Lo que por dos décadas parecía un mito urbano de la industria de la moda, finalmente se ha materializado frente a las cámaras. En el marco de la gira mundial por la esperada secuela de El diablo viste a la moda, el cine y la realidad han colapsado en un momento épico: Meryl Streep ha recuperado el aura gélida de Miranda Priestly para encontrarse cara a cara con la mujer que es leyenda, Anna Wintour.
Bajo el título Seeing Double: When Miranda Met Anna, la edición de mayo 2026 de Vogue ha presentado una de las portadas más icónicas de la década. En ella, Streep y Wintour convergen no solo como figuras de poder, sino como dos versiones de un mismo trono en la cultura pop.
Este encuentro llega en un momento de altísima nostalgia, tras el paso del elenco por México, donde Anne Hathaway y Meryl Streep despertaron el furor de influencers y personalidades de la televisión local en una alfombra roja que reafirmó la vigencia de la franquicia iniciada en 2006.
"¿Nos conocemos de algún lado?": El duelo de titanes
El canal oficial de YouTube de Vogue lanzó un clip titulado Do We Know Each Other?, que ya se perfila como un hito digital. La escena ocurre en un elevador blanco y minimalista —un claro guiño a las oficinas de Runway—. Al verse, ambas comienzan un análisis mutuo cargado de ironía.
"¿No te conozco de algún lado?", pregunta Miranda con su característico tono susurrante y letal. La respuesta de Anna no se queda atrás: "Te ves... familiar". Durante el intercambio, ambas repasan eventos de la vida real y la ficción, desde desfiles en el Grand Palais hasta los Oscars. El momento cumbre llega cuando Wintour sugiere la Met Gala, a lo que Priestly responde con un tajante y despreciativo: "Definitivamente no".
Un pacto de estilo
El video cierra con un inusual momento de aprobación silenciosa entre las dos "reinas". Tras evaluar sus respectivos atuendos con miradas críticas bajo lentes de sol en interiores, Miranda sentencia un "lindos zapatos", recibiendo como respuesta un "lindas botas" de parte de la editora de Vogue.
Este crossover no solo sirve como la promoción perfecta para la secuela del filme, sino que cierra un ciclo de 20 años de comparaciones, demostrando que, aunque el personaje de Miranda Priestly siempre ha buscado desmarcarse de Anna Wintour, ambas comparten el mismo lenguaje de poder, perfección y, por supuesto, un calzado impecable.