M+. Hay jugadas que no terminan cuando el árbitro pita el final, porque se quedan en la mente, se repiten una y otra vez. Para Alberto García Aspe, ese instante tiene forma de penal, de duda y de un balón que no entró en el escenario más grande en el que un futbolista sueña.
El primer gran episodio que lo marcó fue Estados Unidos 1994. México había construido un equipo competitivo, con personalidad, capaz de plantarse ante cualquier rival. Sin embargo, todo se redujo a una tanda de penales en el duelo de octavos de final ante Bulgaria. Aspe anotó un gol, pero falló desde los 11 pasos.
"Yo no había fallado un solo penal con la Selección y vengo a fallarlo en el momento más importante; ya tenía decidido qué iba a hacer, pero en una fracción de segundo dudo, intento cambiarlo, echó el cuerpo para atrás y la pelota pega en el travesaño, y ese momento se te queda para siempre porque sabes lo que significaba", contó en la quinta entrega de la serie Mundialistas.
Le sirvió de motivación
Ese error no solo significó la eliminación de México, también se convirtió en una sombra que lo persigue aún.
"Siempre me voy a quedar con eso porque me lo van a recordar toda la vida, y es normal, porque son esos momentos donde puedes cambiar la historia y no lo haces".
Ahí aparece la primera gran conclusión de su carrera mundialista, la falta de contundencia en los momentos clave: "En los Mundiales no basta con jugar bien o ser mejor por lapsos, tienes que liquidar cuando tienes la oportunidad, porque si dejas vivo al rival, cualquier detalle te deja fuera, y eso fue exactamente lo que nos pasó".
Lejos de quedarse en ese episodio como una simple anécdota, García Aspe lo convirtió en una motivación para ser mejor. Durante los siguientes cuatro años trabajó obsesivamente los penales, buscando una revancha que llegaría en Francia 1998.
Y enseguida agregó que "fue difícil, había noches en las que no podía dormir porque seguía recordando la jugada. Pero eso también me obligó a prepararme para una revancha. Durante cuatro años, después de cada entrenamiento, me quedaba una hora tirando penales, perfeccionando, porque no quería volver a sentir esa duda en un momento importante. Y gracias a Dios llegó esa revancha en Francia 98".
En Francia, México mostró una cara más madura, con una mezcla de experiencia y juventud que ilusionó. Sin embargo, la historia volvió a repetirse, ahora desde otro ángulo.
"Teníamos el partido controlado, habíamos hecho lo más difícil, pero no supimos matar el juego, no supimos manejar ese momento y en un Mundial eso es fatal, porque el rival encuentra una y te cambia todo".
México competía, pero no cerraba
Para 2002, la narrativa parecía romperse. El Tricolor avanzó como líder de grupo, mostrando solidez y buen futbol, pero en Octavos de Final apareció otro golpe, esta vez ante Estados Unidos.
"Todo el mundo pensaba que ya estábamos del otro lado, pero el futbol no es así; te hacen un gol temprano, te obligan a proponer, generas opciones, pero no concretas, y otra vez te encuentras con lo mismo: no aprovechas tus momentos y te quedas fuera", analiza.
Aquel partido, reconoce, fue especialmente doloroso por el contexto y la expectativa: "La tristeza fue enorme porque sentíamos que era el Mundial donde podíamos dar ese paso, pero el futbol es así, si no metes las que tienes, no avanzas, y eso nos pasó otra vez".
A la distancia, García Aspe entiende que su penal fallado ante Bulgaria no es un hecho aislado, sino parte de una historia más amplia.
"Son detalles, son segundos, son decisiones que tomas en el momento justo, y ahí es donde muchas veces nos ha faltado ese último toque, esa contundencia para cerrar los partidos".
Hoy, con la experiencia de haber vivido tres procesos mundialistas, su lectura es clara: México ha tenido generaciones capaces, equipos competitivos y momentos para trascender, pero ha sido incapaz de dar el golpe de autoridad.
"Puedes jugar bien, puedes ilusionar, puedes ser mejor que el rival por muchos minutos, pero si no sabes liquidar cuando tienes la oportunidad, en un Mundial te vas a quedar en el camino, porque esto se define en instantes y en esos instantes es donde no hemos estado finos".
RGS