La tarde comenzó a caminar vestida de blanco en el ejido La Unión. El punto de reunión fue "El Cerrito" dónde descansa una imagen de la Virgen de Guadalupe.
Uno a uno, los habitantes de la comunidad se congregaron para participar en una marcha-peregrinación convocada por la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe.
Algunos llegaron con globos blancos entre las manos; otros lo hicieron acompañados de sus familias. Todos compartían una misma intención: pedir por la paz y elevar una oración por las víctimas del ataque ocurrido en la Secundaria General 13.
Al frente iba la imagen de la Virgen de Guadalupe, convertida en una especie de compañía para una comunidad que todavía intenta asimilar lo ocurrido.
La marcha fue encabezada por el párroco Roberto Chávez Casillas, quien llamó a recuperar la confianza y a fortalecer los espacios donde se forman las nuevas generaciones.
Sonaban los violines y tambores de las danzas de Matachines y conforme avanzaban por las calles del ejido, más habitantes se fueron incorporando.
La procesión dejó de ser únicamente una actividad convocada por la parroquia para convertirse en una expresión colectiva de una comunidad lastimada.
También se sumaron trabajadores de la educación pertenecientes al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), quienes caminaron junto a las familias y no quisieron dar declaraciones por lo solemne del momento.
No había consignas estridentes. Predominaban los rostros serios, las oraciones y el silencio de quienes todavía tienen presente la tragedia ocurrida días atrás.
Para el padre Roberto Chávez, la respuesta de la comunidad representó una luz.
“Esto viene a ser un signo de esperanza fuerte para la comunidad, que es lo que queremos precisamente, que la comunidad vuelva a agarrar confianza, que nuestra escuela vuelva a sentirse que puede trabajar en libertad y en armonía”.
El sacerdote destacó que la Iglesia puede convertirse en un punto de encuentro para una población que atraviesa momentos de dolor.
“La iglesia sigue siendo una fuerte institución para la unidad de la población”, señaló, al considerar que la fe puede ayudar a levantar el ánimo de quienes han sido afectados por la tragedia.
Una oración por Nedi Edit
La llegada a la Secundaria General 13 marcó uno de los momentos más emotivos de la tarde.
Frente al plantel donde ocurrió el ataque, las danzas que acompañaban la peregrinación hicieron una reverencia. El gesto fue semejante al que realizan frente al altar durante una celebración religiosa.
Fue una muestra de respeto y, al mismo tiempo, una oración silenciosa por el eterno descanso de la maestra y subdirectora Nedi Edit Nevárez González.
Mientras algunos participantes encendían veladoras y colocabal globos blancos en el pórtico.
El contingente avanzó y el párroco recordó que la comunidad católica ha mantenido presente a la docente durante sus celebraciones religiosas.
“Sabemos que Dios ya la ha recibido por la certeza de la fe, porque entregó su vida por defender a sus alumnos y alumnas”, expresó.
Para el sacerdote, el acto de la maestra al permanecer junto a sus estudiantes durante el ataque representa, desde la perspectiva de la fe, un testimonio de entrega.
La peregrinación tenía originalmente como punto de parada la escuela; sin embargo, algunos participantes decidieron continuar por su cuenta, mientras otros llegaron directamente hasta el plantel.
La marcha se dividió, pero el propósito permaneció intacto: acompañar a una comunidad que todavía está de luto.
Recuperar la confianza
En los días posteriores al ataque, el ejido La Unión ha vivido entre la tristeza y la tensión.
El padre Roberto describió el estado de ánimo de los habitantes como el de un barrio “triste” y “dolorido”. Por ello, consideró necesario comenzar a colocar señales que permitan a la comunidad recuperar poco a poco la confianza.
En ese proceso, dijo, la familia y la escuela tienen un papel fundamental. Ya en la misa dentro la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe el sacerdote hizo un llamado a recuperar los valores y fortalecer las instituciones donde éstos se construyen, particularmente la familia y los centros educativos.
“Son instituciones donde se forman los valores”, señaló.
Expuso que la comunidad también ha recibido apoyo de distintas organizaciones e instituciones. Entre ellas, destacó la participación de la Universidad Iberoamericana, cuyos especialistas en psicología han brindado atención, así como de Diálogos por la Paz.
El párroco también reconoció el papel de los medios de comunicación en el proceso de acompañamiento a la comunidad.
“Les agradecemos por todo lo que están haciendo para reconstruir esto”, expresó.
Durante todo el recorrido ya misa, la tarde comenzaba a caer sobre La Unión, los globos blancos seguían elevándose entre las manos de los habitantes.
Las nubes respetaron el momento de unión, y aunque aquello no borraba lo ocurrido, se encendió una luz de esperanza para que está tragedia que sacudió a todo el país no vuelva a ocurrir.
aarp