"Cada día quiero tirar la toalla": sequía, deudas y abandono arrinconan a ganaderos caprinos de Coahuila

La falta de agua, pastizales y apoyos gubernamentales obliga a los ganaderos caprinos de San Pedro a vender sus rebaños.

Los ganaderos caprinos de campo del municipio de San Pedro se han visto obligados a vender sus rebaños. | Damián Ramírez.
San Pedro, Coahuila /
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M+.- La sequía prolongada, la escasez de agua y pastizales, los bajos precios de la leche y la falta de apoyos gubernamentales están llevando al límite a los ganaderos caprinos de campo del municipio de San Pedro, en la Comarca Lagunera de Coahuila, quienes poco a poco se han visto obligados a vender sus rebaños para poder sobrevivir.

Son pocos los ganaderos caprinos de campo —o "chiveros", como se les conoce popularmente— a quienes aún se les ve por los montes sampetrinos. La escasez de pasto, la falta de agua y el abandono gubernamental los han orillado, poco a poco, a vender sus rebaños.

Fernando es uno de los pocos pastores que aún recorren la parte baja de San Pedro, Coahuila. A caballo o a pie, busca incansablemente alimento y agua para sus animales. El trabajo es arduo: cobijado apenas por su sombrero, resiste las altas temperaturas y el sol incandescente, todo con el único propósito de llevar el sustento a su familia.

Para Fernando y sus compañeros, el orgullo, la tradición familiar y el amor por sus animales son el motor que los impulsa a seguir adelante, a pesar de que las ganancias sean cada vez menores.

"Este trabajo ya no es redituable. La leche que producen nuestras cabras se paga a un precio muy bajo y, por la falta de alimento, rinden poco. La situación económica de nuestras familias se ha vuelto insostenible", señala.
"Ya no son los tiempos de antes, cuando tener chivas u otro tipo de ganado daba satisfacciones y el trabajo, aunque duro, dejaba buenas utilidades", agrega.

Además de las inclemencias del clima, a los caprinocultores se les dificulta encontrar lugares adecuados para instalar sus corrales o "mangas", como llaman al sitio donde se establecen temporalmente con sus animales.

Para ser chivero se requiere temple y una gran condición física; es una labor de jornada completa que no conoce pausas. | Damián Ramírez.

Un trabajo sin descanso

Para ser chivero se requiere temple y una gran condición física. Es una labor de jornada completa que no conoce pausas.

Aquí no hay fines de semana, ni vacaciones, ni mucho menos días festivos. Todos los días hay que trabajar, porque los animales comen y toman agua a diario, refieren ganaderos.

La jornada comienza antes de que salga el sol. Hay que calentar las manos para la primera tarea del día: la ordeña. Para ello se necesitan rodillas fuertes, pues el procedimiento manual se realiza enteramente en cuclillas.

Entre las 7:00 y las 8:00 horas, el rebaño exige salir. Al ser cabras de pastoreo, buscan el monte y hay que guiarlas. El chivero alista su caballo, su burro o simplemente se dispone a caminar. El ganado se adelanta en busca de algo de vegetación para recuperarse de la ordeña.

Es un recorrido de todo el día. El único receso es el que se toman las propias cabras durante la siesta del mediodía. Luego, la caminata continúa y, al caer la tarde, es hora de regresar al corral. Sin embargo, la labor no termina ahí: aún falta acondicionar todo lo necesario para la jornada del día siguiente.

Si las distancias lo permiten, el pastor regresa a su casa. De lo contrario, debe pernoctar en el campo dentro de una casa de campaña improvisada con mantas y materiales ligeros, en medio de la soledad y con la única compañía de sus animales y de sus perros guardianes.

La búsqueda incansable de agua y alimento

Aunque durante los últimos meses se han registrado algunas precipitaciones, la lluvia ha sido insuficiente para permitirles establecerse durante periodos largos en un solo lugar. El poco pasto que brota se seca rápidamente o queda inservible al ser pisoteado por el ganado.

Aunque en discurso se habla de apoyo al sector, los programas suelen beneficiar a los ganaderos de establo o grandes productores.| Damián Ramírez.

Fernando y sus compañeros explican que se han visto obligados a convertirse prácticamente en nómadas y alejarse de sus hogares para conseguir alimento y agua. Esta movilidad constante representa un gasto severo en gasolina, alimentos y fletes de mudanza.

En ocasiones, los chiveros deben migrar a otros municipios e internarse en serranías en busca de pasto verde y abrevaderos. Son riesgos que deben asumir al adentrarse en la naturaleza, expuestos a los cambios del clima y a los peligros de la intemperie.

El agua: una crisis permanente

El agua representa el obstáculo más crítico. Si la naturaleza no la concede mediante la lluvia, no queda más opción que comprarla.

Los ganaderos recuerdan que años atrás llovía con mayor frecuencia y las reservas naturales en llanos y montes mantenían sus niveles. Hoy, con la sequía acentuada, se ven obligados a transportar el líquido desde lugares cada vez más lejanos. Esto constituye uno de sus gastos más pesados debido al alto costo del combustible, que absorbe el escaso margen de ganancia que genera su trabajo.

Dicen que "agua que no has de beber, déjala correr o dásela a los animales", pero ya ni eso, lamentan. "Hasta el agua de los canales de riego, de los estanques y de las vegas ejidales nos la cobran. Ya ni el agua es gratis para nosotros".


Sin apoyo oficial ni precio justo

Los productores señalan que, aunque en el discurso oficial se habla de apoyo al sector agropecuario, los programas suelen beneficiar únicamente a los ganaderos de establo o a los grandes productores.

Año con año, las autoridades municipales y estatales entregan alimento subsidiado y sementales para el mejoramiento genético. No obstante, estos esquemas benefician mayoritariamente a quienes cuentan con el capital para cubrir las cuotas requeridas.

Juan Rivera, ganadero de la parte baja de San Pedro, coincide en que dichos apoyos nunca llegan a los chiveros de campo: "Se los dan a los mismos de siempre, a los que sí pueden pagar. Además, entregan muy poco producto alimenticio. Nos dejan sin esperanza, dependiendo solo de la bendición de Dios y de nuestro propio esfuerzo".

La economía de los chiveros depende de dos rubros: la producción de leche y las pariciones o "ahijaderos" de cabritos. Ambas actividades sufren por la falta de esquemas de comercialización equitativos.

En cuanto a la leche, el panorama es similar: se paga apenas a siete pesos por litro.| Damián Ramírez.

Juan explica que logran obtener hasta dos ahijaderos al año, dependiendo de la nutrición y la salud del rebaño.

Sin embargo, al momento de vender, quedan a merced de los intermediarios o coyotes, quienes compran las crías a precios irrisorios para luego revenderlas con un margen de ganancia mucho mayor.

"A veces los mismos intermediarios nos hacen préstamos cuando ven que nuestra economía está por los suelos. Pero al momento de pagar, casi siempre con los mismos cabritos, nos quedamos sin nada. Solo trabajamos para entregárselos".

En el municipio no existe un centro de acopio o un mercado regulado que garantice precios justos; la compraventa se realiza de palabra. En cuanto a la leche, el panorama es similar: se paga apenas a siete pesos por litro y, si los animales están mal alimentados, el rendimiento cae drásticamente.

"Cada día, al levantarme, me dan ganas de tirar la toalla y buscar otros horizontes. Pero veo a mis animales y me vuelve la esperanza. Además, sabemos que si vendemos el ganado nos darán una miseria y los años trabajados se irán a la basura", confiesa Juan.

Los pocos pastores que quedan en el municipio se mantienen en pie confiando en que las lluvias continúen y permitan amortiguar la temporada antes de la llegada del invierno, cuando nuevamente tendrán que ingeniárselas para alimentar a sus animales.

Para colmo, al buscar empleos alternativos en la región, descubren que la falta de trabajo es generalizada. El arrepentimiento de deshacerse del ganado siempre está presente, pero una vez vendido el rebaño no hay marcha atrás: solo queda volver a empezar desde cero.

Los pocos pastores que quedan se mantienen confiando en que las lluvias continúen y permitan amortiguar la temporada.| Damián Ramírez.

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  • Damián Ramírez
  • Soy el reportero que cuenta las historias del pueblo para el mundo

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