El expresidente de México, Andrés Manuel López Obrador, reapareció al escribir una carta dirigida a Donald Trump en medio de los señalamientos contra funcionarios mexicanos e intentos de injerencia en el territorio nacional por parte de Estados Unidos.
Esto nos hace recordar las veces que López Obrador pudo contener todas las amenazas que lanzó, como candidato y mandatario, Donald Trump, durante su sexenio.
CARTA DE AMLO A TRUMPMiércoles 3 de junio
No me extraña que en la embestida del gobierno de Estados Unidos contra el de México se utilicen las prácticas intervencionistas y nada escrupulosas de siempre, ahora con el pretexto del combate a la migración y al narcoterrorismo. Es claro que estos ataques no son motivados, como bien lo dijo nuestra presidenta Sheinbaum el pasado domingo, por un interés genuino de resolver el grave problema que
lamentablemente, sufren los estadunidenses por la prolongada pandemia de adicción al consumo de drogas; no, se trata de un asunto de carácter político y electoral.
Para ser más claros: algunos funcionarios de Estados Unidos están tramando debilitar a Morena y fortalecer a la oposición de derecha en México con la idea de volver a disponer de un gobierno entreguista, corrupto, mafioso y cruel y, por lo mismo, vulnerable, subordinado y fiel a sus designios intervencionistas. Además, confían en que podrán engañar de nuevo a muchos ciudadanos estadunidenses con la táctica propagandística hitleriana de repetir y repetir mentiras, con miras a las próximas elecciones de noviembre, para seguir culpando a México de todos y cada uno de sus males. Aunque reitero, nada de ello es novedoso y la prepotencia siempre suele ser predecible, sobre todo en épocas de decadencia.
Lo único que me llama la atención es el sorprendente cambio de actitud del presidente Donald Trump, en especial en la relación con México. Hablando de lo que me consta y puedo probar, el Trump de ahora es distinto al que traté. En mi experiencia, fueron varios los asuntos que resolvimos, en bien de nuestros pueblos, mediante el diálogo argumentado y sin confrontación. En pocas ocasiones tuvimos
discrepancias; es más, sólo recuerdo una acalorada controversia, cuando, por el asunto migratorio, amagó con imponer aranceles, lo cual nos iba a llevar a responder de la misma manera, pero afortunadamente, llegamos a un acuerdo antes de que escalara el conflicto.
Mientras fui presidente, se abstuvo de hablar mal de los mexicanos y de mencionar el muro; firmamos el nuevo tratado comercial; no puso trabas a las exportaciones con pretextos sanitarios, ambientales o de otra índole, como es frecuente con el tomate, el atún o el ganado.
Tampoco aumentó los cobros por el envío de remesas; aceptó nuestra propuesta de no incluir el petróleo de México en el tratado, por respeto a nuestra soberanía energética. Nos ayudó durante la epidemia de covid-19; en dos ocasiones me ofreció apoyo de agentes o de fuerzas especiales para el combate a la delincuencia y comprendió mi desacuerdo.
Al final de su mandato, eran tan buenas las relaciones y había tanta confianza en nuestro gobierno que, cuando elementos de la DEA y del Departamento de Justicia, en venganza contra el Ejército Mexicano fabricaron un expediente en contra del general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa durante el gobierno del presidente Peña, y lo detuvieron en Estados Unidos, solicité al presidente Trump que nos permitiera revisar las pruebas, porque dudábamos de la autenticidad de las mismas, a lo cual accedió, ordenando que se radicara el caso en México; aquí, en efecto, se demostró que se trataba de una represalia política fraguada para someter a una institución fundamental del Estado mexicano que, según la mentalidad y los intereses de los funcionarios de Washington y de la embajada estadunidense, debía alinearse a ellos, como lo habían logrado con la Secretaría de Marina en el sexenio de Calderón.
Más aún, en una ocasión me consultó si era conveniente calificar a los narcotraficantes de terroristas; le dije que no debía cometerse ese garrafal error y al día siguiente dio a conocer que había tomado en cuenta mi opinión y que no firmaría ningún ordenamiento legal en ese sentido. Tengo presente que le advertí lo que ocurriría y que, ahora, luego de que lo hicieron cambiar de parecer, lamentablemente está sucediendo, no sólo en México, sino también en otras partes del mundo: que con el simple señalamiento de narcoterrorista o de representar una supuesta amenaza para la seguridad de Estados Unidos, se cuenta con licencia para secuestrar, cazar y ajusticiar de manera extraterritorial a cualquier persona sin pruebas, juicio o sentencia alguna. Es como la “ley fuga” o el “mátalos en caliente”, la más abominable violación a los derechos humanos.
Aquel Donald Trump, en un acto público que celebramos en la Casa Blanca, reconoció que los migrantes mexicanos eran trabajadores y contribuían al desarrollo de Estados Unidos. Por eso me intriga y me pregunto: ¿Por qué cambió tanto, en pocos años, el presidente Trump? Se podría responder que son otros tiempos y cambiaron las circunstancias; que se trata de su último mandato como presidente y que no está obligado a moderarse por no estar de por medio la reelección; o que sencillamente no ejerce como antes su liderazgo de manera directa y depende con mayor frecuencia en la toma de decisiones de sus inexpertos, resentidos y fanáticos consejeros, que no son precisamente hombres de Estado.
No creo en lo primero; es decir, en el cambio de circunstancias, porque en el caso de México, la presidenta Sheinbaum ha sido eficiente, responsable, prudente y respetuosa. En esencia, por sus hechos y sus obras, ha resultado la mejor presidenta de México de nuestro tiempo.
Tampoco considero que el nuevo modo de gobernar del presidente de Estados Unidos tenga que ver con el fin de su mandato, porque a una persona como Trump le interesa más la historia que el cargo y no le gustaría ser recordado como responsable de una crisis económica y de bienestar social que además causara la pérdida de elecciones a su partido y, sobre todo, el ser identificado como un mandatario atrabancado que se peleó con casi todo el mundo, incluido el papa y hasta con sus vecinos de Canadá y México, nuestro querido país de donde son originarios 40 millones de personas que viven, luchan con creatividad y trabajan honradamente en Estados Unidos y que, aun agradeciendo las oportunidades que encontraron en esa gran nación, nunca podrían olvidar la lección, parafraseando a Calle 13, según la cual: “el que no quiere a su patria, no quiere a su madre”.
Más bien atribuyo el sorprendente cambio de Trump a sus falsos amigos y consejeros internos y del exterior que lo han estado embarcando en viles y siniestras aventuras. Por lo mismo, no descarto –y deseo– que el presidente Trump rectifique; ojalá que vuelva a gobernar como antes, con entusiasmo, de manera personal, no delegando lo fundamental, confiando en su juicio práctico y en su instinto certero, y que mande al carajo a las rémoras que lo rodean y azuzan, trátese de quien se trate, sean paleros, manipuladores, caciquillos, vividores, ladrones, polizontes, tinterillos, especuladores, filibusteros, potentados, trepadores o malvados.
Por el bien de todos, que regrese el otro Trump.Andrés Manuel López Obrador
Quinta La Chingada, Palenque, Chiapas
03 junio 2026.
La carta a Trump del 3 de mayo de 2026
El fundador de Morena externó su apoyo "sin condiciones" hacia la presidenta Claudia Sheinbaum, a la vez que pronunció una reflexión sobre el líder republicano: "Por el bien de todos, que regrese el otro Trump".
El exmandatario denunció que la 'embestida' de la Casa Blanca, bajo los argumentos de combatir la migración y el 'narcoterrorismo', responde estrictamente a una estrategia de carácter político y electoral con miras a los comicios estadunidenses de noviembre.
López Obrador respaldó la postura previa de Sheinbaum Pardo, señalando que las acusaciones de Washington carecen de un interés genuino por resolver la adicción a las drogas en su propio país.
En la carta, llama la atención que López Obrador consideró que
algunos funcionarios de Estados Unidos están tramando debilitar a Morena y fortalecer a la derecha.En otro punto, recordó que durante su sexenio, Trump jamás habló mal de los mexicanos y se alcanzó un acuerdo para firmar un tratado comercial; además brindó apoyo al país durante la pandemia del covid-19.
En materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico, el expresidente contó las veces que el republicano le ofreció apoyo de agentes o de fuerzas especiales para el combate a la delincuencia, pero que el gobierno de México se negó, hecho que fue comprendido por Trump.
CARTA DE AMLO A TRUMPMiércoles 3 de junio
No me extraña que en la embestida del gobierno de Estados Unidos contra el de México se utilicen las prácticas intervencionistas y nada escrupulosas de siempre, ahora con el pretexto del combate a la migración y al narcoterrorismo. Es claro que estos ataques no son motivados, como bien lo dijo nuestra presidenta Sheinbaum el pasado domingo, por un interés genuino de resolver el grave problema que
lamentablemente, sufren los estadunidenses por la prolongada pandemia de adicción al consumo de drogas; no, se trata de un asunto de carácter político y electoral.
Para ser más claros: algunos funcionarios de Estados Unidos están tramando debilitar a Morena y fortalecer a la oposición de derecha en México con la idea de volver a disponer de un gobierno entreguista, corrupto, mafioso y cruel y, por lo mismo, vulnerable, subordinado y fiel a sus designios intervencionistas. Además, confían en que podrán engañar de nuevo a muchos ciudadanos estadunidenses con la táctica propagandística hitleriana de repetir y repetir mentiras, con miras a las próximas elecciones de noviembre, para seguir culpando a México de todos y cada uno de sus males. Aunque reitero, nada de ello es novedoso y la prepotencia siempre suele ser predecible, sobre todo en épocas de decadencia.
Lo único que me llama la atención es el sorprendente cambio de actitud del presidente Donald Trump, en especial en la relación con México. Hablando de lo que me consta y puedo probar, el Trump de ahora es distinto al que traté. En mi experiencia, fueron varios los asuntos que resolvimos, en bien de nuestros pueblos, mediante el diálogo argumentado y sin confrontación. En pocas ocasiones tuvimos
discrepancias; es más, sólo recuerdo una acalorada controversia, cuando, por el asunto migratorio, amagó con imponer aranceles, lo cual nos iba a llevar a responder de la misma manera, pero afortunadamente, llegamos a un acuerdo antes de que escalara el conflicto.
Mientras fui presidente, se abstuvo de hablar mal de los mexicanos y de mencionar el muro; firmamos el nuevo tratado comercial; no puso trabas a las exportaciones con pretextos sanitarios, ambientales o de otra índole, como es frecuente con el tomate, el atún o el ganado.
Tampoco aumentó los cobros por el envío de remesas; aceptó nuestra propuesta de no incluir el petróleo de México en el tratado, por respeto a nuestra soberanía energética. Nos ayudó durante la epidemia de covid-19; en dos ocasiones me ofreció apoyo de agentes o de fuerzas especiales para el combate a la delincuencia y comprendió mi desacuerdo.
Al final de su mandato, eran tan buenas las relaciones y había tanta confianza en nuestro gobierno que, cuando elementos de la DEA y del Departamento de Justicia, en venganza contra el Ejército Mexicano fabricaron un expediente en contra del general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa durante el gobierno del presidente Peña, y lo detuvieron en Estados Unidos, solicité al presidente Trump que nos permitiera revisar las pruebas, porque dudábamos de la autenticidad de las mismas, a lo cual accedió, ordenando que se radicara el caso en México; aquí, en efecto, se demostró que se trataba de una represalia política fraguada para someter a una institución fundamental del Estado mexicano que, según la mentalidad y los intereses de los funcionarios de Washington y de la embajada estadunidense, debía alinearse a ellos, como lo habían logrado con la Secretaría de Marina en el sexenio de Calderón.
Más aún, en una ocasión me consultó si era conveniente calificar a los narcotraficantes de terroristas; le dije que no debía cometerse ese garrafal error y al día siguiente dio a conocer que había tomado en cuenta mi opinión y que no firmaría ningún ordenamiento legal en ese sentido. Tengo presente que le advertí lo que ocurriría y que, ahora, luego de que lo hicieron cambiar de parecer, lamentablemente está sucediendo, no sólo en México, sino también en otras partes del mundo: que con el simple señalamiento de narcoterrorista o de representar una supuesta amenaza para la seguridad de Estados Unidos, se cuenta con licencia para secuestrar, cazar y ajusticiar de manera extraterritorial a cualquier persona sin pruebas, juicio o sentencia alguna. Es como la “ley fuga” o el “mátalos en caliente”, la más abominable violación a los derechos humanos.
Aquel Donald Trump, en un acto público que celebramos en la Casa Blanca, reconoció que los migrantes mexicanos eran trabajadores y contribuían al desarrollo de Estados Unidos. Por eso me intriga y me pregunto: ¿Por qué cambió tanto, en pocos años, el presidente Trump? Se podría responder que son otros tiempos y cambiaron las circunstancias; que se trata de su último mandato como presidente y que no está obligado a moderarse por no estar de por medio la reelección; o que sencillamente no ejerce como antes su liderazgo de manera directa y depende con mayor frecuencia en la toma de decisiones de sus inexpertos, resentidos y fanáticos consejeros, que no son precisamente hombres de Estado.
No creo en lo primero; es decir, en el cambio de circunstancias, porque en el caso de México, la presidenta Sheinbaum ha sido eficiente, responsable, prudente y respetuosa. En esencia, por sus hechos y sus obras, ha resultado la mejor presidenta de México de nuestro tiempo.
Tampoco considero que el nuevo modo de gobernar del presidente de Estados Unidos tenga que ver con el fin de su mandato, porque a una persona como Trump le interesa más la historia que el cargo y no le gustaría ser recordado como responsable de una crisis económica y de bienestar social que además causara la pérdida de elecciones a su partido y, sobre todo, el ser identificado como un mandatario atrabancado que se peleó con casi todo el mundo, incluido el papa y hasta con sus vecinos de Canadá y México, nuestro querido país de donde son originarios 40 millones de personas que viven, luchan con creatividad y trabajan honradamente en Estados Unidos y que, aun agradeciendo las oportunidades que encontraron en esa gran nación, nunca podrían olvidar la lección, parafraseando a Calle 13, según la cual: “el que no quiere a su patria, no quiere a su madre”.
Más bien atribuyo el sorprendente cambio de Trump a sus falsos amigos y consejeros internos y del exterior que lo han estado embarcando en viles y siniestras aventuras. Por lo mismo, no descarto –y deseo– que el presidente Trump rectifique; ojalá que vuelva a gobernar como antes, con entusiasmo, de manera personal, no delegando lo fundamental, confiando en su juicio práctico y en su instinto certero, y que mande al carajo a las rémoras que lo rodean y azuzan, trátese de quien se trate, sean paleros, manipuladores, caciquillos, vividores, ladrones, polizontes, tinterillos, especuladores, filibusteros, potentados, trepadores o malvados.
Por el bien de todos, que regrese el otro Trump.Andrés Manuel López Obrador
Quinta La Chingada, Palenque, Chiapas
03 junio 2026.
Relación con Trump en sexenio de AMLO
Una de las únicas tres salidas de López Obrador al extranjero fue a Estados Unidos en julio de 2020, donde fue recibido como invitado especial del gobierno norteamericano en la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio.
Aquel día en el Casa Blanca, López Obrador miró a los ojos a su par de Estados Unidos, Donald Trump, y le dijo: "Fallaron los pronósticos, no nos peleamos, somos amigos y vamos a seguir siendo amigos”, camaradería que marcó la coincidencia de sus gestiones.
Antes, como candidatos tuvieron tensiones por las promesas de Trump durante su campaña presidencial: la construcción del muro fronterizo y las amenazas sobre aranceles, con el tiempo ambos mandatarios lograron forjar una relación de colaboración pragmática.
Mientras que como candidato López Obrador adoptó una postura hacia la soberanía nacional, pero con respeto a las relaciones comerciales entre ambos países.
Por ello, echó mano de Marcelo Ebrard, Juan Ramón de la Fuente, Jesús Seade, como negociadores del Tratado de Libre Comercio.
Acuerdo de migración indocumentada
Durante la crisis de 2019, cuando Trump amenazó con imponer aranceles a México si no controlaba el flujo migratorio hacia el norte, el equipo de López Obrador negoció en lugar de confrontar, a través de un acuerdo en el que México desplegó la Guardia Nacional para frenar la migración indocumentada.
Este acuerdo, aunque criticado por algunos sectores, marcó el inicio de una relación más cooperativa entre ambos mandatarios.
Dicho acuerdo de México con Estados Unidos y Canadá fue calificado por Trump como “un ejemplo de cooperación exitosa”.
Hace cuatro años, en la derrota electoral por la reelección de Trump ante Biden, López Obrador esperó 38 días, para felicitar a Joe Biden, porque “no había resultados oficiales”.
En noviembre de 2023, Trump reafirmó en una entrevista a una televisora mexicana su relación de cariño y respeto con el ex presidente López Obrador.
“Hemos tenido relaciones increíbles con México, su presidente es amigo mío. Es un hombre tremendo. Ha sido muy leal conmigo, le he sido muy leal. Simplemente nos llevamos bien.
"Es un poco diferente, más de izquierda que yo, tal vez, pero es un gran caballero y un hombre maravilloso y creo que ha hecho un trabajo fantástico por México”, detalló.
Durante la campaña estadunidense de este año, el ex presidente de México aprovechó para mandarle una carta a su “amigo” Trump porque “creo que no le están informando bien sobre el tema migratorio y también sobre la importancia que tiene mantener la integración económica entre Estados Unidos, México y Canadá”.
Esto luego de que el entonces aspirante republicano atacará a los mexicanos que buscan laborar en Estados Unidos.
Dobló a Marcelo
A pesar de la buena relación con el presidente López Obrador y el gobierno de la 4T, con quien ha tenido fricciones es con el actual secretario de Economía, Marcelo Ebrard, con quien ha cruzado ataques frontales.
Apenas en julio de este año, en su primer mitin como candidato, Trump aprovechó para darle un revés a Ebrard, al narrar cómo fue que consiguió que el gobierno de México enviará tropas de la Guardia Nacional a la frontera con Estados Unidos para evitar el cruce de migrantes.
El republicano hablaba primero de la negociación que tuvo con Marcelo Ebrard sobre el muro fronterizo. Sin decir su nombre, dijo que debía llevar a consultas las propuestas y luego regresó y dijo "Señor presidente, nos encantaría darle soldados para proteger su muro, libre de impuestos, por supuesto".
Dijo además que fue así es como obtuvo resultados al inhibir la migración. "Nos dieron todo. Gané. Conseguí todo de México".
Al respecto, el excanciller y actual funcionario de Sheinbaum, respondió en su cuenta de X, afirmando que eran declaraciones de campaña para ganar adeptos y que él seguiría defendiendo los intereses de México con dignidad y firmeza.
“Cuando te insultan en campaña, como acaba de hacerlo el ex Presidente Trump, siempre hay un propósito electoral: ganar adeptos. Nunca aceptaré calificación de un candidato en el exterior. No me intimida. Defenderé los intereses de México con toda dignidad y firmeza”, publicó.
Sheinbaum lamentó el “lenguaje soez del ex presidente Trump” y dijo que discrepa de su opinión sobre Marcelo Ebrard, a quien calificó como uno de los “mejores servidores públicos de México” y quien “será un gran secretario de Economía de nuestro país”.
HCM / RM