Álvaro Ramses nació antes de tiempo. Llegó al mundo con apenas siete meses de gestación y, como ocurre en muchos partos prematuros, sus pulmones no alcanzaron a desarrollarse por completo. Desde ese primer instante, cada uno de sus respiros se convirtió en una batalla diaria y silenciosa, que hoy libra con la ayuda de un tanque de oxígeno y bajo la vigilancia constante de su madre, Paola García.
Según narró a MILENIO, Paola aprendió rápido que con Álvaro no existen descansos ni distracciones. El oxígeno no puede fallar, la boquilla no puede desprenderse y el color de la piel del pequeño debe ser observado de manera permanente para detectar cualquier señal de alarma. Si el bebé comienza a ponerse morado, cada segundo cuenta.
Esa vigilancia se extiende las 24 horas del día, dentro y fuera de casa, en los trayectos al hospital y en los pocos momentos en los que intenta cumplir con otras responsabilidades, como el cuidado de su hijo mayor, un niño de cinco años que también requiere atención y acompañamiento.
El trayecto que se volvió viral
Fue precisamente durante uno de esos trayectos cuando Paola y su hijo aparecieron en una imagen que se viralizó en redes sociales hace un par de días. La fotografía muestra a la mujer caminando con dificultad, cargando al bebé y el tanque de oxígeno, mientras avanza por las calles de la ciudad de Durango rumbo al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), donde el pequeño Álvaro recibe atención médica especializada.
Ese día, como muchos otros, su esposo logró llevarla hasta la entrada del hospital antes de acudir a trabajar. A partir de ahí, el resto del camino quedó en manos de Paola.
“Por decir hoy, que fui, me dejó mi esposo ahí en la entrada y ya nada más el trayecto, diez minutos, pero hay que subir con el niño, el tanque… pues es arriba. Y sí, es bastante pesado”, relata.
Obstáculos en cada paso
Lo que para cualquier persona representa una caminata corta, para ella se convierte en un desafío físico y emocional. El peso del tanque, el cuidado del bebé, la mochila con pañales y alimentos, y la atención constante a su hijo mayor se suman a las condiciones poco favorables del entorno urbano.
Las banquetas desalineadas, los desniveles y los obstáculos en la vía pública son el primer reto. Paola debe avanzar con cautela, sin perder de vista que Álvaro no se arranque los aditamentos que le permiten respirar. Cada paso implica equilibrio, fuerza y concentración.
El esfuerzo continúa dentro del hospital
Una vez dentro del hospital, el esfuerzo no termina. Escaleras, rampas y pasillos largos forman parte de la rutina. Subir y bajar con el tanque de oxígeno y el bebé en brazos es parte de un recorrido que se repite con frecuencia, sin importar el cansancio.
“Se tiene que hacer”, responde con firmeza cuando se le pregunta por el sacrificio que implica acudir constantemente al hospital, incluso cuando debe hacerlo en transporte público. Para Paola, no existe otra opción: la salud de su hijo está por encima de todo.
Momentos críticos y miedo constante
Durante su estancia en el hospital, Álvaro estuvo intubado en un par de ocasiones para poder mantenerse con vida. Fueron momentos críticos que marcaron profundamente a su madre. La incertidumbre, el miedo y la espera se volvieron parte de sus días y noches.
Por eso, para Paola, el llanto de su bebé tiene un significado distinto. Mientras que para muchos padres puede ser una señal de incomodidad o molestia, para ella es una confirmación de vida.
“Cuando llora, yo sé que está bien. Sé que está respirando, que está luchando”, explica.
Una vida dedicada por completo al cuidado
Desde el nacimiento de Álvaro, Paola dejó su trabajo, en el que se dedicaba a actividades de segunda mano, para enfocarse de tiempo completo en el cuidado de su hijo. No fue una decisión sencilla, pero sí necesaria. El pequeño requiere atención constante y el oxígeno debe acompañarlo durante el tiempo que los médicos determinen.
En los últimos días, familiares han notado que el bebé ha tomado mejor color, una señal que para ellos representa esperanza. Para Paola, cada pequeño avance es una muestra más de las ganas de vivir de su hijo.
“Yo sé que él está luchando. Ahora ya va a cumplir dos mesecitos y está luchando desde que nació”, dice con voz firme, cargada de emoción.
Noches sin dormir y vigilancia permanente
La primera noche después de que Álvaro fue dado de alta del hospital fue especialmente complicada. Paola no pudo dormir. Permaneció despierta, vigilando cada movimiento, cada respiración, cada sonido. El miedo a que algo saliera mal no la dejaba cerrar los ojos.
Esa vigilancia nocturna se ha vuelto una constante. Dormir por lapsos cortos, despertar ante cualquier ruido y revisar que el oxígeno funcione correctamente forman parte de una rutina agotadora que se repite día tras día.
Un llamado a la solidaridad
A pesar del cansancio y las dificultades, Paola no se queja. Su prioridad es que su hijo salga adelante. Sin embargo, la situación económica de la familia se ha visto afectada. Al dedicarse al cien por ciento al cuidado de Álvaro, los ingresos son limitados y los gastos médicos continúan.
Por ello, la señora García solicita el apoyo solidario de la ciudadanía, principalmente en especie, para poder continuar con el cuidado de su hijo durante el tiempo que requiera el oxígeno. Pañales, leche, apoyo para traslados o cualquier ayuda representa un alivio para la familia.
Quienes deseen apoyar pueden comunicarse al número telefónico 618-319-3133.
Cada respiro como acto de amor
La historia de Álvaro y Paola es el reflejo de muchas madres que, lejos de los reflectores, libran batallas diarias para mantener con vida a sus hijos. Es también un recordatorio de la importancia de la empatía, la solidaridad y la necesidad de ciudades más accesibles para quienes viven realidades como ésta, donde cada respiro cuenta y cada paso es un acto de amor.
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