Ritual gastronómico en el corazón de la Ciudad de México

A través de un menú-degustación de diez tiempo, Taco Tasting Room ofrece un recorrido por platillos emblemáticos de la cocina mexicana en medio de un ambiente holístico que integra los sentidos

Los chefs explican ingredientes, técnicas, origen de los productos y lógica del maridaje. (Cortesía)
Redacción
Ciudad de México /

En pleno Centro Histórico, a unos pasos del Zócalo y sobre la transitada avenida 5 de Mayo, Taco Tasting Room propone una experiencia que se aleja del formato tradicional de la taquería para llevar al comensal a una mesa donde la cocina mexicana se narra por capítulos.

El proyecto forma parte de la oferta gastronómica de Central Hoteles y se presenta como una barra íntima para apenas 14 personas. La capacidad reducida no es un dato menor: aquí cada servicio está pensado para el diálogo cercano entre cocina y visitante. Los chefs explican ingredientes, técnicas, origen de los productos y lógica del maridaje mientras los platillos aparecen uno tras otro en una secuencia de diez tiempos.

Antes del primer bocado ocurre el primer gesto simbólico: una limpia con copal recibe a los asistentes. El humo aromático funciona como una pausa necesaria antes del recorrido por los sabores de México. Más que un gesto escénico, funciona como recordatorio de la relación ritual que históricamente ha tenido la comida en México: agradecer, compartir y disponer el cuerpo para la mesa.


El recorrido de la gastronomía mexicana pasa por doce destinos. (Cortesía)

Conceptos gastronómico únicos

Patricia Jiménez, directora de Ventas y Marketing de Central Hoteles, recordó que uno de los objetivos de la compañía mexicana es ofrecer conceptos diferentes, originales, por ello “el Balcón del Zócalo fue reconocido como el mejor restaurante de la ciudad”.

“La verdad es un concepto que les va a gustar muchísimo; es completamente nuevo, apenas tiene siete meses: es un concepto muy fresco y muy rico sobre todo, que te va a llevar por un viaje por la gastronomía mexicana”.
El taco de carnitas de lechón con salsa roja fresca y chile manzano; refleja la potencia del taco cuando la materia prima está a la altura. (Cortesía)

Explicó que además de tener estos dos grandes conceptos gastronómicos (Balcón del Zócalo y Taco Tasting Room) también tenemos tres hoteles: Zócalo Central, Histórico Central y Canadá. Se caracterizan por ser construcciones históricas, servicio personalizado y atención a los detalles.

Destacó que los hoteles tienen prácticamente todo incluido: “tenemos un lugar que se llama Café Central con alimentos y bebidas en cortesía las 24 horas para nuestros huéspedes. Lejos de ser una cafetería es un centro de consumo con múltiples opciones para los huéspedes, desde cualquier tipo de café, un panini, o una pizza, sopa, hasta ensaladas, incluso una cerveza a medianoche”.

Un menú que cruza territorios

El inicio llegó con un granizado de aguachile rojo con furikake de camarón, refrescante y preciso. Después apareció una tostada de kampachi, ikura y mandarina, donde la acidez y la salinidad encontraron equilibrio. La enchilada de mole blanco con corazones de girasol y espárragos mostró una versión delicada de una preparación compleja.

La quesadilla adobada de langosta con queso St Paulin y lichi confitado, ofreció un contraste entre mar, grasa láctea y notas dulces.

Los platillos recorren desde Baja California hasta Yucatán. (Cortesía)

Uno de los platos más memorables fueron los esquites de rib eye con mayonesa de chapulín, terminados con tuétano flameado al momento. Maíz, grasa, humo y umami en una sola cucharada. Después aparecieron el taco de carnitas de lechón con salsa roja fresca y chile manzano, y una gaonera de wagyu cross que reivindica la potencia del taco cuando la materia prima está a la altura.

Más adelante, una enchilada de mole negro con plátano manzano y cacahuates recordó la amplitud de sabores que caben en la cocina mexicana.

Para concluir el menú se ofreció un flan de arroz con leche y caramelo de higo se sirvió sobre barro negro y se flameó frente al comensal.

Para concluir el menú se ofreció un flan de arroz con leche y caramelo de higo se sirvió sobre barro negro y se flameó frente al comensal para degustarse directamente del plato. El final llegó con un sorbete de zapote negro y naranja, fresco y aromático.

El maridaje contribuye a disfrutar aún más la experiencia. (Cortesía)

Copas para acompañar la ruta

El maridaje inició con “Canelo”, bebida de zanahoria y canela. Después siguió “Totol”, Chenin Blanc del Valle de Guadalupe, la principal región de vinos del país; luego “Apis”, un Moscatel blanco, fácil de tomar que aportó frescura al menú, proviene una bodega de Coahuila, territorio fundamental en la historia vitivinícola mexicana; el maridaje cerró con “Facilis”, un Sangiovese, biológico, proveniente de la Toscana italiana.



RRR

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