Un grupo de enfermeras sube y baja montañas con una hielera azul aferrada entre las manos. Avanzan por veredas de lodo, cruzan patios de tierra y sortean pendientes empinadas. Se detienen frente a cada puerta, respiran hondo y tocan las puertas de madera.
“Buenas tardes. Venimos con la vacuna contra el sarampión”, exclama a MILENIO Elizabeth Albores Ordóñez, jefa de enfermeras de la Jurisdicción Sanitaria.
La enfermera y su equipo esperan. Hay silencio del otro lado.
Vuelve a tocar, ahora más fuerte. A veces nadie abre. Otras veces responden desde dentro que ya la tienen, o que ya les dio sarampión, o deben esperar al jefe de familia.
En ocasiones se pasan de largo y miran sin interés, según constató MILENIO, y otras personas, tras unos segundos de duda, levantan la manga y extienden el brazo.
La brigada no discute. No presiona. No se detiene. Sigue, puerta por puerta.
En los Altos de Chiapas, la contención del sarampión no ocurre en un escritorio. Ocurre en territorio.
Chiapas, tercer lugar nacional
Chiapas acumula 573 casos confirmados de sarampión y 20 activos. A nivel nacional ocupa el tercer lugar en número de contagios confirmados, solo por debajo de Chihuahua y Jalisco.
“El brote más importante lo tuvimos, hay que decirlo, en lo que es San Cristóbal, Zona Altos, en Chalchihuitán, Chenalhó y Mitontic”, afirmó el secretario de Salud del estado, Omar Gómez Cruz.
El primer caso fue importado en julio y bloqueado en Tuxtla Gutiérrez. Pero la transmisión comunitaria comenzó después en Mitontic.
“Aquí en el municipio de Mitontic es donde se inició, tuvimos el caso índice (...) se iniciaron todos los protocolos para los esquemas de vacunación”, explicó Oscar Iván Alvarado Cuello, secretario técnico de la Jurisdicción Sanitaria Número 2.
En ese momento, la cobertura vacunal no alcanzaba el 40 por ciento del total de la población; resultaba aún más baja entre los niños.
“Si no hubiéramos hecho esto desde el inicio las brigadas, en Chiapas hubiera habido un brote explosivo de sarampión”, sostuvo Gómez Cruz.
El cerco casa por casa
La respuesta fue territorial. Brigadas desplegadas en 18 municipios. Bloqueos vacunales ampliados más allá de lo que marcan los lineamientos federales.
“Nosotros no nos quedamos con lo que marca el lineamiento federal. Hicimos el doble”, afirmó el secretario.
Más de un millón 200 mil dosis de SR y SRP han sido aplicadas.
En menores de seis años, la cobertura alcanza hasta el 99 por ciento. El grupo más rezagado es el de 13 a 49 años.
“Chiapas está disminuyendo los casos de sarampión. Está en contención, no hemos tenido casos explosivos”, afirmó Gómez Cruz.
Y aunque Chiapas ocupa el tercer lugar a nivel nacional de casos acumulados, para el funcionario estatal “el sarampión ahorita ya va a la baja con nosotros. Yo estoy tranquilo en el tema del bloqueo vacunal y la cantidad de vacunas que hemos cometido”.
La primera defunción y la notificación tardía
El brote dejó una defunción confirmada en la entidad.
“Es un caso que se registró el 29 de diciembre. Falleció un paciente de 55 años con comorbilidades, diabético, hipertenso, con antecedentes de alcoholismo y tabaquismo. Es el único caso que se tiene”, explicó Gómez Cruz.
El fallecimiento fue incorporado oficialmente al informe epidemiológico hasta el 13 de febrero.
“Se notificó por la complejidad del caso hasta el 13 de febrero, que es donde sale en forma oficial”, precisó.
El desfase entre la fecha de muerte y su publicación en el informe refleja los tiempos de validación clínica y epidemiológica que, en contextos de brote, pueden retrasar la notificación oficial.
“En letalidad somos de los que menos índice tenemos, de 0.18”, afirmó.
Zonas de resistencia y territorios complejos
La vacunación en Chiapas no es solo logística sanitaria. Es concertación política y social.
En municipios como Pantelhó, Chalchihuitán y Chenalhó, el ingreso institucional estuvo históricamente condicionado por conflictos internos, estructuras comunitarias de decisión y, en años recientes, contextos de violencia.
“Pantelhó es de los municipios a los que más pudimos entrar. Ya pudimos vacunar completamente Pantelhó. Una cosa que no se podía hacer desde hace 10 años en Chiapas”, afirmó Gómez Cruz.
El acceso requirió asambleas comunitarias y acuerdos previos.
“Entramos bajo sus condiciones. Hay lugares donde nos dejan entrar casa a casa, pero generalmente nos concentramos en el parque o en las escuelas”, explicó.
En algunas localidades, la autorización se decidió a mano alzada.
“La principal barrera es el lenguaje, porque aquí hablan tzotzil”, explicó Elizabeth Albores Ordóñez, jefa de enfermeras de la Jurisdicción Sanitaria Número 2.
“Una brigada puede hacer de 150 a 200 dosis al día. Trabajamos todo el día para convencer a la población que no tiene esquemas completos o desconfía”, añadió.
Y si una familia se niega, la brigada no presiona.
“Se respeta, pero identificamos dónde están los renuentes y volvemos con el presidente de barrio para convencerlos”, admitió el secretario.
Volvieron a San Andrés
Las brigadas volvieron a San Andrés Larráinzar. Su plaza central, rodeada por la iglesia blanca de fachada sencilla y edificios públicos pintados en tonos pastel, carga un peso histórico que todavía se respira en el aire frío de la montaña.
Aquí, en 1996, el gobierno federal y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional firmaron los llamados Acuerdos de San Andrés, un compromiso político para reconocer derechos y cultura indígena tras el levantamiento armado de 1994.
Hoy, tres décadas después, el territorio sigue siendo referencia obligada cuando se habla de autonomía, usos y costumbres, resistencia comunitaria y desconfianza hacia las instituciones.
Por eso la imagen resulta simbólica: brigadas estatales de vacunación concentradas frente al Palacio Municipal, preparando hieleras azules y organizando rutas casa por casa.
“Hoy las brigadas volvieron a San Andrés Larráinzar”, explicó el secretario de Salud, Omar Gómez Cruz.
“Entramos respetando usos y costumbres”.
No fue un operativo improvisado. Fue anunciado, acordado y coordinado con autoridades tradicionales.
En la plaza, mientras los funcionarios daban el banderazo de salida al operativo de vacunación contra el sarampión, mujeres con rebozo escuchaban atentas. Algunos hombres observaban en silencio. Otros asentían.
San Andrés es territorio de asamblea. Las decisiones importantes se discuten. Se vota. Se levantan manos.
Y eso ocurrió también con la vacunación.
“Entramos bajo sus condiciones”, reiteró Gómez Cruz.
“Hay lugares donde nos dejan entrar casa a casa, pero generalmente nos concentramos en el parque o en las escuelas”.
En los Altos, la legitimidad no se impone; se negocia.
Las brigadas salieron del centro municipal caminando, dispersándose por las calles empedradas que descienden hacia barrios y comunidades. Desde ahí parten caminos estrechos que serpentean entre montañas cubiertas de pino y niebla.
Ese mismo territorio fue escenario de mesas de diálogo hace 30 años para discutir autonomía y reconocimiento indígena. Hoy, la discusión es sanitaria.
El sarampión no distingue filiaciones políticas.
Aquí habitan alrededor de 32 mil personas. No todas aceptaron vacunarse en una primera etapa, pero actualmente se está reforzando el diálogo comunitario y la aplicación casa por casa para aumentar la cobertura.
Trabajadores de la construcción extendieron el brazo
En una obra en construcción, Pedro Vázquez Hernández levantó la manga.
“La verdad, ya de grande pega más fuerte y la verdad es muy importante que todos nos vacunemos”, dijo.
Luis Rey Luna Vázquez, habitante de San Cristóbal, explicó por qué decidió vacunarse cuando vio pasar la brigada.
“Hemos escuchado que está dando (sic) el sarampión. Somos de San Cristóbal, pero por motivos de trabajo no hemos podido acudir a algún centro de salud, y ahorita que vimos que están pasando, aprovechamos para vacunarnos.
“Hemos escuchado casos allá en San Cristóbal de gente que ha muerto, tal vez por sarampión”, añadió.
Respeto a usos y costumbres
En una asamblea comunitaria en la región Altos, se llevó a cabo una asamblea a mano alzada.
En Chalchihuitán, una de las voceras oficiales informó a la comunidad y a sus autoridades que el sarampión es una enfermedad muy grave.
“Sí queremos vacunación en las comunidades, pues realmente hay enfermedad; ellos prestan (la ayuda), pero queremos su apoyo directamente”.
El pueblo convocado con sus representantes levantó mayoritariamente la mano. Así ingresaron, por primera vez, a zonas que se negaban al ingreso de extraños o que estaban divididas, en constante conflicto.
Meta, 95 por ciento
“Nosotros teníamos un porcentaje de vacunación del 40 por ciento. Actualmente tenemos una cobertura del 85 por ciento”, aseguró Gómez Cruz.
La meta es 95 por ciento de cobertura universal efectiva.
“Nos va a llevar todo el año, pero lo tenemos muy claro”, afirmó.
Chiapas ocupa hoy el tercer lugar nacional en casos confirmados de sarampión. Pero en los Altos, el combate no se mide solo en cifras. Se mide en pasos. En puertas tocadas. En mangas levantadas. En hieleras azules que suben y bajan montañas. Y en la insistencia de una enfermera que vuelve a tocar cuando nadie responde.
ksh