Doña Tota y el manjar tamaulipeco que traspasó las fronteras

Con ella no aplicaba esa tradicional frase de que al cliente lo que pida, ya que si uno le pedía dos y más gorditas de un jalón te decía que no; a los jóvenes que andaban mal con su pareja, tampoco les vendía, ello en apoyo a la mujer

El negocio de comida, originario de Ciudad Victoria se extendió por varios estados de la República y territorio estadunidense.

Antonio Hernández

Doña Tota era una cajita de sorpresas, ya que cuando los muchachos se enojaban con sus novias o andaban con otras, no les vendía gorditas. Otra de sus características y de donde nació el de comer una a una la gordita, era que si uno le pedía dos o más gorditas de un jalón te decía que no; era la antítesis del comercio, con ella no aplicaba esa frase de que al cliente lo que pida.

Así recuerda don Pedro Mier el negocio de Doña Tota, donde hasta la fecha sigue consumiendo las gorditas de huevo con chicharrón y de revoltijo que son sus preferidas.

La historia

Este suculento negocio inició en el ya lejano 1952, en la capital cueruda de Ciudad Victoria, fue idea original de la señora Carlota Murillo quien puso su pequeño “changarro” allá por los rumbos del ocho Berriozábal.

Ella comenzó a vender a las personas que trabajaban cerca de lugar, pero poco a poco el sabor, la textura y la variedad empezaron a hacer las delicias de las personas que por ahí transitaban.

Don Pedro Mier, ex funcionario público, recuerda que el lugar donde estaba doña Tota olía riquísimo y todo estaba muy limpio.

Doña Tota en plenas labores. ANTONIO CAMPOS
“La señora era muy limpia y al lado estaba un pelado, grandote de tez morena, con guayabera blanca siempre bien planchada y los zapatos boleados, era su marido y quien cobraba, era un sujeto muy amable aunque era mal encarado”.

En la entrada había dos bancas, dentro a la derecha cuatro mesas de tres sillas pegadas a la pared y a la izquierda doña Tota y su cocina, ella siempre traía un delantal blanco impecable y abajo su vestido.

En la pared tenía un dibujo hecho como por un niño de un camino y un chile jalapeño dibujado y decía: ¡Si no come chile siga su camino!

“Aquí no había de otra, come chile o come chile. Luego puso otro cartelón de la revista “Siempre” de un policía descansando en la hamaca porque ya se había acabado el movimiento del 68. Esa era la decoración”.

El tormento

Si estaban ocupadas las bancas de afuera del negocio había que esperar en el coche o sentado en la banqueta. Era un tormento y no vendían para llevar, sólo a sus consentidos y consentidas.

Solo una vez vendió en paquete porque don Enrique Cárdenas, que era gobernador, vino con un presidenciable: Luis Echeverría. “Llegó el camión y pidieron gorditas para 40 personas”.

De una en una y el campeón...

“Te daba una pero no podías decir ‘dame tres gorditas’ o cuatro o las que fueran, porque te ignoraba y le preguntaba al que estaba a tu lado qué quería. Por eso, muchos desarrollamos la técnica de decir, de lo que usted tenga y ahí iba la otra gordita para disfrutarla. Si decías de huevo con chicharrón solo te daba una y si querías otra, te decía ya no hay y tú le decías ¿Cómo que no hay si veo la cazuela llena de guiso? y ya no te daba nada te ignoraba”.

Había campeones para comer gorditas, y uno se llegó a comer 15 gorditas fue Efraín Garza Flores.

Gorditas Doña Tota

Los güilos y los chicles Adams...

Relata que también era muy especial en el apoyo a las mujeres, cuando llegaba algún muchacho que había peleado con su novia o andaba con otra no podía comer gorditas.

“El muchacho en turno llegaba y le decía me da una gordita y ella le respondía: ‘¡No, para ti no hay porque eres muy güilo y te has portado muy mal con tu novia’ y así no les vendía a los muchachos”.

Cabe destacar que todas las muchachas guapas asistían a comer gorditas, así que el lugar estaba frecuentado por jóvenes siempre.

Su esposo, añade, daba de cambio un paquete de chicles Adams por 20 centavos de cambio y a veces no tenía cambio y te daba un peso de cambio con cinco paquetes de chicles.

“Al esposo de doña Tota lo conocíamos como el tigre. Era mal encarado pero era un pelado muy bueno”.

La herencia de Doña Tota...

Como suele ocurrir, al pasar de los años su esposo falleció, ella envejeció y como no tenía familia, la familia de la güera León la ayudaron hasta que se murió.

Ellos le dieron dónde vivir y todo con lo que las recetas de las gorditas doña Tota cambiaron de mano y se empezó a expandir el negocio, las sucursales empezaron a abrir por todos lados.

Las gorditas doña Tota cambiaron de mano y se empezó a expandir el negocio

El cobro de las gorditas hoy...

La cajera levanta el papel de estraza ve el corte que tiene o el círculo de color para distinguir de qué fue la gordita que se consumió y realizar el cobro correspondiente.

En el pasado el cobro era basado en el corte del papel estraza, hoy círculos de colores que exhiben de qué es la gordita que se está comiendo

No cabe duda, usted está, en la llamada capital del mundo, Ciudad Victoria donde encuentra de todo y entre el abanico de oportunidades que le ofrece la capital de Tamaulipas están las tradicionales Gorditas Doña Tota.

Guisos y algo más...

Gorditas rellenas de guisos que se comen una a una para no enfriarse y no batirse, aunque hay quienes para no esperar su turno piden de un jalón cinco o seis, aunque se las coman frías y batidas por el caldo del guisado.

Los guisos van desde el chicharrón, deshebrada, picadillo, rajas, frijoles, huevo en salsa verde y las especiales de camarón ranchero que solo salen a la venta en época de cuaresma.

Estas y las combinaciones de las mismas las puede disfrutar en la barra de los establecimientos, y en algunas sucursales también en las mesas, acompañadas de agua de horchata, Jamaica o tamarindo, y cuando hace frío un cafecito negro o con leche o cremora.


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