Autoridades de más de 70 ciudades del mundo inauguraron la Cumbre Alianza por Ciudades Saludables (Partnership for Healthy Cities) 2026, un encuentro internacional centrado en políticas urbanas para prevenir enfermedades no transmisibles (ENT) y lesiones, además de riesgos emergentes como el calor extremo, cada vez más vinculado a la mortalidad en entornos urbanos.
El alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Cavalieri, dio la bienvenida a los cerca de 340 participantes reunidos en el Hotel Fairmont de Copacabana y subrayó que la salud pública debe ser el eje de las ciudades.
“Está claro que la salud es la base de una ciudad verdaderamente resiliente, equitativa y sostenible para todos”, afirmó durante la inauguración.
La reunión forma parte de la red global Partnership for Healthy Cities, impulsada por Bloomberg Philanthropies, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Vital Strategies, enfocada en fortalecer políticas públicas locales con base en evidencia científica.
Kelly Larson, directora de programas de prevención de lesiones de Bloomberg Philanthropies, destacó que el encuentro permite compartir soluciones entre ciudades.
“Estamos muy entusiasmados de reunirnos nuevamente… para compartir experiencias y continuar fortaleciendo el trabajo en las ciudades alrededor del mundo”, señaló.
El encuentro parte del reconocimiento de que las enfermedades no transmisibles y las lesiones representan la mayor carga de mortalidad a nivel global, por lo que las ciudades son actores clave en la implementación de políticas públicas que reduzcan riesgos y mejoren la calidad de vida.
Calor extremo
El calor extremo se colocó como uno de los temas centrales de la cumbre, al ser identificado como un riesgo creciente para la salud pública.
Autoridades de Río de Janeiro advirtieron que el aumento de las temperaturas ha modificado los patrones de riesgo sanitario, particularmente en personas con enfermedades crónicas.
“Siempre tuvimos calor, pero en los últimos años estamos percibiendo que es cada vez más intenso”, dijo Eduardo Cavaliere, alcalde de Río de Janeiro.
El punto de inflexión para la ciudad fue un evento reciente que evidenció las consecuencias del calor extremo.
Durante un espectáculo masivo, en un concierto de la cantante Taylor Swift, se registró la muerte de una persona asociada a las altas temperaturas.
“Fue un episodio muy triste en el show de Taylor Swift donde una persona murió debido al calor extremo. Ese momento nos hizo entender que ya no estábamos frente a un fenómeno habitual, sino ante un riesgo real para la salud pública que debía ser atendido con medidas específicas”, expuso Cavalieri.
A partir de ese hecho, las autoridades desarrollaron un protocolo específico para días de calor intenso, cuyo diseño tomó cerca de un año y se basó en el análisis de datos epidemiológicos.
“Llevó un año para elaborar este protocolo… porque analizamos datos de los últimos 12 años”, explicó el alcalde.
El modelo se construyó con la revisión de más de 200 mil registros de defunción, cruzados con información climática y condiciones de salud de la población.
“Fueron más de 200 mil óbitos analizados… cruzando datos de mortalidad con temperatura”, dijo.
Este análisis permitió demostrar que el calor tiene efectos directos en la salud.
“En días de calor extremo, personas con enfermedades crónicas tienen mucha más probabilidad de morir o de buscar atención en salud que en días con temperatura normal”, afirmó.
Con base en esta evidencia, Río implementó un sistema de clasificación de niveles de calor que activa medidas de protección.
“En días de calor extremo se suspenden actividades bajo el sol… como ejercicio físico o trabajos urbanos”, indicó Cavalieri.
Un riesgo estructural que afecta población vulnerable
El alcalde subrayó que este enfoque permitió transformar la percepción del calor en la ciudad.
“Hoy cualquier persona en Río sabe que hay niveles de calor y que debe seguir protocolos para proteger la vida”, sostuvo.
Durante las sesiones, se destacó que el calor impacta de forma desproporcionada a la población más vulnerable.
“Las personas con enfermedades crónicas tienen mayor riesgo en condiciones de calor extremo”, se reiteró en el panel.
También se expuso que el uso de datos ha sido clave para orientar la respuesta pública.
“Hoy conseguimos identificar poblaciones vulnerables y actuar de forma específica”, aseveró Cavalieri.
Las autoridades coincidieron en que el calor debe ser tratado como un riesgo sanitario estructural.
“El calor aumenta la probabilidad de muerte y enfermedad, por eso requiere políticas específicas”, se planteó durante la discusión.
El encuentro incluye intercambio de experiencias entre ciudades de todos los continentes, así como la presentación de políticas en áreas como control del tabaco, alimentación saludable, seguridad vial y vigilancia de riesgos urbanos.
Las autoridades comentaron que la cooperación entre ciudades permite acelerar soluciones frente a problemas globales y compartir estrategias basadas en evidencia para proteger la salud de la población.
ENT y lesiones causan 8 de cada 10 muertes
Durante la cumbre también se abordó la problemática de que ocho de cada diez muertes en el mundo son atribuidas a las ENT y las lesiones, una carga que puede reducirse con intervenciones basadas en evidencia, advirtió Kelly Larson, líder de la Alianza para Ciudades Saludables y Prevención de Lesiones de Bloomberg Philanthropies.
“Las enfermedades no transmisibles y las lesiones representan el 80 por ciento de todas las muertes a nivel global, y sabemos qué funciona para reducir esas muertes”, afirmó en conferencia de prensa.
El peso de esta mortalidad ocurre en un contexto de urbanización acelerada. Actualmente, más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y para 2050 será el 70 por ciento, lo que convierte a los gobiernos locales en actores clave de la respuesta sanitaria, explicó Etienne Krug, director del Departamento de Determinantes de la Salud, Promoción y Prevención de la OMS.
“Si queremos mejorar la salud, tenemos que trabajar con las ciudades”, sostuvo.
Krug subrayó que las ciudades tienen ventajas frente a los gobiernos nacionales por su cercanía con la población, su capacidad de respuesta más ágil y la posibilidad de coordinar acciones entre sectores.
“La alianza se centra en la prevención, en abordar factores de riesgo como el tabaco, la alimentación no saludable, la contaminación, el calor y las carreteras inseguras, todos ellos prevenibles”, explicó.
Advirtió que apostar únicamente por el tratamiento resulta insuficiente.
“No es efectivo esperar a que la gente se enferme. El tratamiento de enfermedades cardiovasculares, diabetes o cáncer es extremadamente caro”, señaló.
Como ejemplo de impacto, Larson recordó el caso de Nueva York durante la administración de Michael Bloomberg, donde la implementación de políticas públicas permitió aumentar la esperanza de vida en tres años en un periodo de doce años, mediante la reducción de factores de riesgo como el tabaquismo, la mala alimentación y las lesiones.
Alimentación como eje prioritario
En América Latina, explicó Mariana Espinosa Estrada, subdirectora para la región en Vital Strategies, persiste una doble carga de malnutrición con inseguridad alimentaria y obesidad, en una región con alta producción de alimentos.
“Sabemos que cambiar el entorno donde viven las personas tiene mayor impacto que enfocarse solo en decisiones individuales”, afirmó.
Por eso diversas ciudades han comenzado a aplicar medidas como la restricción de la venta y promoción de productos no saludables en escuelas, la limitación de su publicidad y la mejora en el acceso a alimentos nutritivos, especialmente para poblaciones vulnerables.
Drogadicción también provoca severas afectaciones de salud
En paralelo, la sobredosis se consolida como un problema de salud pública subestimado. Daliah Heller, vicepresidenta de Iniciativas de Prevención de Sobredosis de Vital Strategies, advirtió que existe un subregistro importante debido al estigma.
“Las causas de muerte pueden registrarse como falla cardiaca o respiratoria, pero el papel de las drogas no siempre se reconoce adecuadamente”, detalló.
De ahí que uno de los principales retos sea fortalecer los sistemas de información para identificar correctamente las muertes asociadas al consumo de drogas y mejorar la respuesta desde salud pública.
Actualmente, cerca de una docena de ciudades trabajan en la prevención de sobredosis, con acciones centradas en poblaciones vulnerables, el fortalecimiento de los sistemas de atención y la ampliación del acceso a tratamientos que puedan revertir estos eventos.
Además, varias ciudades están desarrollando sistemas de vigilancia para detectar cambios en el suministro de drogas, particularmente ante la expansión de sustancias sintéticas.
En materia de gobernanza, Ariella Rojhani, directora de la Alianza para Ciudades Saludables en Vital Strategies, destacó que en nueve años la red ha impulsado 45 políticas públicas con impacto estructural en la salud urbana.
“Las ciudades están liderando, innovando, adoptando e implementando políticas todos los días”, afirmó.
Los gobiernos locales no solo implementan acciones, sino que también influyen en políticas nacionales y fortalecen la colaboración entre sectores.
Entre los ejemplos, mencionó a Lusaka (la capital y la ciudad más poblada de Zambia) donde el 20 por ciento de los ingresos por estacionamiento se destina a infraestructura peatonal y ciclista; a Atenas (la ciudad más grande de Grecia) que impulsó a nivel nacional la ampliación del acceso a naloxona. También se refirió a los esfuerzos de Brasil que desarrolló un observatorio que integra datos climáticos y de salud para anticipar riesgos.
Los especialistas coincidieron en que la evidencia es clara para intervenir sobre los factores de riesgo desde el ámbito local permite reducir la carga de enfermedad y evitar muertes prematuras.
Además, destacaron que las ciudades no solo ejecutan políticas, sino que también pueden influir en decisiones nacionales y acelerar cambios estructurales en el tema.
“Sin duda, el presente y el futuro de la salud pública están en manos de las ciudades”, concluyó Rojhani.
MD