M+.- Cada vez es más común ver perros acompañando a sus dueños en vuelos o dentro de restaurantes. Sin embargo, todavía existe resistencia para permitirles el acceso a ciertos espacios, como sanitarios, debido al desconocimiento sobre las funciones que cumplen más allá de la simple compañía.
Estos animales pueden realizar tareas impensables para muchas personas: despertar a sus dueños, abrir y cerrar puertas, recoger monedas del suelo e incluso activar una lavadora o abrir el refrigerador para entregar alimentos, según se reveló a MILENIO.
Para personas con lesiones físicas son fundamentales al momento de levantarse de la cama o usar el sanitario. Además, en muchos casos, motivan a sus dueños a salir a caminar y mantenerse activos.
Desde 1981, la monja dominica Pauline Quinn inició un programa de adiestramiento canino en prisiones y creó la organización Prison Pet Partnership en el Centro Correccional para Mujeres del Estado de Washington. Posteriormente trasladó el proyecto a Italia, donde ayudó a refugiados en una casa del Ejército de Salvación.
La hermana Quinn trabajó junto al obispo Raúl Vera López. Fue así como la conoció la activista y defensora de derechos humanos Jaqueline Campbell, quien decidió integrar a su vida a una doberman llamada Fran, que además de acompañarla le brinda apoyo invaluable en sus actividades diarias.
Otro ejemplo es el de la espeleóloga Mónica Ponce, rescatista de animales, quien coincide en que los perros pueden ser entrenados para brindar cuidados y, en su caso, la han acompañado durante enfermedades que ha logrado superar bajo un esquema de cuidados mutuos.
Rescatándose
“Toda mi vida he tenido perros y gatos. En mi familia siempre hubo animales y amo mucho a los perros. Empecé a hacer rescate cuando uno de los míos murió. Hace once años se me murió una perrita llamada Miel, a la que amé muchísimo y que además fue mi enfermera. Después rescaté a un perrito que estaba muriendo. Me lo llevó mi hermana y me dijo que no lo podía cuidar porque a su esposo no le gustaban los perros grandes”, relató Mónica Ponce.
La exploradora, estudiosa y cartógrafa de cuevas y grutas, recordó que aquel primer perro llegó a su vida sobre un cartón, deshidratado y prácticamente reducido a huesos, luego de permanecer un mes en una veterinaria luchando por sobrevivir.
“Me acuerdo que lo llevé a un parque y ahí me dijeron: ‘Pues métele un tiro, ya está muy mal’. La idea era darlo en adopción, pero conforme convivió con los otros perros y recibió cuidados, alimento y atención veterinaria, el perrito creció y se puso muy bonito. Esa es la historia de Mosho, que tiene conmigo nueve años”, comentó.
Mónica aseguró que Miel fue su enfermera durante el proceso en que le diagnosticaron cáncer y posteriormente neumonía, enfermedades que logró superar acompañada de su manada.
“En el proceso del cáncer sufres ciertos dolores y te sientes mal, pero ella se sentaba junto a mí para que la acariciara”, recordó.
La espeleóloga también relató el caso de una mujer adulta mayor que era víctima de maltrato por parte de vecinos. En una ocasión la llevó a su casa y, mientras la cubría con una frazada y la consolaba, Miel se acercó sin necesidad de indicaciones y se colocó sobre el regazo de la mujer hasta tranquilizarla.
Mónica aseguró que su perrita nunca fue entrenada para brindar contención emocional.
“Ella lo hizo naturalmente. Todos los perros lo hacen cuando alguien se siente mal”, afirmó.
Actualmente vive con otra perrita llamada Kyakai, una cruza de chihuahua que duplicó su tamaño al crecer y que la acompaña durante los episodios derivados del síndrome antifosfolípido que padece, un trastorno autoinmune que provoca una mayor propensión a formar coágulos sanguíneos.
“Cuando tengo calambres o necesito permanecer acostada con las piernas en alto, Kyakai se acuesta conmigo hasta que me tranquilizo”, explicó.
Compañeras de lucha
Jaqueline Campbell explicó que durante años deseó tener una doberman, inspirada por la historia de la hermana Pauline Quinn, quien sobrevivió a distintos episodios de violencia y optó primero por entrenar a un perro callejero para protegerse.
“Yo creo que estuve más de diez años esperando poder tener una doberman”, señaló.
Recordó que Quinn, además de formar parte de la vida religiosa y trabajar junto a Raúl Vera, impulsó programas de entrenamiento canino tanto en Estados Unidos como en Roma y Argentina.
“En el tiempo en que estuve en Argentina, Sister Pauline estuvo por allá. Ella tenía una doberman de un criadero argentino que yo posteriormente conocí, y desde entonces empecé a estudiar la raza”, contó.
Después de años investigando criaderos en Canadá, Estados Unidos y México, finalmente encontró a Fran con un criador de Aguascalientes. La perra recién cumplió dos años y ya comprende diversos comandos.
Jaqueline explicó que padece un problema en la cadera que se intensifica durante periodos de tensión o amenazas, al grado de dificultarle levantarse de la cama.
“Hay días en que no puedo ni siquiera llegar al baño en la mañana, y eso duele mucho”, expresó.
Fran aprendió entonces a ayudarla a levantarse de la cama y acompañarla al baño. Aunque algunos restaurantes permiten el acceso de perros, todavía existen restricciones para permitirles entrar a sanitarios, pese a la asistencia que brindan.
“Ella me ayuda y ya aprendió que cuando quiero ir al baño va conmigo”, relató.
La activista aseguró que Fran responde también de manera emocional a los estados de ánimo de las personas.
“Si yo lloro, ella llora. Si corro, ella hace lo mismo. Y cuando estoy con alguna chica víctima de violencia y empieza a llorar, Fran se acerca para consolarla”, explicó.
Incluso recordó que, en un aeropuerto, el padre de un niño con autismo le pidió permiso para que su hijo pudiera abrazar a la perra.
Aunque los doberman suelen cargar con estigmas de agresividad, Campbell aseguró que Fran es una perra sensible y protectora.
“Es una raza muy estigmatizada, pero yo no necesitaba una perra agresiva por el trabajo que hago con víctimas”, puntualizó.
Jaqueline explicó que Fran duerme con ella debido a la dinámica de protección y acompañamiento que desarrollaron.
“Ella no manda, pero por cuidado y protección duerme conmigo”, comentó.
Salvarlos para ser salvados
Sobre el rescate animal, Mónica Ponce afirmó que se trata de un acto de amor que termina multiplicándose, pues durante una trombosis sus perros fueron fundamentales para motivarla a caminar nuevamente.
“La perrita, cada vez que me siento mal por algún calambre o necesito estar acostada, viene y se queda conmigo. Todos los que tengo me procuran cuando me siento mal. Mosho deja que lo abrace para ayudarme a levantarme; Luckygour se pone en mis pies para calentarme y Kia se acomoda en mi pecho”, relató.
Mónica recordó que durante la trombosis su médico insistía en que debía caminar aunque no quisiera.
“Mi juego mental fue pensar que mis perros me sacaban a pasear. Con esas salidas, un paso a la vez, salí adelante porque ellos entienden cuando tú no puedes correr y te ayudan”, concluyó.
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