Antes de dedicarse al sotol, Yaremi Navar Quiñones era chef repostera. Hace 15 años dejó la gastronomía para apostar por una bebida que entonces cargaba con el estigma de la prohibición y cuyos propios productores elaboraban casi en secreto.
Así nació Flor del Desierto, una marca que trabaja con diferentes productores, exporta gran parte de su producción y busca abrir nuevos espacios para difundir la cultura del sotol en Ciudad de México.
"Vamos a cumplir 15 años en diciembre; me dedicaba a la repostería y estoy muy arraigada al norte: nací en Durango, pero me fui a los cinco años a Ciudad Juárez y siempre escuchaba cosas sobre el sotol, pero no lo veíamos”, dice a MILENIO.
El sotol es una bebida tradicional del norte de México elaborada a partir de plantas del género Dasylirion. Su uso tiene antecedentes en culturas indígenas de la región y cuenta con denominación de origen para Chihuahua, Coahuila y Durango desde 2002.
"Cuando comencé, no era algo que fuera aceptado en Chihuahua y ni siquiera era fácil de conseguir. Siempre me ha gustado usar en mi trabajo productos de la región, entonces empecé a investigar. En ese entonces había sotos industriales. Pero era una época muy difícil para Juárez por la llamada guerra contra el narco”.
Y agrega que “era complicado encontrar a productores porque habían sido muchos años de prohibición. Estaban escondidos y muchos dejaron de producirlo. Cuando a mí se me ocurrió empezar a buscarlos, les daba miedo; pensaban que los iban a sobornar o extorsionar”.
Finalmente, la entrevistada encontró a un productor que comenzó a invitarla a eventos y le permitió conocer de cerca una industria que buscaba recuperar terreno.
"Fuimos a Ciudad de México, a un festival que se llamaba Dardo. El día que llegamos fue un éxito. Éramos pocas marcas de sotol y a la gente le interesó muchísimo. Entonces dije: ‘Creo que sí tiene futuro’. Poco a poco comencé a buscar más productores y a trabajar con ellos”.
Pero abrir mercado tampoco ha sido fácil. "No es tan sencillo como el mezcal, que sale por todos lados. A nosotros nos tocó abrir una brecha. No había marcas de sotol cuando comencé. Después, en el mundo del mezcal empezaron a interesarse por otros destilados, como la raicilla. El sotol no es un destilado de agave, pero viene siendo como un destilado de esta categoría. Se vino un boom de destilados en México y en el extranjero empezaron a buscar otras bebidas que no fueran mezcal: raicilla, bacanora y sotol”, explica.
Flor del Desierto cuenta actualmente con cinco etiquetas: Desierto, veneno, sierra, carne y diablo; y comercializa distintas variedades producidas por diferentes maestros sotoleros.
"Pienso que el sotol quiere despegar. Nosotros abrimos algunos mercados y poco a poco ha crecido el interés. También ha sido una época muy difícil para la industria del alcohol, pero aquí seguimos”, afirma.
Para Navar Quiñones, “el sotol es una de las bebidas más complejas del mundo. Hay plantas que tardan 15 años o más para estar listas. En la Ciudad de México se recibe bien, pero en Chihuahua todavía se considera una bebida prohibida. A mí me decían en las tiendas: ‘¿Por qué estás vendiendo un sotol?’ El primer sotol que comercialicé tenía 45 grados y me aconsejaban: ‘Está muy fuerte, bájalo, nadie lo va a comprar’. Y no, dije: ‘Así va a ser’ y nos ha ido bien. Esperemos que sea conocido por su complejidad y su historia. Me gustaría que Flor del Desierto sea conocida como una marca que trabaja directamente con productores de sotol; porque tenemos una cadena muy sana”.
El crecimiento comercial, sin embargo, no es el único desafío. La industria también mantiene una marcada presencia masculina.
"Como productoras son pocas. Conozco a como dos o tres mujeres que están involucradas. Este es un negocio muy de hombres. A mí me tocó ahí como a chingazos con los productores cuando comencé. He tenido mucha suerte. Siendo mujer en esta industria, me considero afortunada y ya tengo buena relación con los productores”.
La emprendedora acaba de inaugurar un espacio en Santa María la Ribera dedicado al sotol.
“Se llama La Mazmorra y la idea es invitar a productores de Chihuahua, Durango, Sonora y otras regiones para que el lugar funcione como punto de encuentro entre productores y consumidores, además de un espacio cultural dedicado al sotol que se está abriendo camino”.
¿El sotol te cambió la vida?
Sí. Dejé todo y hoy me dedico 100 por ciento al sotol. Yo me encargo de etiquetar, envasar, entregar, prácticamente de todo por el cariño que le tengo a esta bebida legendaria.