Hay clubes que pierden finales. Otros que se quedan en el camino antes de tiempo. Y hay algunos, como Pumas, que, con el paso de los años, parecen haberse ido alejando poco a poco de aquello que alguna vez los hizo campeones.
No es un tema de un torneo específico ni de una mala racha aislada. Es algo más profundo, más difícil de señalar, pero también más evidente cuando se mira con perspectiva.
Han pasado más de dos décadas desde aquella final del Clausura 2004 ante Chivas, una serie que no sólo definió un título, sino que dejó una referencia clara de lo que era Pumas: un equipo con identidad, con cantera, con una idea reconocible y, sobre todo, con una conexión emocional con su gente que hoy parece lejana.
El club volvió a levantar un campeonato en 2011, pero incluso ese logro ya pertenece a otra etapa. Desde entonces, la historia ha sido distinta, más irregular, con momentos de ilusión que no han terminado por convertirse en títulos.
En medio de ese contexto, la mirada de Gonzalo Pineda, protagonista de aquella época dorada del Bicampeonato, permite entender qué ha cambiado y qué se ha perdido en el camino.
Un partido que activa la memoria
En la antesala de un nuevo enfrentamiento entre Pumas y Chivas, Pineda parte desde el presente, pero inevitablemente conecta con el pasado. Desde lo futbolístico, reconoce un duelo atractivo, equilibrado, con contexto competitivo.
“Creo que es un partido muy interesante, creo que los dos andan relativamente bien, creo que es un partido de altas expectativas a nivel de afición, pero también a nivel futbolístico y yo creo que va a ser un duelo bastante bueno”.
Sin embargo, rápidamente la conversación se desplaza hacia el origen de esa rivalidad, hacia los años en los que ese partido tenía una carga emocional distinta.
Recuerda cómo desde la directiva de Chivas, encabezada por Jorge Vergara, se alimentó esa tensión.
“Hace más de veinte años de eso y, pues sí, yo creo que Jorge siendo un visionario y un directivo bastante inteligente, pues supo calentar ese partido que también es muy pasional”.
Y añade un elemento clave para entender el fenómeno. “Por el tipo de aficiones, sobre todo, que Guadalajara en Ciudad de México tiene una grandísima afición, probablemente más grande que la de Guadalajara en sí, y eso, pues eso ayudó mucho a esa rivalidad”.
Aun así, deja claro que su forma de vivir esos partidos siempre fue distinta, más enfocada en el juego que en el entorno.
“Yo siempre me traté de manejar al margen, la verdad nunca quise entrar en esas confrontaciones porque, pues mira, después lo que pasa, terminas trabajando allá y así es esto, para mí es futbol y todo se resume a lo que pasa en la cancha”.
Esa manera de ver el futbol también ayuda a entender por qué su análisis sobre Pumas va mucho más allá de los resultados recientes.
El 2004, el año que sigue marcando la comparación
Cuando se le lleva a la Final del Clausura 2004, el tono cambia. Recuerda cada detalle, incluso los más polémicos.
“La ida en el estadio Jalisco para mí fue un robo, íbamos ganando 1-0 y marcan un penal completamente inexistente, yo creo que ese penal hoy con VAR, a los cinco segundos, lo hubieran cancelado”. No es sólo una queja arbitral; es la explicación de cómo un momento puede marcar toda una serie.
“Eso condicionó de alguna manera la vuelta porque fue un partido muy tenso en el que nadie quería arriesgar a lo mejor un poquito de más”, explica, recordando un duelo cerrado, de respeto mutuo, en el que ambos equipos sabían que cualquier error podía ser definitivo.
Ese contexto llevó a una final que se resolvió en los penales y ahí aparece uno de los recuerdos más reveladores. No por lo que vio, sino por lo que decidió no ver.
Pero lo importante no fue el nerviosismo, sino hacia dónde dirigió su atención en ese momento.
“Yo la verdad es que no vi el penal, me volteé en casi todos los penales, estaba en la banca, volteado, no quería ver, estaba muy nervioso”.
“Sobre todo quería ver a la gente, a la afición. Yo sabía que íbamos a ser campeones, lo percibía, pero quería llenarme de ese momento”.
Esa frase explica más que cualquier análisis táctico lo que representaba ese equipo: un grupo que entendía su vínculo con la tribuna.
Cuando Pumas camina con su gente
Ese vínculo se reflejó incluso antes del partido, en una escena que hoy parece lejana. El autobús del equipo no pudo llegar al estadio por la cantidad de gente.
La solución fue bajar del transporte y caminar.
“No podíamos entrar por Insurgentes porque había mucha gente. Había tantos coches estacionados que el autobús no pasó. Nos tuvimos que bajar todos, como kilómetro y medio, dos kilómetros antes del estadio. Íbamos caminando y la gente nos iba haciendo valla”.
Lo que pudo ser un problema logístico se convirtió en una imagen poderosa.
“La gente se prendió de que estaban cerca de nosotros, eso para mí fue muy especial, creo que fue una conexión y un buen augurio”.
La comunión que hacía campeón a Pumas
Ahí está una de las claves. Ese equipo no sólo jugaba para su gente; caminaba con ella. No había distancia ni filtros. Era una relación natural.
Cuando Pineda intenta explicar por qué ese Pumas fue campeón, no empieza por lo futbolístico, lo hace por algo más difícil de medir.
“Había una conexión con todo. Yo creo que había una comunión muy bonita entre afición, Hugo Sánchez, el patronato, la Rebel. En general todo el club”.
Esa alineación de factores no era casualidad. Era un entorno en el que todos empujaban en la misma dirección.
“Era muy común que nosotros, al entrar en la cancha dos del estadio, la gente fuera con sus hijos a firmar o tomarse fotos en el trayecto, eso era algo muy común”. Esa normalidad habla de algo que hoy ya no es tan visible.
Incluso en lo cotidiano, esa cercanía era evidente.
“Son esas bonitas coincidencias que se tienen que dar para crear éxito”.
Los números que confirman la caída
El contraste con el presente no es que Pumas haya dejado de competir. Al contrario, ha sido un equipo capaz de meterse en fases finales y de generar ilusión en momentos específicos.
El problema es que esa competitividad no se ha traducido en títulos ni en una presencia constante en la élite. Los números lo dejan claro.
Desde el Clausura 2011, último campeonato del club, Pumas ha disputado 28 torneos y en más de la mitad se ha quedado fuera de la Liguilla si se consideran el repechaje o Play-In como instancias previas. Es decir, no sólo ha dejado de ganar, sino que ha dejado de estar consistentemente entre los protagonistas reales.
Cuando sí logra avanzar, el patrón se repite y queda eliminado.
Siete veces ha quedado fuera en Cuartos de Final, convirtiendo esa instancia en su techo más frecuente. Solo en cinco ocasiones ha logrado meterse entre los cuatro mejores y apenas dos veces alcanzó la Final: en el Apertura 2015 y en el Guardianes 2020. Ambas terminaron en derrota.
A eso se suma la final de Concachampions 2022, otra oportunidad que se escapó. Y es que Pumas llega, pero no se queda.
No es el momento
Y ahí es donde la reflexión de Pineda toma forma. No apunta a un técnico específico ni a un plantel en particular. Apunta a lo estructural. Sobre la identidad.
“En el pasado reciente hubo entrenadores que no tenían esa identidad y que en Pumas es muy importante porque históricamente los entrenadores han sido de casa”.
Sobre la cantera, el golpe es aún más claro.
“Pumas tiene mucho que no saca un seleccionado nacional, el único que está hoy en día, que es de cantera, es Erik Lira”.
Y lo que eso implica para el ADN del club.
“Nos gustaría ver más cantera, más chicos con proyección, menos extranjeros”.
No es sólo una crítica deportiva. Es una crítica a la esencia del proyecto. Porque para Pumas, históricamente, competir no era suficiente. Había una forma de hacerlo, una identidad que lo distinguía del resto.
El presente, una oportunidad distinta
A pesar de todo, Pineda no cierra la puerta al optimismo. En el presente, encuentra señales distintas bajo la dirección de Efraín Juárez.
Reconoce una evolución clara en el equipo.
“Pumas ha venido de menos a más. Al principio del torneo no tenían ni centro delantero y hoy es un equipo completamente distinto”.
Describe un conjunto con una idea definida:
“Es un equipo muy sólido defensivamente, que al ataque su mayor virtud es la transición, juegan muy bien en contragolpe”.
Y destaca algo que pocas veces ha ocurrido en procesos recientes: “Le han dado las piezas que necesita, muy buenos jugadores, con diferentes características”.
También valora su manejo de grupo.
“Es un buen gestor de grupo, ha sabido manejar muy bien situaciones externas e internas”, dice, en una frase que conecta con uno de los problemas históricos recientes del club: la falta de estabilidad.
El deseo que no cambia
Al final, más allá del análisis, queda el sentimiento. Porque Pumas puede cambiar de nombres, de plantel, de entrenadores, pero su exigencia sigue siendo la misma.
“Queremos que a Pumas le vaya bien, esté quien esté de entrenador. Ojalá que pueda conseguir el título que ya tantos universitarios queremos”.
La conclusión no está en una formación ni en un sistema. Está en la identidad. Pumas no ha dejado de competir, pero sí ha dejado de parecerse a sí mismo. Y como deja entrever Gonzalo Pineda, el título no llegará únicamente con buenos torneos o planteles competitivos.
Llegará cuando el club recupere lo que alguna vez lo hizo distinto: la cantera, la cercanía, la pertenencia y esa comunión que convertía partidos en historia.
Porque Pumas ya sabe cómo ser campeón.
Lo que le falta… es volver a reconocerse.
CIG