“Somos vida y sueños, no somos estadísticas”: Exigen resolución de casos de feminicidios en Tamaulipas

CRÓNICA

Alzaron la voz por quienes ya no pueden gritar y por las que aún esperan la justicia en sus vidas.

Un domingo diferente pintó a Tampico de morado. | Yazmín Sánchez
Yazith Padilla Cartagena y
Tamaulipas /

La tarde de este 8 de marzo, Tampico se pintó de morado. Lo que para algunos es solo una fecha marcada por felicitaciones del Día de la Mujer, para cientos de mujeres representa un día de memoria, de resistencia y de exigencia. Cada año salen a las calles, no para celebrar, sino para recordar a quienes ya no están y para denunciar la violencia que continúa arrebatando vidas sin explicación ni justicia.

Casos en Tamaulipas siguen sin justicia

Durante el recorrido, nombres como los de Karla Roses y Jessica Gabriela resonaron entre la multitud. Para muchas familias presentes, la marcha no fue solo una conmemoración del Día Internacional de la Mujer, sino un espacio para exigir avances en investigaciones que, aseguran, siguen marcadas por la impunidad.

Desde las tres de la tarde, las primeras mujeres comenzaron a reunirse en el estacionamiento del Walmart Alijadores, punto de encuentro para la marcha del 8M. Poco a poco el espacio se fue llenando. El morado y el verde comenzaron a dominar el paisaje, como si las jacarandas hubieran florecido sobre el asfalto. Llegaban jóvenes, madres con sus hijas, adultas mayores y hasta perritos que acompañaban el recorrido.

Más colectivos se suman a la marcha

La convocatoria reunió a más de dos mil personas de distintas edades y procedencias. Entre ellas se distinguían varios contingentes: el de Víctimas de Violencia y familias de víctimas de feminicidio, el de Mujeres viviendo violencia vicaria, Madres Buscadoras, el de Infancias, integrado por niñas y niños de hasta 12 años, así como nuevos grupos que se sumaron este año, como el de personas con discapacidad, mujeres de la tercera edad, abogadas y psicólogas.

Mantienen viva la memoria de Angy y Karla Roses

A las cinco de la tarde, el contingente comenzó a avanzar rumbo al centro de Tampico. Las calles se llenaron de consignas mientras el verde y el morado se extendían entre avenidas y banquetas. Durante el trayecto, los colectivos comenzaron a entonar nombres de personas desaparecidas y víctimas de violencia. Entre ellos resonaron Angy y Karla Roses, nombres que la multitud repetía como una forma de mantener viva su memoria.

Un grupo sostenía una pancarta con la frase: “No estamos todas, nos falta Angy”, en memoria de la mujer trans asesinada en Tampico en febrero de 2024 tras ser atacada con arma blanca. Entre la multitud también se vivían momentos que estremecían: en el contingente de las infancias, una niña levantaba un megáfono casi tan grande como su rostro y gritaba con determinación: “¡Mujer, escucha, esta es tu lucha!”.

Durante el recorrido también se observaban algunos hombres. Al preguntarles, la respuesta era sencilla: eran padres, esposos o hermanos acompañando a las mujeres importantes de su vida.

Cada cartel contaba una historia distinta: nombres, denuncias, reclamos de justicia y mensajes de resistencia. Muchas de las asistentes compartían entre ellas las razones que las habían llevado a marchar, recordando a amigas, hijas o hermanas víctimas de violencia, o exigiendo avances en casos que aún permanecen sin resolver.

Violencia vicaria es un común denominador

Uno de los momentos más emotivos se vivió frente a las instalaciones de la Fiscalía Especializada en la Atención a Niñas, Niños, Adolescentes y Mujeres (Fennam). Allí, al menos doce mujeres tomaron la palabra para denunciar que han sido víctimas de violencia vicaria. Con la voz entrecortada relataron cómo han sido separadas de sus hijas e hijos. Entre los testimonios estuvo el de Gabriela Salazar, quien denunció a su expareja por presunta violencia familiar y la sustracción de su hija en Tampico.

Mientras hablaban, el silencio se extendía entre las manifestantes. Al terminar cada relato, la respuesta llegaba en forma de consigna: “¡Justicia, no estás sola!”, un grito colectivo que buscaba sostener a quienes narraban su dolor.

Jessica Gabriela cumpliría 28 años si no le hubieran arrebatado la vida

Entre las familias presentes también estaban los allegados de Karla Roses, asesinada en una brecha del municipio de Altamira. En medio de la protesta se escuchó un canto que estremeció a la multitud: “¡Feliz cumpleaños, Jessica!”, en memoria de Jessica Gabriela, quien este día habría cumplido 28 años. Su madre tomó el micrófono y, entre lágrimas, pidió justicia por el crimen ocurrido en 2018, cuando la joven, embarazada de ocho meses, fue asesinada tras ser engañada con una supuesta oferta de ropa para su bebé.

Al pasar frente a una funeraria sobre la calle Altamira, el contingente guardó silencio. Fue un momento breve, pero profundo. Después, conforme se acercaban a la plaza principal, las voces volvieron a levantarse.

En la explanada frente al Palacio Municipal de Tampico ya aguardaba otro grupo de manifestantes. Con su llegada, la concentración superó las dos mil personas entre niñas, jóvenes y adultas. Las consignas resonaron frente al edificio gubernamental, mientras más de seis mujeres policías permanecían dentro del inmueble y dos patrullas de la Guardia Nacional vigilaban el recorrido, algo inusual en marchas anteriores en el sur de Tamaulipas.

Instalan tendederos de denuncias

Frente al palacio comenzaron a instalarse los llamados “tendederos de denuncia”. Hojas y cartulinas con señalamientos sobre acoso, violaciones y distintos tipos de violencia quedaron colgadas como una forma de romper el silencio. Entre abrazos, lágrimas y aplausos, las historias se fueron sumando una a una, convirtiendo el espacio en un acto colectivo de memoria y denuncia.

En la plaza también se instalaron módulos de asesoría psicológica y legal gratuitos, donde se brindaba información sobre tipos de violencia, derechos de las mujeres, números de emergencia y orientación para presentar denuncias.

Cerca del kiosco, los cantos y consignas continuaban. Por momentos, el eco de las voces lograba poner la piel de gallina.

Fue ahí donde la madre de Karla Roses tomó el micrófono. Con voz firme, marcada por el dolor, pronunció palabras que resonaron en toda la plaza:

“Su nombre no es una estadística… Karla tenía vida, sueños, familia, amigas y una historia”.

Recordó que su hija fue asesinada el 19 de septiembre de 2024 en Altamira y aseguró que no solo fue víctima de su agresor, sino también de un sistema que —dijo— ha fallado a las mujeres.

“A Karla también la asesinaron la indiferencia, la negligencia y la omisión… un sistema que no escucha”, expresó.

Al terminar, la multitud respondió al unísono: “¡Justicia, justicia!”.

La jornada continuó con actos simbólicos. Una bandeja con fuego fue colocada para que algunas mujeres quemaran testimonios escritos, como una forma de expresar el dolor y, al mismo tiempo, dejarlo ir. Otras dejaron huellas de pintura morada en el letrero turístico de “Yo amo Tampico”, donde incluso niñas se acercaron para marcar sus manos.

La manifestación transcurrió de forma pacífica, sin registro de pintas en el Palacio Municipal ni en el kiosco.

Cuando la tarde comenzó a caer, el morado seguía dominando la plaza. Entre cantos, testimonios y silencios compartidos, las mujeres de Tampico volvieron a dejar claro que el 8 de marzo no es solo una fecha: es una lucha que sigue viva en cada paso, en cada nombre y en cada voz que se niega a callar.


  • Abigail Álvarez
  • Egresada de la Universidad del Noreste, actualmente me desempeño como editora en Milenio Digital. Apasionada por la lectura, la escritura, el boxeo, el arte, la música y naturaleza. El respeto hacia lo que nos rodea, un principio que guía mi persona.

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