En la comunidad rural de Poanas, el panorama tras las lluvias atípicas, lejos de traer calma, mantiene la preocupación y la incertidumbre durante el proceso de recuperación de su vida antes de la contingencia.
A una semana de que la corriente bajara con fuerza desde los cerros de Dinamita y desbordara el antiguo ramal del canal de Tlahualilo, los habitantes caminan entre escombros, tierra húmeda y pertenencias inservibles con la meta de ponerse de pie una vez más.
Las historias de los pobladores reflejan no solo la magnitud de la devastación patrimonial, sino también el pánico de una madrugada en la que el agua no dio tregua.
Para Cecilio Aguilera del Toro, la contingencia significó el colapso total de la casa donde vivía su padre, una estructura principalmente de adobe con cuatro cuartos, sala y cocina que no resistió la humedad acumulada.
"El agua aumentó al momento, desbordó el canal y ya no hubo nada que hacer. Nos fuimos a resguardar y horas después nos avisaron que la casa se había caído por completo", relató Cecilio.
El siniestro representa un golpe doble para su familia, pues hace cinco años sufrieron una situación similar. "Apenas nos andábamos aliviando de la vez pasada, íbamos recuperando las cosas y otra vez perdimos todo, hasta muebles que todavía ni terminábamos de pagar", lamentó. A pesar de la pérdida total, mantiene la disposición de reconstruir: "Nosotros le entramos a la mano de obra, solo necesitamos los materiales de construcción".
Para Cuauhtémoc López, la madrugada del pasado viernes 2 de octubre, la urgencia los tomó por sorpresa. El nivel del agua subió rápidamente dentro de su vivienda, obligándolo a evacuar junto a su esposa y familiares hacia la zona del puente.
"Nos salimos como a las 3:30 de la mañana, ya no nos dio chance de nada. Sacamos todo para afuera porque ya nada servía: camas, muebles, electrodomésticos y los documentos personales, todo se fue en el agua", compartió Cuauhtémoc.
Pérdidas materiales y familias en riesgo
A la pérdida del mobiliario y el colapso del techo de su casa se sumó la pérdida de su medio de transporte, una camioneta que quedó varada y sepultada por la corriente. Pese a estar albergados temporalmente fuera de la comunidad, regresa diariamente por las mañanas a realizar labores de limpieza. "Es un golpe duro, pero ahí la llevamos, paso a paso", afirmó.
La angustia también marcó a Aidé López, cuya madre, hermanas e hijos pequeños se encontraban en el poblado al momento de la inundación. Desde una localidad vecina, Aidé vivió horas de zozobra al no poder comunicarse ni acudir de inmediato debido a los caminos anegados.
"Fue de mucha impotencia y desesperación. Nadie contestaba porque andaban intentando abrir paso para que saliera el agua y resguardando a los niños en la carretera. Por fortuna mi familia logró salir hacia La Aurora", expresó.
Aunque la vivienda de sus familiares soportó la fuerza del agua gracias a que fue reconstruida con material tras la inundación de 2021, el interior registró pérdida total de colchones, ropa, electrodomésticos y equipo, como bombas de agua que terminaron quemadas.
Actualmente, Aidé solicitó un adelanto de sus vacaciones para dedicarse por completo a apoyar a su familia en la limpieza. Señala que, aunque han recibido alimentos y víveres por parte de las autoridades y la ciudadanía, la carencia más crítica es el equipamiento básico para habitar de nuevo los inmuebles: "Lo más urgente ahorita son colchones y camas. Todo el rancho perdió dónde dormir y se necesita ayuda para que los niños y los adultos mayores tengan un lugar digno".
Piden materiales para reconstruir sus hogares
Entre las principales afectadas se encuentra Juana María Ruíz Moreno, cuya familia perdió prácticamente la totalidad de sus pertenencias tras el colapso de su vivienda.
Juana María, quien fue una de las primeras residentes en sufrir el desplome de su casa, relata que la estructura cedió por completo, perdiendo electrodomésticos como el refrigerador y la estufa, además de camas, ropa, guardarropas y todos los bienes que poseían.
Actualmente, Juana María, su esposo y sus tres pequeños hijos —dos niñas de 9 y 7 años, y un niño de 4— sobreviven hacinados en el único cuarto de block que quedó en pie dentro del mismo predio. Las necesidades más apremiantes de la familia son inmediatas: un espacio adecuado donde dormir y un lugar para preparar sus alimentos.
A pesar de que el personal gubernamental ha acudido a tomar fotografías y registrar los daños, la ayuda técnica no ha llegado. La familia vive con el temor constante de que una barda que permaneció en pie pueda colapsar en cualquier momento, poniendo en riesgo la integridad de los menores.
"Pedimos a las autoridades que vayan, me tumben esa barda de peligro y me apoyen a acomodar lo que quedó en pie", manifestó Juana María, haciendo un llamado desesperado a las instancias correspondientes para recibir apoyo con maquinaria y reconstrucción antes de que ocurra un accidente.
Entre maquinaria pesada que retira escombros y cuadrillas de apoyo, la población de Poanas intenta dejar atrás la pesadilla de la inundación. Aunque la asistencia alimentaria ha aliviado las necesidades inmediatas de consumo, el clamor generalizado de la comunidad se concentra en la llegada de materiales de construcción, muebles y enseres domésticos que les permitan levantar nuevamente las paredes y techos de sus hogares.
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