Luchadora, bombera y paramédica: mamás de hierro que dan todo por sus hijos

'Zuzu Divine', Flor Melisa y Sandra Elena rompen estereotipos en Hidalgo. Entre el cuadrilátero, el combate de incendios y las emergencias, estas "mamás de hierro" narran cómo sus hijos son la fuerza que las mantiene de pie.

Flor Melisa Hernández es madre y bombera en Hidalgo. | Foto: Alejandro Reyes
Pachuca /

Con motivo del Día de las Madres, tres mujeres hidalguenses: una luchadora profesional, una bombera y una paramédico, compartieron con MILENIO cómo combinan su profesión con ser mamá. Las tres disfrutan lo que hacen sobre el cuadrilátero, en un carro de bomberos y en la ambulancia; sin embargo, el motor que las impulsa es el amor que tienen por sus hijas e hijos.

“Mi hija dice que soy una superheroína”

La hija de Zuzu Divine, luchadora profesional, hace poco le pidió una playera de Los Perros del Mal; además, le dijo que quiere conocer a Penta, la superestrella mexicana de WWE, y a su hermano Fénix.

Ese gusto, dice Zuzu Divine, se le ha desarrollado solo a su hija Samara, de apenas ocho años. A su corta edad le ha comenzado a gustar la lucha libre, situación que pone a Zuzu Divine contenta, pero también tensa de imaginar que quiera entrenar lucha libre.

—¿Y no te lo ha dicho?
—No, y espero que tarde un poco en decírmelo —ríe.
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Zuzu Divine es una luchadora profesional originaria de la ciudad de Pachuca, con 12 años de experiencia sobre los cuadriláteros. Es luchadora y mamá. En los últimos meses ha tenido mucho trabajo en el extranjero: Canadá, Estados Unidos e Italia, y eso la ha alejado de su hija.

“Han sido días totalmente difíciles y complicados, no solo para mí, también para mi hija. La distancia influye mucho. Comparto vestidor con compañeras luchadoras que también son mamás y, al tercer o cuarto día de gira, a todas nos da el sentimiento; estamos con el teléfono haciendo videollamadas a nuestros hijos y la verdad es que es bien complicado. Yo me he puesto a llorar porque la extraño, me parte el corazón”, se sincera.
Zuzu Divine es una luchadora profesional originaria de la ciudad de Pachuca. | Alejandro Reyes

Desde que Zuzu Divine sabe que tendrá gira para luchar fuera del país, le dan ganas de llorar por dejar a su hija en casa. Trata de disfrutarla antes de irse con abrazos, besos y tiempo de calidad.

—Y al regresar de un viaje de lucha, ¿qué sientes cuando la ves?
—Yo la veo enorme. Las horas, al momento de estar con ella, pasan muy rápido y trato de compensar ese tiempo que no estuve con ella.
—¿Qué hacen cuando están juntas?
—Vamos al cine, por un helado, al brincolín; hacemos noche de pijamada y mascarillas.

Este domingo, Zuzu Divine celebrará el Día de las Madres con su hija y su mamá con una carne asada y está pensando reservar un spa para consentirse ese día.

—¿Qué es para ti ser mamá?
—Es mi motor.
—Y tu hija, ¿qué te dice?
—Ella dice que soy una superheroína para todos los niños y para ella.

“Ser bombera es bonito, pero también vemos la desgracia de la gente”

Flor Melisa Hernández tiene 33 años, es bombera del estado y también mamá. Está encargada de turno de la estación de Bomberos de avenida Madero, en la ciudad de Pachuca.

Hanna Nahomy, su hija, tiene dos años de edad. El domingo le toca descansar en el Cuerpo de Bomberos y la pasará al lado de su mamá, su hija y sus cuñadas.

—¿Cómo combinas esta labor de ser bombera y mamá?
—Es muy difícil, pero afortunadamente tengo una red de apoyo. Esa red de apoyo son mis papás y también mis suegros.
—¿Por qué es difícil?
—Porque dejé a mi bebé desde los tres meses de nacida; culminó mi incapacidad y tuve que regresar a mis labores. Es difícil porque trabajo un día y descanso un día, entonces un día definitivamente me alejo de mi hija.

Flor Melisa tiene cinco años como bombera. El servicio más reciente que le tocó cubrir fue el de una mujer que cayó al Río de las Avenidas, en Pachuca. Cuando está de servicio, trata de no pensar en su hija.

Estudió la licenciatura en Biología, tiene formación como paramédica y en los servicios realiza atención prehospitalaria, combate contra incendios y también labores de rescate animal.

“Mi trabajo es bonito, pero también vemos la desgracia de la gente. Entonces, si me pongo a pensar en mi hija o en mi familia, yo creo que habría alguna interferencia”, dice.

Felicidad es lo que siente cuando llega a casa y ve a su hija. Hanna Nahomy está comenzando a hablar y Flor Melisa está en la etapa en la que su pequeña ya la llama mamá. Cuando está al lado de su hija, se olvida del trabajo en el Cuerpo de Bomberos del estado.

—¿Y cómo te sientes como mamá bombera?
—Me siento bien, pero también siento que estoy perdiendo cosas muy importantes del desarrollo y crecimiento de mi hija por estar en mi trabajo, aunque sé también que mi trabajo es parte de mi estabilidad emocional.
—Cuando te vas al trabajo, ¿te despides de tu hija?
—Por lo regular la dejo dormida en casa. Le digo: “Mi amor, nos vemos mañana”.
—¿Y cuando regresas, cómo la encuentras?
—La encuentro despierta, corre hacia mí, me grita “mamá” y se alegra.

“Ayudo porque me nace, amo ser paramédico”

Los tres hijos de Sandra Elena Naranjo no tienen miedo de que ella sea paramédica de la Cruz Roja. A Edson, Uriel y Carol les gusta que su madre tenga esa profesión porque ella la ama.

“Desde que empecé a estudiar para ser paramédico, ellos sabían que me encantaba. Me dicen que están orgullosos de mí, que le eche ganas. A mí me llena este trabajo como paramédico”, dice.

Sandra Elena tiene 47 años y lleva 15 como paramédico de la Cruz Roja en la ciudad de Pachuca. Lo más fuerte que le ha tocado ver fue el deceso de un bebé tras un accidente automovilístico.

Sandra Elena Naranjo es paramédica en Hidalgo. | Foto: Alejandro Reyes

Tiene una especialidad como técnica en extracción vehicular. Sabe utilizar el equipo hidráulico, lo que comúnmente se conoce como “las quijadas de la vida”; además, sabe dar reanimación cardiopulmonar y control de hemorragias.

—Y en todo este tiempo como paramédico, ¿qué te ha tocado ver?
—Nosotros vemos desde caídas de tres o cuatro metros de personas que están trabajando en obras, choques automovilísticos, accidentes en auto y moto, hemorragias y heridas por herramientas.
—¿Por qué amas lo que haces?
—En una etapa de mi vida no encontraba alguna profesión que me llenara. Estudié varias cosas: secretariado, estilismo, corte y confección. Andaba buscando algo que llenara el hueco que tenía yo para servir a la gente, hasta que empecé a estudiar para paramédico.

Sandra Elena dice que cuando comenzó sus estudios como paramédico en la Cruz Roja de Tulancingo, sintió que eso era lo que la llenaba, lo que le gustaba, porque a través de ello ayuda a las personas.

“Yo no buscaba que me dieran las gracias. Yo ayudaba porque me nacía y porque quería hacerlo sin esperar nada a cambio; por eso amo ser paramédico”, se sincera.

Este 10 de mayo será especial para Sandra Elena porque, después de varios años, le toca descansar en la Cruz Roja y la pasará al lado de sus hijos y de su mamá, doña Hilaria.

—¿Cómo es ser paramédico y mamá al mismo tiempo?
—Es muy difícil porque sacrificamos eventos escolares, reuniones y cumpleaños. Es algo difícil complementar nuestra carrera con la vida familiar porque nunca me encuentro en la casa.

AH

  • Alejandro Reyes
  • Reportero desde 2009. Mi labor es cuestionar; lo mejor de este oficio son las crónicas y las historias.

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