho ecológico para esta planta de colección.

“Es el Cerro de las Noas. Hace algunas décadas había muchísimas noas, pero por cuestiones ambientales y por el valor que tiene esta planta, además de que muchas personas las extraían del cerro, poco a poco se fueron extinguiendo”, advierte Orozco con un tono de profunda preocupación.
“Nosotros lo hemos constatado en los recorridos que realizamos debajo de las instalaciones del Puerto Noas, donde prácticamente ya no hemos encontrado ejemplares en estado natural”.

El atractivo de la noa radica en su morfología. Su disposición perfecta de hojas rígidas con líneas blancas bien definidas simula una corona esculpida en el desierto, lo que despertó una codicia desmedida en el mercado del paisajismo y los coleccionistas particulares de cactáceas y suculentas.

El proyecto final de esta iniciativa de rescate apunta a la consolidación de un santuario vivo en la cúspide de Torreón.| Kirk Castillo

Durante años, camiones y saqueadores hormiga ascendieron al cerro para arrancarlas de raíz y venderlas de manera ilícita en viveros clandestinos de la región y del extranjero, sin que ninguna autoridad detuviera el ecocidio.

Para revertir esta tragedia, la administración del Puerto Noas ha implementado una estrategia de conservación ex situ a través de la instalación de un centro de reproducción controlado.

“Esta flora tiene una gran importancia ornamental. Hay productores que la reproducen y cuentan con los permisos correspondientes. En nuestro caso, tenemos un vivero bastante amplio de noas y de otras plantas de ornato. Nosotros únicamente las reproducimos para nuestras propias instalaciones o para intercambiarlas con otras dependencias, como la Dirección de Medio Ambiente Municipal o la empresa Peñoles”, explica Jesús Orozco, haciendo hincapié en que se trata de una planta originaria de esta franja desértica que difícilmente se localizará de forma silvestre en otras latitudes del planeta. “Aquí nació y aquí pertenece”, sentencia.

Un ciclo biológico que juega en contra del tiempo

La posibilidad de reforestar el cerro y devolverle su antigua fisonomía choca de frente con una barrera biológica invariable: el crecimiento exasperadamente lento de la suculenta.

Gerardo López, encargado del área de jardines en el Puerto Noas, detalla la complejidad botánica de una especie cuyo nombre de catálogo rinde pleitesía a la historia del siglo XIX, pero cuya realidad actual se debate en la vulnerabilidad.

“Su nombre científico es Victoriae-reginae. Se deriva del nombre que le dio un botánico inglés, quien la catalogó en honor a la reina Victoria de Inglaterra. Sin embargo, es una planta nativa de esta región de La Laguna, del sureste de Coahuila, así como de algunas zonas de Durango y Nuevo León, donde todavía puede encontrarse de forma silvestre”, relata el especialista botánico.

El ciclo vital de la noa es un drama de resistencia. La planta puede vivir entre los 10 y los 15 años de edad, periodo durante el cual acumula energía de manera sumamente pausada en el suelo desértico.

La certeza de la extinción local de la especie en el cerro no proviene de especulaciones, sino del trabajo de campo diario.| Kirk Castillo

Al aproximarse el final de su existencia, la noa despliega un mecanismo reproductivo majestuoso pero fatal: desarrolla una imponente caña central que brota desde su núcleo, alcanzando alturas considerables.

En la punta de esta estructura se genera una inflorescencia cargada de semillas destinadas a perpetuar la especie. Una vez que las semillas maduran y se dispersan con el viento del desierto, la planta madre muere de forma irreparable.

El verdadero nudo gordiano para los ambientalistas radica en lo que ocurre tras la dispersión.

“En condiciones naturales, el proceso de germinación de la semilla puede tardar varios años. No brota de inmediato; puede llevar hasta tres años en tierra para que nazca una nueva noa. Por eso, de manera natural será muy difícil que esta especie vuelva a abundar en el Cerro de las Noas”, especifica Gerardo López, añadiendo que una planta cultivada en invernadero requiere un mínimo de tres años bajo cuidados estrictos antes de poseer la fortaleza necesaria para ser trasplantada a suelo firme.

El jardín botánico: un bastión para el futuro de La Laguna

Ante la imposibilidad de una regeneración espontánea en las laderas áridas, el personal de jardinería del Puerto Noas ha comenzado a tejer una red de seguridad biológica a través de la reproducción vegetativa, un método que aprovecha los "hijuelos" o brotes laterales que surgen en la base de algunos ejemplares maduros para acelerar el poblamiento.

Lo más complicado de esta planta es su desarrollo tan lento. Aquí en el vivero tenemos algunos ejemplares y estamos trabajando en su reproducción vegetativa mediante hijuelos. Además, dentro de nuestras instalaciones ya destinamos un espacio importante donde bajamos ejemplares a tierra para formar un área con noas y otras especies”, comparte el encargado de jardines.

El proyecto final de esta iniciativa de rescate apunta a la consolidación de un santuario vivo en la cúspide de Torreón: un jardín botánico especializado que funcione como un aula didáctica abierta al público y como un banco genético de la flora regional.

El objetivo primordial es que las futuras generaciones de laguneros no tengan que aprender qué es una noa únicamente a través de fotografías de archivo o relatos nostálgicos de sus abuelos.

La extracción ilegal, la expansión urbana y la pérdida de hábitat extinguieron localmente a la Agave victoriae-reginae.| Kirk Castillo.
“Estamos creando un jardín botánico, no solo para conservar la noa, sino también otras plantas representativas de la región. La intención es que sea un espacio didáctico y que, en el futuro, se convierta en un patrimonio propio de las instalaciones del Puerto Noas”, concluye López con optimismo.

La dolorosa ausencia de la noa en las faldas de su cerro homónimo es el recordatorio más vivo de cómo las actividades humanas pueden desarticular ecosistemas enteros en un abrir y cerrar de ojos.

El daño ambiental acumulado durante más de medio siglo en el monte más sagrado de Torreón no se solucionará con decretos de escritorio ni con campañas de reforestación cosméticas.

Devolverle la corona al desierto demandará constancia, rigor científico y una profunda educación comunitaria que entienda que el valor de una planta radica en su permanencia en el hábitat, y no en una maceta decorativa de un jardín privado.

El Cerro de las Noas sigue de pie, vigilando el crecimiento de la Comarca; corresponde ahora a la sociedad civil y a las instituciones trabajar en conjunto para que su nombre deje de ser un fantasma del pasado y vuelva a ser una realidad tangible arraigada en la piedra.

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