M+.- Fernando Quirarte no habla de México 86 como un simple recuerdo deportivo. Lo cuenta como una experiencia emocional, marcada por la responsabilidad de representar a un país golpeado y por una serie de vivencias personales que convirtieron ese torneo en una huella imborrable.
Para el exdefensa, la noticia de que México volvería a ser sede de una Copa del Mundo lo llevó a mirar hacia uno de los episodios más dolorosos que ha vivido el país.
“Cuando se confirmó que México iba a ser sede por tercera ocasión, me dio mucha alegría y de inmediato se me vinieron a la mente muchísimos recuerdos, porque uno no puede desligar un Mundial como el de 1986 de todo lo que se vivió alrededor: los goles, la fiesta, la ilusión de la gente, pero también momentos muy tristes por lo del sismo del 85, porque no hay que olvidar que incluso estuvo la posibilidad de que el torneo no se hiciera, de que se cancelara, y sin embargo, el país salió adelante”, dijo en entrevista con MILENIO-La Afición.
El terremoto del 85
Quirarte recuerda que él mismo vivió el terremoto del 19 de septiembre de forma inesperada. Aquella mañana, mientras se dirigía al aeropuerto para viajar con la Selección Mexicana, todavía no imaginaba la magnitud de lo que acababa de ocurrir en la capital del país.
“Llegué al aeropuerto, me paré en medio de la calle y fue ahí cuando empecé a sentir cómo se movía todo, cómo brincaba la tierra”.
La Selección salió de México sin conocer la dimensión de la tragedia. Fue hasta llegar a Estados Unidos, ya instalados en el hotel, cuando el impacto se volvió real. “Cuando llegamos al hotel y prendimos la televisión fue cuando nos dimos cuenta de la magnitud de la tragedia: ver Tlatelolco destruido, edificios colapsados, ver tantas imágenes de dolor, fue muy fuerte”, explicó en esta tercera entrega de la serie Mundialistas.
Un equipo con identidad
A pesar de ese contexto, la preparación rumbo al Mundial siguió su curso. Recuerda que el grupo había trabajado durante mucho tiempo y que llegaba con una base sólida, tanto en lo futbolístico como en lo humano. Esa convivencia prolongada ayudó a fortalecer una Selección que, más allá del talento, supo construir identidad.
“Habíamos hecho una preparación muy buena, con giras por distintas partes del mundo, con partidos muy importantes y con un grupo que fue creciendo mucho”.
Más allá del futbol, hubo un instante simbólico que para Quirarte representó la conexión total entre la Selección y la afición. Fue en la ceremonia previa al debut, cuando el Himno Nacional terminó siendo cantado a capela por miles de personas en el estadio.
“Entramos a la cancha agarrados todos de la mano, empezó a sonar el Himno Nacional en las bocinas del estadio y, de pronto, se fue el sonido, pero la gente lo siguió cantando con una fuerza impresionante, y nosotros también, y en ese momento sentí una conexión muy especial entre la Selección y la afición, sentí que el país necesitaba una alegría después de tanto dolor, y que el futbol estaba logrando darle aunque fuera un respiro emocional a toda esa gente”.
Goles dedicados a su padre
Dentro de esa historia colectiva también existía una batalla íntima. Para Quirarte, el Mundial de 1986 estuvo atravesado por la pérdida de su padre, quien había fallecido apenas unos meses antes del arranque del torneo. Lejos de derrumbarlo, ese dolor terminó por convertirse en una motivación silenciosa que lo acompañó durante toda la competencia.
“Fue muy duro, pero cuando lo despedimos en Guadalajara le prometí que, si metía un gol en el Mundial, se lo iba a dedicar, así que cuando cayó ese gol fue una emoción enorme, porque sentí que de alguna manera él me había ayudado desde donde estuviera”.
Ese momento llegó en el partido inaugural frente a Bélgica, cuando Quirarte se convirtió en uno de los protagonistas de la noche.
Después vendría una segunda anotación, consolidando una actuación poco común para un defensa en una Copa del Mundo. Ese detalle, sumado a todo lo que significó el torneo en lo personal y colectivo, es lo que hace que Fernando siga colocando a México 86 en un sitio irrepetible dentro de su vida.
“Siendo defensa me tocaron dos goles en un Mundial, entonces para mí todo eso quedó guardado en una parte muy especial del corazón, porque mientras viva voy a recordar ese torneo como uno de los momentos más grandes de mi vida”.
Una derrota dolorosa
Pero si el recuerdo de ese Mundial sigue tan vivo, también es porque terminó con una de las escenas más dolorosas en la historia del futbol mexicano. La eliminación ante Alemania, en Cuartos de Final desde el punto penal, Quirarte fue uno de los jugadores que tomó la responsabilidad de cobrar.
“Levanté la mano para tirar porque me sentía con mucha confianza, y cuando fallé el penal sentí una tristeza enorme, sentí que se me venía el mundo encima, porque sabía que estábamos dejando ir una oportunidad histórica de poner a México entre los cuatro mejores del Mundial”.
Aun con ese desenlace, Quirarte está convencido de que aquella Selección dejó algo mucho más profundo que una actuación destacada.
“Creo que lo que tuvo ese equipo fue una gran unión, mucha personalidad, mucho liderazgo y, sobre todo, una enorme responsabilidad por representar al país en un momento muy delicado; por eso la gente todavía recuerda a esa Selección con tanto cariño”.
ZZM