La Met Gala está a la vuelta de la esquina y las celebridades ya se preparan para cumplir con la temática de este año: "Costume Art" (Arte del vestuario). Esta edición busca explorar el cuerpo humano como un lienzo artístico, un reto que ha puesto a trabajar a las casas de lujo más icónicas como Chanel, Balenciaga y Dior. Sin embargo, lo que debería ser una celebración a la moda se ha visto empañado por una noticia que impacta a la industria: una profunda crisis organizativa y social.
En los últimos años, el evento ha sido blanco de disturbios y protestas relacionadas con el conflicto en el Medio Oriente. Activistas se han concentrado en las alfombras rojas para denunciar la situación en la Franja de Gaza y la falta de ayuda humanitaria, pero este 2026 la tensión ha escalado a un nivel institucional y económico.
El factor Bezos y el rechazo político en Nueva York
A pocos días de la gala, medios como El País y The New York Times reportan una creciente indignación popular tras confirmarse que Jeff Bezos y su esposa, Lauren Sánchez, figuran como patrocinadores y figuras clave del evento. Las calles de la costa este han sido tapizadas con carteles de boicot que denuncian políticas laborales y el llamado "artwashing" (lavado de imagen cultural) por parte de los magnates.
Este malestar ha llegado hasta las altas esferas políticas. Por primera vez en décadas, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, rechazó la invitación oficial. El mandatario argumentó que su asistencia iría en contra de su lucha contra las desigualdades económicas que, según él, promueven patrocinadores del calibre de Bezos.
Boletos sin vender y el vacío que deja Anna Wintour
La crisis no es solo de imagen, sino también financiera. De acuerdo con rumores difundidos por The Mirror, los boletos —que el año pasado alcanzaron precios récord de $75,000 por asiento y $350,000 por mesa— no se están vendiendo al ritmo de ediciones anteriores.
A esta falta de interés se suma un golpe devastador para la estructura del evento: la salida de Anna Wintour de la dirección de Vogue. Al perder a su pieza más fundamental y con mayor poder de convocatoria en las últimas décadas, la Met Gala se enfrenta a un futuro incierto que podría suponer un cambio radical en cómo entendemos el evento más exclusivo del mundo.