Con 'Mi casi casi mamá', José Ignacio Valenzuela afirma: “La literatura infantil genera una experiencia emotiva y sensorial”

'Mi casi casi mamá', de José Ignacio Valenzuela, forma parte de una colección de libros para toda la familia.

El libro consta de 133 páginas y tiene ilustraciones del diseñador Luis San Vicente. | Especial
Ciudad de México /
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Mi casi casi mamá cuenta la historia de Clara quien recuerda su infancia cuando descubrió que se puede tener dos mamás, quien le dio la vida y quien la crió: Luisa, una actriz y mujer extravagante que usa turbantes y pañoletas, quien la inspiró en la vida. El libro habla de la muerte, el duelo, la enfermedad, la imaginación y el amor.

Mi casi casi mamá forma parte de una colección de libros que he publicado, este es el tercero. El primero fue Mi abuela la loca y el segundo fue Mi tío Pachunga; cada uno de estos libros y los que vengan hablan de un tipo de familia o relación familiar — dijo Valenzuela en entrevista con MILENIO—. En este libro exploro temas como la familia reconstruida, donde hay una nueva madre que llega, que es la historia de miles de niños y familias”.
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El libro se inspiró en diferentes historias no en un sólo caso. “Todos conocemos a alguna casi casi mamá, a algún hijo o hija a la que le llegó una madrastra o un padrastro. Todos nos topamos con alguna familia reconstruida; es un libro que no necesita de la realidad, basarme en la realidad para poder inventar esta ficción”.

El libro consta de 133 páginas y tiene ilustraciones del diseñador Luis San Vicente, que cambian el panorama cuando el personaje habla de ciertos momentos clave, en los que la imaginación va de la mano con la oscuridad; es un texto ágil de leer.

“Los libros tienen un lenguaje muy fresco y divertido, son libros donde el narrador es una niña, no son libros densos, a pesar de estar tocando temas incómodos para la literatura infantil. Son libros que se leen muy ligeramente porque el humor, la risa, la liviandad me permite profundizar mucho más en las emociones y eso hace que también de pronto los tres libros tengan un momento de emoción muy fuerte, espero que ahí caiga una lagrimita en los lectores”, aseguró.

En un principio Valenzuela declaró que sus libros estaban dirigidos para los niños: “Originalmente pensaba que eran libros infantiles, cuando escribí Mi abuela la loca declaré al mundo que había escrito un libro infantil, después me di cuenta de que los adultos me hablaban más del libro que los niños —explicó—. Para los adultos tocan un punto muy sensible, ya sea porque se acordaban de su infancia o porque le servía para hablar con sus hijos, sobrinos, nietos o con sus alumnos, en el caso de los maestros”.

Portada del libro. | Especial

El mundo de Clara

El diseño interior lleva al lector con las ilustraciones al mundo de Clara que cuando Luisa le pide que apague la luz, las páginas se convierten en hojas de color negro con texto blanco, que ubica lo que sucede en la historia.

Puedes identificar el estado de ánimo del personaje en el tono del libro, sólo viendo la ilustración. Hay una parte en la que la casi mamá le pide a la hija que apague la luz y las páginas se ponen en negro, porque nos quedamos en la oscuridad. Las ilustraciones apoyan para que la experiencia sea más global”, comentó.

Lenguaje directo

Las ausencias, la muerte, el duelo, las enfermedades y el dolor son temas que se tratan de manera honesta y directa, con un lenguaje para que los niños lo entiendan sin otra intención que ver la realidad sin caer en la dureza o esconder la verdad.

“Cuando nació mi hija, quería ser una especie de protector universal, porque no iba a dejar que le pasara nada; me di cuenta de que no puedo impedir que se caiga o evitar que le rompan el corazón, lo único que puedo hacer es educar y acompañar para enseñarle y darle las herramientas para que cuando eso le pase pueda levantarse, sacudirse y empezar de nuevo”, reflexionó.

Convertirse en papá hizo al autor cambiar la forma en la que dirige los libros hacia los pequeños. “No escribo escondiendo temas a los niños, ellos se dan cuenta de todo, tienen una inteligencia superlativa y son capaces de decodificar algo, por más que uno crea que está hablando en clave, lo entienden inmediatamente —compartió—. No creo que la literatura infantil está para esconder temas, está para entretener, divertir y generar una experiencia emotiva y sensorial, para ayudar a abrir la puerta a la discusión de temas importantes y difíciles”.

La narración que hace el personaje de Clara siendo adulta y actriz sobre su niñez, es una declaración que siempre se puede parar la gente en el escenario y contar su historia.

“Si te está molestando tu presente y lo encuentras feo, incómodo, doloroso, triste, y oscuro, tienes la posibilidad de decir: luces, cámara y acción, como le enseñó Luisa a Clara —contó emocionado José Ignacio—. Y empezar a vivir una ficción, aunque sea corta, desechable o superficial; tienes la posibilidad de cambiar tu realidad por otra, por una ficción y hacer de tu momento difícil, uno más bonito”, concluyó.
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  • Lizbeth Cruz Jiménez
  • lizbeth.cruz@milenio.com
  • Amante de la vida y feliz periodista, con experiencia en prensa escrita, radio, televisión y medios digitales. Ha cubierto diferentes fuentes, las que más le apasionan son: estilo de vida, sociales y espectáculos. Le gusta contar historias de vida y aportar algo útil en cada relato.

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