La Met Gala 2026 ha generado una ola de reacciones sin precedentes debido a la polémica participación como anfitrión de Jeff Bezos. El magnate, cuya presencia junto a su esposa Lauren Sánchez fue el eje del evento, se convirtió en el blanco de un malestar colectivo latente en Estados Unidos. Mientras su pareja llegaba a la alfombra roja acompañada por Anna Wintour y Nicole Kidman, en las inmediaciones del museo el ambiente era de absoluta confrontación. Activistas empapelaron Manhattan con carteles llamando al boicot, denunciando la gestión de los derechos laborales en las empresas del magnate.
Este clima de tensión se sumó a las protestas de grupos propalestinos que, al igual que en ediciones anteriores, señalaron el contraste entre la opulencia de trajes de miles de dólares y la crisis humanitaria en Gaza. A pesar de que la ejecutiva de Vogue —quien atraviesa una nueva faceta profesional— respaldó públicamente a Bezos en una conferencia de prensa previa, la realidad en la Quinta Avenida fue imposible de ignorar: una protesta multifacética que sitió el recinto desde las primeras horas de la tarde.
PETA irrumpe con una impactante protesta visual por la Met Gala 2026
La moda de alta costura, protagonista indiscutible de la noche, volvió a estar bajo la lupa de las organizaciones ambientales. Como es costumbre, los diseños presentados por las casas de lujo incluyeron materiales que despertaron la indignación de PETA. La organización contra el maltrato animal aprovechó el despliegue mediático para realizar una intervención visual que paralizó a los asistentes.
En medio del arribo de las celebridades, un activista de la organización protagonizó un crudo performance disfrazado de ave. La representación, que buscaba visibilizar el sufrimiento de los animales utilizados para la obtención de plumas y pieles exóticas, sirvió como una crítica directa a la industria del vestido. PETA ha documentado en múltiples ocasiones los procesos dolorosos por los que atraviesan estos seres vivos, y en esta ocasión, la Quinta Avenida se convirtió en el escenario principal para denunciar lo que consideran un consumo éticamente insostenible.