Aprender una disciplina deportiva favorece el desarrollo de estrategias de trabajo en equipo, al tiempo que fortalece el cuerpo y el carácter. Sin embargo, durante mucho tiempo se reforzó la idea de que los deportistas no necesariamente debían desarrollar el pensamiento crítico o creativo, y que la literatura correspondía a otro perfil. Esta noción ha sido desplazada en la Escuela de Basquetbol José Ayup Tedy, en el municipio de Matamoros, al oriente de la Zona Metropolitana de Torreón, donde se incorporó un taller de literatura como parte de la formación integral de sus alumnos.
Un legado familiar que creció con el tiempo
Gerardo Ayup del Bosque, presidente de la Asociación Ayup, junto con su familia, organizó en 2011 un torneo de basquetbol con el objetivo de continuar el legado de su abuelo, sin imaginar que el proyecto alcanzaría una dimensión mayor. Años después, la organización se asoció con Sergio Zúñiga, presidente de la Academia Indígena de México, surgida en la región mixteca de Oaxaca y del pueblo triqui.
Actualmente, los alumnos cumplen con entrenamientos deportivos y metas específicas: leer un libro en un tiempo determinado, escribir sus propias historias, apoyar en las labores del hogar y mantener buenas calificaciones escolares. Son cuatro requisitos indispensables para permanecer en el programa.
La asociación suma 14 años apoyando a niños de escasos recursos, periodo en el que ha logrado gestionar becas deportivas en escuelas privadas. Este esquema se fortaleció con la participación de la escritora Arcelia Ayup Silveti, quien el pasado 9 de diciembre presentó a sus alumnos en la Sala Polivalente de la Infoteca Armando Fuentes Aguirre con la antología colectiva Escucha mi cuento.
Literatura para romper prejuicios
“El Taller de cuento y lectura forma parte de la Escuela de Basquetbol José Ayup Tedy porque ellos tienen como base que los niños y niñas hagan sus tareas, realicen labores en casa, lean un libro por mes —que es donde yo intervengo como maestra del taller— y asistan a los entrenamientos. Es una labor muy loable y tengo año y medio participando como maestra. He visto muchos avances porque al principio había cierta renuencia. Pensaban que les íbamos a poner libros aburridos”, explicó Ayup Silveti.
La escritora destacó que los niños, por naturaleza, son creativos y que han aprendido que la lectura y la escritura creativa son un vehículo para desarrollar la imaginación. Esto quedó de manifiesto durante la lectura pública realizada en la Infoteca, donde familias completas acompañaron a los menores en la experiencia de leer ante un público y presentar la antología de cuentos infantiles.
Cultura y deporte como herramientas de transformación
La también directora del Departamento de Difusión Cultural de la Unidad Torreón de la Universidad Autónoma de Coahuila se sumó al proyecto familiar al reconocer el impacto positivo que sus primos han tenido en la vida de los menores, quienes, además de aprender un deporte, participan en campeonatos en otras ciudades y acceden a estudios en colegios particulares de La Laguna, e incluso en el extranjero.
A este esfuerzo se suma Sergio Ayup, actor de teatro y participante activo en la vida política del municipio, principalmente en el ámbito cultural, lo que ha permitido que la comunidad matamorense tenga acceso a las artes escénicas sin salir de la ciudad.
Cuentos breves con identidad propia
Sobre la producción literaria, Arcelia Ayup señaló que se trata de cuentos breves y originales que reflejan un entorno semiurbano, con historias sinceras, humildes e incluso vulnerables. Algunos niños se proyectan en narrativas relacionadas con el trabajo en equipo y el éxito compartido que promueve el deporte.
“Hay varias historias con ese tema porque de alguna manera se reflejan. La idea es que los niños adquieran autoestima y seguridad; muchos nunca habían hablado frente a un público y menos con un micrófono. Algunos tenían mucho temor, pero los fui llevando poco a poco y ahora presentamos el resultado”, explicó.
En la lectura de cuentos participaron Alexis Javier, Amir Salomón, Carlos, Citlaly Nahomi, Iker Matías, Luciano de Jesús, Mateo, Mia Alexandra, Mili Yaromi, Monserrat Isabella, los hermanos Nicolás y Ana, Román Alejandro y Silvia, protagonistas de un programa que demostró su capacidad para escribir y sumar páginas a su primer libro.
Con becas llegan a la universidad
Gerardo Ayup, director de la escuela, señaló que el proyecto continúa en expansión gracias a la unión de la familia Ayup, que realiza actividades de recaudación como la elaboración de paella en tres ocasiones al año, sirviendo alrededor de 400 órdenes en cada evento. Estas acciones permiten sentar las bases para la sostenibilidad del proyecto.
“Tenemos 14 años desde que iniciamos este proyecto, cuando varios familiares nos reunimos para apoyar a grupos vulnerables de Matamoros. Descubrimos que a través del basquetbol podíamos ayudar mejor a los niños y, con el tiempo, incluso a las familias completas, porque cuando los papás se involucran, todo el entorno cambia”, explicó.
Un modelo frente a los nuevos desafíos
El director reconoció que hace años no se percibían con la misma intensidad los problemas de atención que hoy enfrentan los menores debido al uso excesivo del teléfono celular, por lo que considera necesario trabajar en un cambio de mentalidad frente al avance tecnológico.
“Queremos darles algo más que basquetbol. Ahí aprenden disciplina y trabajo en equipo, pero también queremos que aprendan a estudiar. Por eso el taller de lectura es tan importante: deben desarrollar la comprensión lectora para sentirse realizados y para que nosotros podamos apoyarlos con becas para continuar sus estudios”, afirmó.
Destacó que una alumna ya se graduó en el Tecnológico de Monterrey y otro joven estudia en el Campus Laguna. Además, varios alumnos cursan estudios en colegios de Torreón con becas deportivas. Entre ellos se encuentran los gemelos Estrada, integrantes de una selección nacional sub-17.
Un futuro con infraestructura propia
Gerardo Ayup indicó que aún queda mucho trabajo por hacer, pero mientras se alcanzan nuevas metas, a los menores se les brindan herramientas para la vida. Cada año acuden a la escuela alrededor de 50 niñas y niños; quienes superan los 14 años migran a otras instituciones. Aunque no todos acceden a becas deportivas, el objetivo es formar perfiles alejados de la violencia y las adicciones.
La escuela ha influido también en la comunidad mediante la organización de torneos y actividades deportivas que fomentan la continuidad del basquetbol en la vida adulta de los jóvenes.
Finalmente, el director informó que se reciben donativos deducibles de impuestos y que empresas locales apoyan al proyecto mediante el apadrinamiento de alumnos. El Ayuntamiento de Matamoros entregó un edificio con un avance de 30 por ciento, y la escuela proyecta construir su propio gimnasio en un terreno donado junto a la Unidad Deportiva 'Horacio Piña'.
“Nosotros aportamos el trabajo, los servicios y el mantenimiento, y buscamos empresas que quieran patrocinarnos para continuar la obra. Queremos atender incluso a niños de los ejidos. Cualquier persona o empresa que desee apoyar puede acercarse”, concluyó.