Sobre la acera de la calle Juárez, justo en el centro histórico de Tampico, la gente voltea a ver un par de pequeñas jaulas de llamativos colores colocadas sobre una mesita alta, y es que en ambos espacios están: la pequeña pajarita Ximena y Johan, un cotorrita australiano, esperando a que su entrenador, Enrique Solano, les indique el momento de salir a dar suerte a las personas que caminan por la acera.
Los “pajaritos de la suerte", es una tradición que resiste al tiempo, un acto sencillo que despierta la ilusión de creer en el futuro, en las señales, en la magia cotidiana. Porque a veces, lo que más necesitamos no es saber qué viene… sino tener fe en que algo bueno está por llegar.
“Llevo 30 años dedicándome a los pajaritos de la suerte. Gracias a este trabajo he podido sacar adelante a mi familia y viajar a varias partes de la república: Piedras Negras, Nuevo Laredo, San Luis Potosí, Monterrey, Mazatlán, Los Cabos con mis pajaritos. Los que más se acercan son las parejas, ellos quieren saber del amor, del trabajo, de la felicidad”, dice el pajarero.
El entrenamiento de los pajaritos de la suerte
Los pajaritos son entrenados desde muy pequeños, se les da de comer en su pico: trocitos de manzana, zanahoria, brócoli, huevo cocido, sin faltar el alpiste; están en una jaula más grande, explica Enrique Solano.
“Se educan desde muy chiquititos se puede llevar hasta dos meses en enseñarles cómo salir de la jaula y tomar un papelito, se les premia con unos granitos de alpiste. Desde muy pequeñitos se les da de comer en el pico para que se acostumbren a la mano”.
¿Cómo es la dinámica de la suerte?
Cuando se les pide saber la suerte, el pajarero, abre la jaula y sale una de las aves que selecciona uno de cuatro papelitos, que contiene cada uno un mensaje, sobre la suerte, el amor, la fortuna y la felicidad.
“Hace como cuatro años, una pareja de personas ya mayores, me pidieron que querían saber el número de la suerte y afortunadamente el pajarito sacó un papelito con un número, y a mediados de enero vinieron y me regalaron cinco mil pesos; no les pregunté cuánto se sacaron, solamente ellos vinieron y me regalaron ese dinero”
La aves tienen buena memoria
Lo más admirable de estas aves, contra lo que comúnmente se cree, es su inteligencia, ya que son capaces de memorizar. En este sentido, recuerdan a las personas, a los juegos que se les enseñan y pueden recordar melodías.
De manera que no sólo deleitan con sus habilidades a los habitantes de esta urbe, sino que sorprenden además a los turistas extranjeros que visitan el puerto jaibo por primera ocasión, quienes seguramente desconocían su existencia antes de encontrarse con ellos en el centro histórico de Tampico.
AA