La goleada ante América puso al Atlas frente a un espejo y mostró que, si quiere competir en la Liguilla, tendrá que corregir problemas que van mucho más allá de la defensa.
El principal es el control del partido. Atlas puede tener la pelota, atacar y generar ocasiones, pero todavía no sabe imponer el ritmo cuando enfrente tiene a un rival con mayor jerarquía individual.
El mismo Hernán Crespo en la conferencia post partido reconoció que las Águilas fueron contundentes y supieron capitalizar las opciones claras frente al marco, lo que hizo daño al rojinegro.
Las pérdidas de balón en salida siguen haciendo daño. Ante las Águilas, cada desajuste tuvo un costo enorme. En una Liguilla, donde los márgenes son todavía más pequeños, esa fragilidad puede significar quedar eliminado en cuestión de minutos.
Además, los rojinegros necesitan hacer de la propuesta ofensiva algo efectivo, pues generar por sí solo no les está redituando, frente al marco les ha costado liquidar cuando han tenido la chance.
La idea de Hernán Crespo parecía estar entendida, pero es evidente que rivales de mayor jerarquía han exhibido que al grupo le falta trabajo para desarrollar de mejor forma la situación.
América y Toluca por goleada y otros como Monterrey o Chivas, equipos que se enfrentará en Liguilla, de asegurar el boleto, ya lo han dejado claro.
Y lo más importante, la química en zona baja, en donde, entre bajas por lesión y suspensión, Crespo le ha movido en más de una oportunidad, lo que se hace evidente con los erres cometidos que termina capitalizando el rival.
El tiempo se está acabando y si bien Atlas tiene argumentos para llegar a la fase final, América dejó claro que entrar a la Liguilla requiere un extra de lo que han mostrado hasta hoy.
Si los rojinegros quieren competir, necesitan dejar de ser un equipo que juega bien por momentos y convertirse en uno capaz de dar un golpe sobre la mesa.
RGS